Colombia y Venezuela: dos realidades diferentes

Colombia y Venezuela: dos realidades diferentes

¿Son democracias similares?

Poderes regulados vs economía regulada

La democracia en Venezuela a lo largo de los últimos cincuenta años ha sido presidencialista, pero desde hace varios lustros prácticamente todos los poderes públicos están bajo control del Gobierno e igualmente las variables resultado: precios, costos y tasa de cambio sufren los impactos de la tutela del Estado.

Por el contrario, en Colombia los últimos veintitrés años se han caracterizado por una profundización de la democracia, con poderes públicos independientes y autónomos, se puede afirmar que el modelo de Colombia es de poderes regulados y el de Venezuela es de economía regulada. Son países vecinos con una institucionalidad diferente.

Francisco José Contreras Márquez

Inestabilidad

Venezuela es un país con el mayor índice de inflación en el mundo, en América Latina es el indiscutible líder. Durante los últimos veintitrés años, el Gobierno ha manejado una cuantiosa renta derivada del negocio petrolero, equivalente a cinco veces y medio el costo de la reconstrucción de Europa luego de la segunda guerra mundial. En nuestro país desde hace unos setenta y siete años sus gobiernos no se han visto obligados a efectuar ningún esfuerzo de productividad fiscal, pues no requirieron una economía eficiente y pujante para extraer renta tributaria, incluso han podido promover un empresariado y una economía informal parasitarios que les sirvan como medio propagandístico. La casi totalidad de los países del mundo están obligados a incentivar la eficiencia y productividad del sector privado de modo que el gobierno pueda obtener por la vía tributaria los recursos necesarios para financiar el gasto público. La historia económica de Colombia y Venezuela van por distintos caminos.

Fuente: https://www.bcv.org.ve, https://www.banrep.gov.co/es

El populismo que se gestó en Venezuela privilegió un perfil esencialmente político en los funcionarios públicos venezolanos: desde las más altas esferas del poder hasta el más modesto funcionario conocen de maniobras políticas, pero prácticamente nada en lo técnico y profesional, de las competencias necesarias para el ejercicio de su cargo público. Mal gasto público, controles, escasez e inflación, en un país que lo importa casi todo, hacen que la imposibilidad del crédito internacional sea una realidad. Por lo tanto, prestarle a Venezuela requiere un mayor costo de deuda y de allí un mayor riesgo soberano (34.691 puntos). El riesgo soberano de Venezuela siempre ha estado por encima del de Colombia (394 puntos), es más durante los últimos años, la brecha entre ambos países se amplió. Definitivamente, Colombia no es Venezuela.

Incertidumbre

Es conveniente que precisar dos categorías económicas, ellas son riesgo e incertidumbre. Cuando una determinada acción puede conducir a varios resultados con una determinada probabilidad, estamos en presencia de un riesgo.

Cuando los posibles resultados de una determinada acción son completamente desconocidos, lo que existe es incertidumbre. Cuando una situación está bajo incertidumbre los valores históricos registrados muestran una variabilidad mayor, cuando estamos bajo incertidumbre un producto puede tener precios diferentes en una misma localidad, cuando hay mayor incertidumbre los precios son inestables, suben y bajan desordenadamente. Desde el punto de vista estadístico a mayor incertidumbre, mayor error de predicción. De modo que Venezuela, no solo, es un país de mayor riesgo, es también un país con mayor incertidumbre. La variación estándar del riesgo soberano de Venezuela es 6.372 veces mayor que el de Colombia. El emprendedor en Venezuela no solo enfrenta un mayor riesgo soberano y una mayor incertidumbre, también debe hacer frente a la erosión monetaria y a la asfixia regulatoria. Igualmente, el panorama inflacionario es lúgubre, la brecha es grande y se amplía en el tiempo. Hasta ahora Colombia solo enfrenta riesgos, Venezuela riesgo e incertidumbre.

Fuente: https://www.jpmorganchase.com/

El comercio binacional

Difícilmente una complementariedad económica, social, cultural y tecnológica pueda ser desplazada por cualquier otra relación, sea con el Caribe, Ecuador, Argentina o Brasil, quienes se suponen podrían llenar el vacío comercial de comercio entre Venezuela y Colombia. Sin embargo, el comercio internacional entre ambas naciones es volátil, es la muestra de la ausencia de coordinación entre sus gobiernos desde hace bastante tiempo.

