El mal holandés y el efecto Venezuela

Durante el decenio de los sesenta, en el pasado siglo, el descubrimiento de grandes yacimientos de gas en el Mar del Norte, se tradujo en un aumento considerable de los ingresos de los Países Bajos. El florín se apreció, aumentando su tasa de cambio frente a otras divisas. El que la moneda nacional se aprecie se tradujo también en una pérdida de competitividad de las exportaciones no relacionadas con la energía fósil, de manera que el sector tradicional exportador (en Venezuela el sector petrolero)  no deja posibilidades para el desarrollo de otros sectores de exportación.

Lo que llama la atención es que, en Venezuela, llamen al fenómeno “Enfermedad Holandesa”, igual que en el resto del mundo. Decimos esto porque en Venezuela por los años treinta ya Alberto Adriani lo había anticipado y junto con Arturo Uslar Pietri enunciaron una frase que todavía retumba en los oídos de muchos sin saber por qué: “Hay que sembrar el petróleo”, y esto fue lo que hicieron los gobernantes de los países bajos, sin haber consultado a los expertos, reiteramos “sembraron el petróleo”, tal como lo aconsejaron Adriani y Uslar.

Pensamos, que es un error asociar los males públicos del país con los vaivenes del negocio petrolero. Es como responsabilizar a los cerdos por los males del virus H1N1 y decidiéramos sacrificar a los porcinos. Pues no, ha sido responsabilidad exclusiva de los gobernantes, desde el inicio de la era petrolera, de este país, con la excepción del Gobierno del General Isaías Medina Angarita, del nefasto uso de los proventos derivados del petróleo.

Es triste que el mundo llame mal holandés a algo que fue diagnosticado treinta años antes por nuestros venezolanos, y que el tributo de las prescripciones se le acrediten a Warner Max Corden y J. Peter Neary, cuando cincuenta años antes esos mismos pensadores venezolanos lo hicieron en nuestro país.

Eso que se llama “Mal Holandés” existe en nuestro país en diversas presentaciones. En el ámbito de la Gerencia Pública, no es lo más destacado en el estado del arte de la cosa pública quienes son responsables del destino de la nación, en la Gerencia Privada el éxito no lo signa la naturaleza emprendedora, en la Actividad Académica lo más preciado y lo más premiado es la pertenencia a algún grupo y la posibilidad detentar algún cargo administrativo o de autoridad. Todo ello se explica en ese “laizzer faire, laizzer passer” que rodea al ejercicio del poder.

Así como el sector transable (exportador) se ve afectado por el mantenimiento de una paridad cambiaria adversa, así mismo un Estado Asistencialista promueve el mercantilismo contra el espíritu emprendedor en el sector privado, promueve valores diferentes a lo académico en las Universidades y el clientelismo sectario en sus entrañas. Menos mal que existe mundo y algunas formas de valor no son controladas por el Estado, al menos hay reconocimiento al talento de Johan Santana y Gustavo Dudamel, no son confiscables, no son expropiables, sobretodo, no dependen de su adscripción alienada a un Presidente, a un Gobernador, a un Alcalde, a una Autoridad Universitaria,  a un Mercader. No se sienta aludido, si Usted no es Mercader de oficio, Populista en ejercicio o Profesor sin academia.

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Categorías:Política

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