Emociones y miserias bajo el populismo autoritario

Nuevos actores y nuevo contexto

Este escrito constituye una reflexión cuya naturaleza se encuentra entre lo normativo del comportamiento de los individuos en términos de propósitos de justicia social, y lo positivo, en términos específicos de conducta humana sobre la racionalidad de la manera como los individuos forman sus juicios y toman decisiones.

Venezuela muestra los signos de la decadencia prematura, tres decenios con una inflación de más de dos dígitos es una realidad inocultable del deterioro económico y social. Lo terrible de ese contexto es el riesgo de que sus males se propaguen de modo irreversible, pues la influencia del mundo ya no está en manos de gobiernos de países potencia, está indisolublemente vinculada con realidades locales producto de la debilidad institucional de las zonas conflictivas del  mundo. El mundo de hoy responde a una lógica compleja donde los estados aparecen con un rol disminuido frente a las autonomías de actores cada vez más activos con dinámica propia local e impacto mundial. Es un desafío para la democracia enfrentar una realidad sujeta a la gobernanza, es decir, a acuerdos entre los actores con poder e influencia. Los nuevos actores con poder para administrar sus intereses en un contexto mundial, desde un escenario local, se benefician de las ventajas derivadas de las creencias, la economía, el estado, la mundialización y lo sagrado.

Interpretaciones simplistas e imaginario local con impacto mundial

Las interpretaciones simplistas tienen hoy en día un impacto más allá de lo marginal. Verbigracia, la idea corriente en la fuerza laboral, de que hay que extraer el máximo de rentas de una organización explotadora por la vía de los acuerdos laborales, en independencia del valor creado, como también la existencia de los incentivos perversos contractuales y legales que penalizan a los trabajadores con unos valores de honestidad al tener que cargar con el trabajo que sus otros compañeros dejan de hacer, son los terrenos fértiles que permiten a los emprendedores de la ideología, de la política, de la economía,…, de lo social, jugar con las emociones y extraer rentas comprometiendo socialmente a un país. Todos estos eventos poco visibles de la experiencia cotidiana influyen mucho más de lo que uno puede imaginar. Una buena intención de política pública, además de la posibilidad de crear incentivos perversos, puede transmutar un comportamiento cívico fundado en la moral por otro contaminado de los efectos nocivos de la mercantilización de la conducta humana.

Emociones y racionalidad

En economía, por lo general, se parte de la idea de que las personas actúan racionalmente, calculando las consecuencias de sus decisiones y corrigiéndolas a partir de su propio interés, suponiendo que poseen la información necesaria y verdadera para actuar. Pero en la cotidianidad, la gente además de hacer cálculos toma en consideración los afectos, las creencias,…, los valores. Por otra parte, más allá de lo puramente individual, la forma como inciden las emociones sobre las decisiones en el individuo, le inducen a hacer correcciones que pueden tener un sesgo perverso sobre la sociedad y sobre sí mismo. Por último se hace presente la dimensión moral de la utilización de las emociones para inducir comportamientos interesados por parte de quien las manipula. Estas circunstancias hacen pensar que, a pesar de la complejidad, las actuaciones irracionales del ser humano pueden ser anticipadas. Es el rol crucial del discurso previo moral antes de tomar decisiones críticas y puede ser tan simple como recordar los fundamentos éticos, religiosos, valores, es decir, los códigos morales, ante la posible falla.

El aprovechamiento de lo emocional por parte de los nuevos emprendedores de la ideología, de la política,.., de la economía,…, en fin, del crimen organizado emergente tienen hoy un impacto importante en la trama de los conflictos locales y mundiales. El impulso de las emociones se activa cuando la realidad que percibimos, imaginamos o reconocemos, deja de corresponder y coincidir con nuestras expectativas y preferencias actuales. Esa activación en un contexto de sufrimiento propende a una actuación fuera de la razón donde se desplaza el sentido de la responsabilidad, con o sin justificación, hacia otro en búsqueda de un culpable. Para todo humillado, dominado, excluido, pobre o miserable, su referencia trasciende el ámbito de la visión local, pues su realidad abarca en términos de entorno sensible a todo el mundo, es una exposición a un dolor mayor entre su sufrimiento y la opulencia de los demás del extremo más rico del mundo. Como es propio de la conducta humana, hace falta una explicación: “¿Por qué me pasa a mí?”, la respuesta conduce casi ineluctablemente a la búsqueda de un culpable, real o imaginario, de un complot que puede ser verdadero o falso. La red internet, las comunicaciones y los medios dan fuerza y permiten que ese imaginario, con algo de simplismo lógico, transforme a la política, a la ideología, a la religión, en prósperos emprendimientos del crimen organizado o en medios para hacer dinero. El reciente suceso, en Venezuela, de una organización política de oposición que llegó a pactar con el gobierno, tiene más características de la política como emprendimiento que como resultado de una convergencia ideológicamente fundada.