Semejanzas y diferencias

El único patrón cultural en la gobernanza sudamericana, plena de retórica populista, ha sido el olvido de la pobreza y de la inamovilidad social de la clase media, problemas claves a resolver para el logro del buen emprendimiento y de la justicia social. El éxito económico de nuestros países, cuando se ha hecho presente, siguió abultando la iniquidad y la exclusión, esta es la explicación del arraigo e intensificación del populismo en nuestros pueblos.

No existe evidencia concluyente de que exista el riesgo de la repetición en Colombia de las historias de Cuba, Nicaragua o Venezuela, es más probable que la cultura cívica y política de los colombianos y la superioridad de sus instituciones favorezcan la alternabilidad y transitoriedad de la gobernanza como en el resto de los otros países latinoamericanos.

La regularización de las relaciones comerciales entre Venezuela y Colombia es una obligación moral de quienes poseen poder para restablecerlas. Bloqueos, sanciones y represalias solo han favorecido a traficantes, a lo escondido, a la falta de transparencia y a la perpetuación en el poder de quienes lo ejercen. Las reparaciones de guerra del Tratado de Versalles a Alemania, la asfixia energética de Japón de preguerra, bloqueos y sanciones a Cuba, invasiones, … han precipitado estados de mayor sufrimiento de los más vulnerables y quizás han impactado poco sobre la existencia de los autócratas, dictadores y tiranos.

Autor: Francisco J Contreras M

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El desenfreno populista en América Latina

La evaluación de la gobernanza colombiana es paradójica, con los puntos positivos de una política de recepción bastante benévola para los emigrantes de nuestro atribulado país, que ha sido una excepción en relación con las reacciones bastante hostiles de otros países de la región y con una respuesta a la pandemia que se juzgó favorablemente a pesar de un dramático número de víctimas humanas; en Colombia, al igual que Perú y Chile, que han sido los países de Sudamérica con los mayores logros económicos y de innovación desde hace dos decenios, los electores se han inclinado por opciones claramente populistas.
Así como existe un retroceso político en países con éxito económico, en otros en condiciones de precariedad económica y social también se manifiesta entre los factores democráticos, al punto de que cualquier atisbo de recuperación económica es visto mediáticamente como propaganda política.

 

El éxito económico no ha permeado hacia la clase media en Latinoamérica, pues para adquirir una vivienda tendría sucesivamente que acumular la totalidad de sus ingresos promedios, en el sector formal, durante 21 años en Chile, 15 años en Ecuador, 22 años en Colombia, 25 años en Perú y 26 años en Venezuela. Si se trata de un vehículo en Chile habría que esperar 2 años, en Ecuador 4 años, 5 años en Colombia, 4 años en Perú y 15 años en Venezuela. Son unas de las tantas fuentes de la indignación de la gente que se siente excluida del progreso económico en esos países.

Uno de los orígenes de la indignación de las clases populares y medias del sector formal se encuentra en la incapacidad de acceder con sus ingresos a un nivel de bienestar que se encuentra muy por debajo de sus expectativas, al compararlas con la visibilidad mediática de quienes disfrutan más del progreso económico de sus países o de quienes guardan una relación privilegiada con el poder cuando se trata de países en condiciones de precariedad económica y social.

En Colombia, la derecha se acercó a las elecciones en una posición débil. Una fuerte impopularidad del presidente saliente que cambió en gran medida el panorama, en comparación con las elecciones anteriores. Por lo tanto, es el candidato de izquierda, Gustavo Petro, el principal líder de la oposición, quien se ha beneficiado de ese rechazo del gobierno y aparece levemente favorito, en la segunda vuelta, para las elecciones presidenciales.

El populismo del candidato Petro luce más estructurado que el de Hernández, en Venezuela como tendencia, la expresión de esa variante evoluciona hacia un estado comunal con economía de mercado o a un capitalismo comunal por conveniencia. Es lo que uno observa en el campo, en las pymes y en entre los pequeños comerciantes informales de zonas agrícolas y en las periferias urbanas.

