La revisión de la economía en los tiempos de la posfactualidad y la posverdad (tercera parte)

Erosión de la energía emocional

Nuestra energía emocional es sensible ante lo cercano y muy poco ante lo lejano, este comportamiento era despreciable en los tiempos cuando las amenazas reales eran locales, pero ahora cuando decisiones locales tienen impacto lejano y desde lo lejano hay impactos locales, es un error no considerarlo, estamos en un mundo globalizado. Un relato para ser efectivo tiene que abarcar lo local, lo nacional y el mundo. Nuestras reacciones se encuentran bajo los impulsos de lo anecdótico y del sensacionalismo que se refuerzan mutuamente con unos medios de comunicación en cacería de rating.

Un contexto mediáticamente influyente, coloca a la gente en una condición reactiva, frente a un poder establecido que tiene un dispositivo estratégico conforme con su visión de perpetuarse en el poder. La tentación mutua entre la gente y los medios, de escuchar, por un lado, lo que se desea y no las verdades amargas y, por otro lado, de ofrecer lo que se quiere escuchar y no la cruda realidad, debilita cualquier propuesta. El comportamiento humano es ingenuamente optimista en el caso de países con debilidad institucional, porque la superación de los males públicos que padecemos pasa por acuerdos difíciles de alcanzar que privilegien de manera transparente un proyecto de país y no la promoción de agendas particulares para el aprovechamiento futuro de un mundo supuestamente mejor.

Lidiar con el populismo es difícil, es un sistema complejo donde confluyen variados intereses sin posibilidades de aislar relaciones causales, cuando se identifica alguna, fácilmente puede transformar la relación en otra totalmente diferente. La única regularidad que se puede encontrar en el populismo es la extracción de rentas de los demás a través de la demagogia. El simplismo lógico excluye lo que se expresa de forma difusa, y dado que la verdad reside en la ambigüedad, se hace inútil para hallar contenidos de conclusión definitiva en las ciencias sociales. La estabilidad que pretende la asfixia regulatoria “per se” no es buena para la economía: las empresas se debilitan pues la dependencia de prebendas y regulaciones, las hacen ineficientes. La ausencia de contratiempos, errores y aciertos niegan cualquier posibilidad de mejora y las transforma en destructoras de valor social, es la explicación del cómo toda organización nacionalizada al término del tiempo desaparece o se transforma en un crematorio de recursos productivos.

Anti fragilidad

La “anti fragilidad”[1] es un concepto para definir aquello que mejora ante las situaciones que podrían destruirlo y que posee la propiedad de autorregulación que le permite asegurar los equilibrios económicos, políticos y sociales, en sistemas dinámicos e inestables. En un contexto en el cual la escasez será el signo de lo que viene, la anti fragilidad es la ruta para un país que necesita innovar de manera continua e intensa. Es el dispositivo conducente a un sistema auto regulador de sus equilibrios económicos, políticos y sociales, como imagen de un estado futuro deseable, retador y posible.

La anti fragilidad mejora la capacidad de respuesta ante eventos inesperados conocidos como de cisnes negros[2]. El término fue creado por Nassim Nicholas Taleb, economista y profesor de NYU. Según él, un riesgo de cisne negro tiene tres atributos: rareza, impacto extremo y predictibilidad retrospectiva. Es una rareza que reside fuera del dominio de las expectativas normales, porque no hay ningún evento remoto pretérito que respalde de forma concluyente a su posibilidad. Produce un impacto extremo con consecuencias importantes para nuestra existencia. Está caracterizado por la predictibilidad retrospectiva. Es decir, no logramos predecirlo antes de que acontezca, pero una vez que sucede, pensamos que “lo habíamos visto venir”.

Un evento de cisne negro puede adoptar diversas formas como resultado de la resistencia al cambio y de las regulaciones y como advenimiento de una tecnología de orden superior.

Los seres humanos, sufrimos de diversos sesgos mentales que nos hacen creer cosas que no son, hay una tendencia inmanente en buscar selectivamente evidencia que apoye una creencia aun cuando a conciencia se conozca su falsedad.

Estos tres sesgos son:

Primero, la ilusión de entendimiento, cuando la gente cree que sabe lo que está sucediendo en un mundo que es más complejo de lo que creen. Verbi gratia, en relación con las “criptomonedas y criptoactivos”, la idea de que es una “burbuja” que pasará, que es un medio para la estafa, …, que no califica como dinero porque no tiene respaldo (sic). En el campo de la política asumir como verdad a priori algo que se debe probar aun cuando la probabilidad de ocurrencia sea elevada (sic), es el caso del núcleo duro del argumento del abstencionismo electoral en Venezuela, de esperar que estén dadas las condiciones ideales para votar, estricto sensu: nunca votaran, pues en dictadura esas condiciones jamás tendrán lugar, los espacios de la democracia bajo el totalitarismo se ganan con la defensa y la resistencia en unidad no con disidencias. Tanta validez puede tener abstenerse como no hacerlo, pero estratégicamente ir con decisión dividida a un proceso político irresponsablemente conduce al fracaso

Segundo, la distorsión retrospectiva, o la facilidad para evaluar e interpretar eventos sólo después que han ocurrido. Es la tendencia por explicar lo que pasó cuando ya se conocen las causas y a partir de allí recrear imágenes al futuro bajo la creencia de que esas reglas seguirán explicando lo que acontecerá. Es una forma de sesgo por inercia de defensa falaz de proyección lineal de algo que no puede ser sujeto de profecías y dar como hecho cumplido algo que corresponde a un evento futuro.