Nuestro país, es un hervidero de todo tipo de actuación perversa de actores, situaciones, intereses, en medio de problemas cruciales cuya reproducción e impacto gana fortaleza con la debilidad institucional. También, son características presentes en los conflictos más serios del mundo, cuya agenda que ya no es impuesta desde los países centro sino desde los propios estados débiles y fallidos. Urge una revisión de esos contenidos que guardan relación con la conducta de la gente de manera que las creencias, la moral, las emociones, la religión, el estado y la economía no desvíen su esencia y pasen a servir de instrumento para la exclusión y el conflicto como prósperos negocios de la élite rentista del neopopulismo. Estos nuevos emprendedores, coordinan sus actividades para sí, con autonomía y movilidad, incluyen todo tipo de ilícitos desde empresas, bandas criminales, políticos, medios, …, actores individuales que no poseen poder de estado, pero sí el necesario para controlar sus intereses. Aunque los humanos sean racionales, sus juicios pueden ser errados sin información completa o con manipulación de la misma. La asfixia regulatoria, la discrecionalidad del poder público y la debilidad institucional son el resguardo de todas esas actividades cuyo reflejo se manifiesta en mercados negros, escasez, inflación y propagación de la miseria.

Hay características esenciales, las asimetrías de información y el poder mediático hacen de las mayorías presas fáciles para la manipulación de la conducta a través de las emociones. Es el aprovechamiento tergiversado de las tradiciones, de las creencias, de la condición moral, de lo sagrado para las personas. Este aprovechamiento puede servir para perpetuar la ignorancia y subyugar a las gentes haciéndoles creer que no pueden decidir, ni valerse por sí mismos, asumiendo cursos de acción que les someten más en su estado de miseria.

Infografía: emociones y miserias bajo el populismo autoritario

  • Justicia Social: Plano normativo
  • Racionalidad limitada: Plano positivo

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Categorías:Política

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2 respuestas

  1. Nunca como ahora había sido más peligroso ese estribillo reciente de la Neuropolítica de “emocionar para convencer”; sobre todo porque nunca como ahora se había requerido más serenidad, más reflexión y menos la levedad de la pasión. Advierto que en momentos como estos cualquier mago de la Neuropolítica puede” emocionarnos con ese slogan” y convencernos de recurrir a las emociones para convencer al 80% de los venezolanos que nos oponemos a Maduro a movilizarnos para acabar con esto. ¡Pero cuidado! Cuando examinamos los fundamentos de la política desde el ángulo de las emociones las cosas no resultan tan fáciles como no los indica el marketing de la Neuropolítica. Y los datos más incontrovertibles a este respecto son los datos históricos, por ejemplo, no han habido movimientos políticos más emotivos que el fascismo y el nazismo, cuyo fundamento emocional fue precisamente la ira; o que el comunismo, cuyo movimiento político se desliza frenéticamente por la guillotina ensangrentada del odio de clases; o peor aún, que el talibanismo, el Estado islámico y todas las formas de terrorismo, que basan su convencimiento en el uso de otra emoción básica: el terror, es decir, la exacerbación del miedo. En fin, movimientos emocionales que no sólo acabaron con sus adversarios, sino que acabaron con la política misma. De modo que no hay dudas de que las emociones son un resorte eficaz para el ejercicio volutivo, tal como lo sostiene la Neuropolítica, pero, si aceptamos que la política es acción dialógica, es persuasión, serenidad y consenso, entonces esta máxima de la Neuropolítica se vuelve falaz en el campo de la política. Y ello es así, porque en realidad la política, más que fundamentarse en las emociones se basa en su control. Por eso la política nació como una frónesis, como la práctica de control de las emociones, esto es: como la práctica de las virtudes; porque las virtudes son precisamente las formas de control de las pasiones, de las emociones. De aquí que los griegos de la antigüedad clásica, quienes inventaron la política, le llamaran el ejercicio de la areté. Y en este sentido la política es, por ejemplo, la práctica del coraje cívico, una virtud que se orienta al control de los dos extremos emocionales del miedo: tanto de la cobardía como de la temeridad. Así como lo es también la práctica de la prudencia, o lo que los griegos llamaron virtud dianoética; pero lo es además de la práctica de la templanza, la virtud que nos libera de la intemperancia, es decir, de una emoción que nos ciega de la sensatez, de la moderación ( por cierto, muy necesaria en este momento). En fin, debemos tener cuidado con ese estribillo de la Neuropolítica. La política no es un producto de marketing sino de saberes muchísimo más complejos y profundos como la Ética, la Retórica, la Ontología; y de la Estética, a decir de Castoriadi.
    Frank Oswaldo López R

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  1. La barbarie populista, las emociones y la crisis de la democracia liberal – Prospectiva y Previsión

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