Es el drama latinoamericano del cual no escapa nuestra nación: una profunda cultura populista, tanto de los factores democráticos como del autoritarismo, sin propuesta con sentido de propósito frente a la pobreza y la desigualdad. Mientras se siga la afanosa y destructiva canibalización entre opositores, buscando un mesías o el azar casuístico, no habrá un camino fácil.

En nuestra Venezuela, la modernidad democrática como proceso de reformas firmes y graduales no superó el breve decenio de evolución entre febrero de 1936 y octubre de 1945. Luego entre la aspiración de una gobernanza democrática “llave en mano” en la cual, de la noche al día, todas las aspiraciones sociales serían alcanzadas, se fue tejiendo lentamente y sin pausa, un populismo bien intencionado que fue derivando en una cultura de apropiación de la renta petrolera mediante la adscripción interesada a la política como emprendimiento.

El “sálvese quien pueda” está dejando fuera del juego al liderazgo opositor, estamos en presencia de un descarrío de la democracia. Hay que acercarse a la gente de la periferia urbana y rural para ver, sin cuentos de intermediarios mediáticos, que ellos sí están enterados de la retórica del gobierno y de nada sobre la oposición. Es difícil que una oposición de redes sociales pueda convencer con tan solo nombres de candidatos sin un mensaje alentador, factible, convincente para esos electores.

Son las razones por las cuales se perpetúa el autoritarismo donde existe y resurge sin aparente explicación en Colombia, Chile, México, Perú, … Son realidades de nuestros pueblos. Es la muestra del abandono de los electores, más allá de las ciudades de las redes mediáticas, como convidados de piedra en su pobreza. Gente que, en medio de adversidades, cuando algún éxito alcanza por su propio esfuerzo es también despreciada gratuitamente, además de sufrir las penalidades de un mal gobierno.

Mientras el destino nos alcanza, en esos lugares de la periferia hay una oposición emergiendo con su propia narrativa, visión compartida y enormes ganas de realización, más allá de la diatriba política e ideológica. Esta visión se evidencia entre quienes se plantean desafíos en sus espacios de transformación y creación de valor, como el de los agricultores cuando se fijan metas de aumento de la producción de arroz desde 240.000 TN (2021) a 400.000 TN este año y de la producción de maíz desde 850.000 TN a 1.000.000 TN para este año.

@fjcontre35

Etiquetas: Autoritarismo; Desigualdad; Exclusión social; Indignación social; Inmovilidad social; Populismo.

Un país de muchas revoluciones y pocas reformas.

Venezuela evolucionó desde comienzos del siglo XX por la vía gradual de las reformas socioeconómicas. Los propios mecanismos autorreguladores después de una vasta destrucción de la base material y social, iniciada con la entrega de Francisco de Miranda, llegaron a su clímax con el afán de recrear desde cero unas utopías sin propuestas que arrasaron hasta la propia sostenibilidad política de sus promotores. Es la historia de las revoluciones.

Un breve momento de reformas graduales comenzó con el programa del 21 de febrero de 1936 del entonces presidente de Venezuela, General Eleazar López Contreras, que cierra su ciclo con el golpe de estado del 18 de octubre de 1945, fue la experiencia de un país libre sin presos de consciencia ni perseguidos políticos y con avances económicos pocos vistos en el mundo. Es la breve historia de un tiempo de reformas.

Estamos frente al probable término, de una de las tantas revoluciones devastadoras que han asolado al país. El necesario discurso económico sobre esos trastornos es complejo y difícil, la propuesta del socialismo del siglo XXI se mostró con una retórica ideológica y política inspirada en el marxismo cuando en realidad respondió más al ejercicio autoritario populista e iliberal asentado en la extracción de rentas mediante la emisión irresponsable de dinero y la asfixia regulatoria. Ha sido una gobernanza cuyo mecanismo de perpetuación consistió en hacer pensar al común de la gente que la inflación, escasez, colas y todos los males sociales son responsabilidad de los adversarios, de complots internacionales, hasta de infortunios naturales, cuando por el contrario son las consecuencias de la mala conducción de la política económica y de las regulaciones extremas.

Hay una incertidumbre social recreada voluntariamente, pues predomina en la comunidad de los expertos, entre la gente y en los medios un enfoque fundado en la queja sobre el sufrimiento y en la desconfianza hacia todo y entre todos, una interpretación que remite de nuevo al deseo de una revolución sin una clara definición de relato de país como propuesta alternativa con sentido de propósito, para enfrentar la pobreza, liberando a la mayoría excluida de su sometimiento y la extorsión mediante dadivas para la compra de conciencias.