Tercero, la sobrevaloración selectiva interesada de la información fáctica y la displicencia hacia el conocimiento general de la gente y hacia la experiencia. Es la infoxicación que unida a la “neomanía” hace pensar que con leer el prólogo de manuales de autoayuda sobre la “BigData”, de la “neurociencia”, de la “inteligencia artificial” y con cuatro citas ya se poseen los criterios de validación o refutación de cualquier hipótesis. Las citas de autores no validan nada, simplemente constituyen un reconocimiento a quien pertenecen por haber sido sus creadores originarios.

Cuarto, el miedo a la libertad y por extensión a “la descapitalización intelectual”. Es la aversión a la pérdida, es un temor que motiva más que la posibilidad de agregar valor. Es recelo de sentir que todo el saber acumulado durante años se puede esfumar en un segundo. Es el rechazo en nuestro medio hacia la discusión de contenido y evidencia. Es la distorsión que sufren quienes se leen bien un solo libro o quienes pretenden que el conocimiento no cambia. Es desarreglo que acontece cuando la abstracción teórica deja de ser la aventura por validar o refutar y el sujeto se hace esclavo de una búsqueda incesante de evidencias para defender su dogma.

La historia permite constatar que luego de crisis terminales y de situaciones de desorden económico, el ecosistema social comienza a operar con nuevas reglas de funcionamiento, pues los condicionamientos son otros. El estado solo podrá cumplir con sus funciones si la economía prospera de manera que asegure los tributos necesarios para proveer los bienes y servicios públicos. De un gobierno patrimonial (Fukuyama) [3] fundado en el clientelismo y el enriquecimiento personal o grupal por la vía de la captura de poder político se pasa a un gobierno impersonal en el cual se trata a su gente como ciudadanos con igualdad, justicia y respeto, donde no se necesita ser pariente o amigo de quienes detentan el poder, ni militante del partido político de los gobernantes de turno. Es la transición hacia la eliminación de los males públicos. Es el momento, en todas las esferas del acontecer económico, de la innovación para el rescate del afecto, de la confianza mutua, de las normas efectivas y las redes sociales. Es la recreación y rescate del llamado capital social (Putnan y Bourdieu) [4] y del empoderamiento. No es una cuestión de elección, es que no existe alternativa en la vía hacia la prosperidad.

La prosperidad necesita de unas formas de organización y de relaciones productivas diferentes a las del pasado, es la única forma de crecer económicamente de manera equilibrada y sin desigualdades. Se requiere una aproximación al bien común y al interés público (Phelps) [5] si se quiere asegurar la cobertura del costo de oportunidad de capital para los emprendedores (expectativa de ganancias) y el valor creado para toda la sociedad (distribución equitativa de ingresos).


[1]  “Cuantos más datos tengamos, más posibilidades tenemos de ahogarnos en ellos”

Antifragile: Things That Gain from Disorder, Nueva York, Random House, 2012. Nassim Taleb

[2] “es una rareza, pues habita fuera del reino de las expectativas normales, porque nada del pasado puede apuntar de forma convincente a su posibilidad. Segundo, produce un impacto tremendo (al contrario que la aparición del cisne negro). Tercero, pese a su condición de rareza, la naturaleza humana hace que inventemos explicaciones de su existencia después del hecho, con lo que se hace explicable y predecible”

The Black Swan: The Impact of the Highly Improbable, Nueva York, Random House, 2007. Nassim Taleb

[3] “All modern societies began with what Weber called patrimonial states, governments that were staffed with the friends and family of the ruler, or those of the elites who dominated the society. These states limited access to both political power and economic opportunity to individuals favored by the ruler; there was little effort to treat citizens impersonally, on the basis of universally applied rules.1 Modern government—that is, a state bureaucracy that is impersonal and universal—develops only over time, and in many cases, fails to develop at all.” Fragmento de: Francis Fukuyama. “Political Order and Political Decay”. iBooks. https://itun.es/us/d9iOX.l

http://prodavinci.com/2015/06/29/actualidad/habla-francis-fukuyama-por-jose-gonzales-grandesentrevistasprodavinci/

[4] El capital social debe entenderse como el que se origina de las relaciones de unos con otros y de la participación en redes sociales. Es una fuente de riqueza en la medida que reduce los costos de transacción (costos de legitimación de acuerdos) y genera externalidades positivas (beneficios sociales sin costos asociados). https://c.ymcdn.com/sites/www.istr.org/resource/resmgr/working_papers_dublin/siisiainen.pdf

[5] “Pero también sería un error no entender la relación entre la desigualdad y la innovación. Es menos innovación – no más – la que ha aumentado la desigualdad en los Estados Unidos en los últimos decenios.” http://opinionator.blogs.nytimes.com/2013/02/24/less-innovation-more-inequality/

http://www.ancmyp.org.ar/user/files/Phelps.pdf

Uno de los nuevos expertos del pensamiento estratégico que ha desarrollado exitosamente esos principios gerenciales es Navi Radjou.

http://naviradjou.com/wp-content/uploads/2014/07/Navi-Radjou-Revue-de-Presse-French.pdf

http://garage21.org/2014/05/09/jugaad-linnovation-version-frugale/

http://naviradjou.com/

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Categorías:Análisis de Entorno, Prospectiva y Previsión, Sociología

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