En otra perspectiva, prevalece entre los factores democráticos una cultura, igualmente populista e iliberal, fundada en la idea de la imposibilidad de tomar cualquier iniciativa de mejora política, económica y social del país hasta que no estén dadas unas condiciones objetivas en materia electoral y en la desconfianza, rasgos que poco la diferencian de la intolerancia en ejercicio del poder hacia quienes piensan diferente.

Durante estos últimos 23 años en nuestro país ha proliferado todo tipo de regulaciones tendientes al control de las variables resultado, mediante regulaciones de precios, del tipo de cambio, del mercado laboral y del mercado de pagos internacionales. Pero, esos intentos de fijación de las variables resultado, al no tratar las causas de fondo empeoraron los orígenes de los desajustes económicos. La experiencia ha sido desoladora, los precios no cesaron de aumentar, los mercados negros proliferaron, se paralizó la producción y se agotaron las reservas internacionales con un agudo desabastecimiento e hiperinflación.

Dejar las cosas como están, a la espera de otra revolución, de manera directa o velada, hará resurgir una vez más los males económicos, la presión tributaria con el sostenimiento y aumento del déficit fiscal. En nuestro criterio, un ajuste macroeconómico que cumpliera su cometido de estabilización de precios, de transparencia cambiaria mediante una dolarización imperfecta con depreciaciones o devaluaciones sucesivas, de equilibrio fiscal y cesación de la emisión irresponsable de dinero es un buen signo para el advenimiento de otras reformas que resuelvan los problemas más allá del muy corto plazo. No puede haber demora en el acometimiento de un proceso de simplificación y optimización del marco regulatorio en función de la respuesta esperada del mercado (análisis de impacto regulatorio) porque la inacción a la larga nos conducirá a la superación de la crisis luego de un largo tránsito doloroso y sufrido.

En nuestro país se ha ensayado sin éxito todo tipo de ajustes o paquetes económicos. Siempre con una convocatoria a diferentes grupos representativos de intereses convergentes con los gobiernos de turno, pero jamás con la debida representatividad del país como un todo y mucho menos para asumir una verdadera reforma económica e institucional. La esperanza objetiva descansa en el optimismo realista de la Venezuela de hoy, con todas sus limitaciones y defectos, la que ofrece oportunidades para avances graduales desde la mejora de lo que existe y no desde su demolición sin sentido de propósito. Por supuesto es una Venezuela, descompuesta económica, moral y socialmente, que nos anima a buscar un mundo mejor. Y debemos continuar esta búsqueda. En verdad, no solo el mundo es hermoso, sino que los jóvenes de hoy tienen la oportunidad de verlo como nunca antes.

La guerra de los “influencers” en Venezuela


La economía moderna está más orientada hacia lo cuántico que hacia el determinismo. Todo el discurso sobre las sanciones, apartando insultos e infundios, cuando es sosegado, está pleno de falacias y ruidos cognitivos. Por falacias en la medida que se insiste en aspectos que no vienen al caso pues la primera propuesta solo se redujo a los aspectos económicos de las sanciones. No significa ello que se niegue la existencia e importancia de otros dominios de las mismas que les son complementarios, mostrados en una segunda propuesta (68). El ataque, porque ha sido un ataque, se ha fundado en supuestos lobbys, complots de los proponentes y no tienen una sola evidencia de ello.

Hay ruido cognitivo porque se apela a las emociones que instigan, a partir de cualquier evento, sin peso de evidencia, la cólera social como lo son la permanente referencia a la existencia de bodegones, boato y excesos que son insignificantes ante el abastecimiento, producción agrícola y manufacturera. Reconociendo que aún cualquier indicador socioeconómico revela a Venezuela entre lo peor del mundo, desde hace tres años ha mejorado de manera continua la condición de abastecimiento y de producción agrícola.

La democracia no necesita muletas asentadas en la distorsión deliberada de la realidad. La democracia no es condición necesaria para el éxito económico, ni tampoco el éxito económico requiere del autoritarismo. Cuando se introduce el tema del desarrollo económico y se asume una posición liberal, el discurso pierde sentido pues no conduce al acuerdo, es una trampa llena de tantos juicios de valor que poco sirve para aclarar alguna aproximación de bienestar, cada uno posee una interpretación válida como la de cualquier otro. Son enfoques supuestamente holísticos que satisfacen egos e insatisfacciones, pero que eluden lo fundamental: el pensamiento reflexivo.

Hay pequeñas cosas con gran impacto no mecanicista sino probabilístico en términos de resultados que siempre serán inciertos, pero con procesos superiores como deriva institucional. Los procesos pueden ser influidos no los resultados. Ejemplo la contención de la hiperinflación que es el peor de los «impuestos» regresivos en contra de los más vulnerables, esta contención se logró con una parcial reducción de la emisión irresponsable de dinero y una «dolarización» imperfecta.

El nuevo recurso de la guerra de influencias está en auge en esta primera guerra de la mundialización (invasión de Ucrania) y se extiende hasta en los foros de amigos y familiares en las redes sociales de estos tiempos disruptivos, es un entorno de mercantilización desregulada y robo del tiempo del pensamiento reflexivo. «Influencer» un anglicismo que expresa la manera de seducir mediante la exposición de las bondades de lo que se comunica. Cuando se falla en ese objetivo, se pasa a una segunda fase que consiste en la erosión de la confianza, que existe en las propuestas diferentes, mediante falacias del razonamiento, sesgos y ruidos cognitivos para cambiar el cómo siente y piensa la gente, porque como se piensa y se siente así se actúa.

Si a pesar de todo no se obtienen resultados y se poseen excedentes de recursos financieros queda el uso de la creencia remunerada como modelo para el secuestro de la mente, en este enfoque se suma a la desestabilización de la erosión de la confianza, la originalidad de una combinación sin precedentes entre una imponente ganancia financiera inesperada y las creencias, sirviendo el primero en parte para financiar el segundo. La creencia remunerada como máxima aspiración de un «influencer» es su rating mediático, pues en un mundo mercantilizado es una fuente de retornos envidiable con poco desgaste energético y material, pues se alimenta de los impulsos básicos de la ira social. Es más fácil destruir una narrativa con sentido de propósito que crearla.

¿Qué tienen en común los «radical kissers» (seguidores de ruptura política sin narrativa), el «simplismo lógico» de las redes venezolanas y la «ausencia de pensamiento reflexivo»? Les une el ejercicio intenso de seducir, de convencer, en una estrategia que pretende conquistar mentes. La influencia, y ya no el poder, es la nueva clave para descifrar el juego político en un entorno de grandes excedentes de tiempo inútil. Podemos denunciar estas estrategias de influencia como tantas manipulaciones inaceptables, señalar con el dedo a sus patrocinadores, especialmente cuando practican el fastidio y la intimidación. Pero se han convertido en la norma vivencial en las redes.

La erosión de la confianza en la democracia se despliega mediante una estrategia discursiva que sitúa a los procesos políticos fuera del alcance del conocimiento, de la evidencia empírica y de la ética. Es un teatro de la acción política en la cual la confrontación de pruebas refutatorias pasa al olvido interesado siendo sustituida por la habilidad discursiva de la persona para la tergiversación deliberada de la realidad y para cautivar a la gente a partir de lo desea como verdad y no la verdad en sí misma.

En nuestro medio domina una retórica aparentemente favorable a las más avanzadas y recientes innovaciones, pero persiste el interés oculto de mantener el statu quo, sea perpetuándose en el poder o alcanzarlo para no hacer nada, esta estrategia se fundamenta en la desconfianza sin propuesta. Uno de los modos de mostrar amplitud consiste en el uso extenso de falacias que permiten, en un aparente diálogo participativo, la legitimación de lo existente para no transformar ni cambiar nada. Es la forma de manipulación que consiste en replicar información tendenciosa y darle justificación arguyendo que es necesario enriquecer el discurso con opiniones contrarias para crear sospecha sobre el saber reflexivo y sobre los criterios bajo los cuales se le refuta o valida.

Se debe tomar conciencia de las diversas formas de presentar argumentos falaces pues en la diatriba destructiva prevalece el convencimiento del auditórium más allá del bien o del mal y no las reglas de una búsqueda fundada en la razón y la refutación de hipótesis. Cómo mínimo se debería, cuando la búsqueda del consenso es prioridad, establecer las reglas lingüísticas que aseguren el dialogo lo más libre de razonamientos falaces.

Hemos revisado obras, como la de Nicholas Capalti y la de Juan Manuel Comesaña, sobre la teoría de la argumentación, para ofrecerle al lector una guía que le permita eludir la amenaza de ser víctima de falacias y refrendar acciones que socavan la confianza cívica y el despliegue de más y mejor democracia. Ofrecemos dos presentaciones una de Eduardo Harada sobre las ideas de J M Comesaña y otra preparada por nosotros sobre N Capaldi.

En la obra de Capalti nos encontramos ante una visión en la cual se debe tomar conciencia de las diversas formas de presentar argumentos falaces y desarrollar estrategias de debate para un uso más elaborado de las mismas. Se pudiera concluir que en los debates prevalece a la a larga no las reglas de una búsqueda fundada en la razón y la refutación de hipótesis, sino el convencimiento del auditórium más allá del bien o del mal.

Sin embargo, algunos autores señalan que hay razonamientos sólidos que por sus premisas pueden ser inaceptables y otros que pudiendo ser falaces pueden ser valiosos en determinados contextos. Este nivel de reflexión es el que se encuentra en la obra de Comesaña.

Listado previo de acuerdos y reglas como primera línea de resguardo ante el manipulador:

1. Tratar los temas de discusión uno a uno.

2. Rebatir las objeciones con argumentos.

3. Afirmar lo que se puede probar.

4. Distinguir las premisas de las conclusiones.

5. Limitar expresiones emotivas o sensibles.

6. Lograr credibilidad.

7. Tolerar, escuchar al otro.

8. Solicitar, exponer y ofrecer razones y criterios de demarcación.

9. Reconocer las falacias;

10. Confortar, refutar y contra argumentar;

11. Mostrar sensibilidad al contexto.

¿Qué hacer en esta era «posfactual» de la posverdad cuando la sensatez está arrinconada por la banalización y la pérdida de verosimilitud del conocimiento?

El proceso sostenimiento de la democracia hace necesario recuperar la credibilidad en la palabra y la confianza social; hay que sobreponerse a la propuesta populista-iliberal cuya fortaleza deriva del discurso mediático fundado en falacias y manipulaciones, que hoy en día conceptualizamos bajo los neologismos «posfactualidad» y «posverdad».

Es una hoja de ruta difícil, ya que estos momentos prevalece la inmediatez, la pereza social y la comunicación «lacónica» y «telegráfica» como prácticas de uso cotidiano, son las nuevas culturas que erosionan la crítica necesaria para mejorar la condición humana, en las cuales se ausentan la consistencia de lo que se enuncia y la debida presentación de evidencias en apoyo de los argumentos.

La deontología profesional, cuando se trata de juicios de valor admisibles, ha desaparecido y carece de la debida exposición de criterios sobre los cuales se formula la opinión y su alcance. La comunicación se ha transformado en propaganda política, en medio para la manipulación, en herramienta de catarsis social, que en lugar de servir a al mejor entendimiento entre la gente.

La cultura de la «posfactualidad» y la «posverdad» en la gobernanza pública contribuye con la perpetuación y propagación del populismo autoritario, difundiendo masivamente información falsa, distrayendo la sociedad de la sensatez y de las virtudes cívicas. En la gobernanza privada y en las relaciones entre la gente socava la confianza, genera costos de transacción y erosiona la eficiencia social.

Como contribución al esclarecimiento del problema de la demagogia política hemos creado una aplicación en modo de prueba para discernir sobre las falacias que distorsionan la correcta argumentación. Su propósito es servir de medio para evitar la manipulación de esta época donde los impulsos de las emociones prevalecen sobre la sensatez.

Enlace para la descarga de este documento: La guerra de los «influencers»

Referencias:

La defensa de los valores democráticos frente a la manipulación en las redes sociales (I parte)

La defensa de los valores democráticos: cómo evitar la manipulación (II parte)

La cultura populista, la liberación del tiempo cerebral y la adulteración del pensamiento

Frédéric Charillon. La conquête des esprits, nouvelle arme sur la scène internationale, Odile jacob, janvier 2022, 15, rue Soufflot, 75005 paris