La asfixia regulatoria como dispositivo anti frágil de perpetuación del populismo

“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor…!No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao… Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón.!”

Enrique Santos Discepolo

La asfixia regulatoria es un poderoso mecanismo anti frágil para perpetuarse en el poder, consiste en el establecimiento de una multitud de decretos, normas, providencias, leyes y regulaciones, todas de confusa, contradictoria y ambigua interpretación que permiten amordazar a la democracia. De esta manera un gobierno puede mostrar una imagen de aparente formalidad democrática cuando no lo es. Un eficiente sistema de asfixia regulatoria deja al ciudadano de manera inevitable al margen de la ley, prácticamente todo está sumido a normas contradictorias y de imposible cumplimiento. El estadio superior de un sistema de asfixia regulatoria se alcanza cuando los poderes públicos pierden su autonomía e independencia.

En países con debilidad institucional los gobiernos populistas-iliberales utilizan el marco regulatorio para que la gente bajo el impulso de las emociones pierda la perspectiva, descargue su ira en los demás, invente fantasías, y al caer en la trampa de la manipulación se distraiga y libere al gobierno de su responsabilidad en el desorden reinante. En su fase terminal la asfixia regulatoria concluye en desesperanza, postración y descomposición social, en tal magnitud que se quiebra la capacidad de soñar, de organizarse, de que fructifique un programa de reformas económicas e institucionales, cunde el pánico, la anarquía y el bochinche.

Esa fuente de males públicos deriva del incorrecto diseño de las políticas económicas que pretenden controlar los mercados a través de las variables resultado, como son los precios de bienes y servicios, tasa de cambio, salarios, costos e intereses. Este tipo de regulaciones son la que más trastornos causa en el desarrollo de un país, porque otorga a quien administra información privilegiada la capacidad para decidir en favor de sus intereses y en contra del bien común.

Mientras no comprendamos que la asfixia regulatoria hace un buen servicio al corrupto, cualquier acto -hasta el más honesto- es prácticamente imposible, a menos que pagues. Mientras esto no se comprenda, seremos unos tontos útiles, que celestinamente decimos: “no estamos en Suiza, cómete la luz”. De todas las corruptelas, la peor es la del poder, pues quien formula la norma lo hace para aprovecharse e imponer su pensamiento por vía no democrática.

La asfixia regulatoria recrea un contexto bajo el cual el sistema opera en las últimas, con un personal mal remunerado y con fallos recurrentes y masivos de todos los servicios. Es el espacio donde convergen las necesidades de quien requiere un servicio con urgencia y el funcionario arruinado. El poseedor de poder discrecional se vale de las mismas regulaciones para extraer rentas de quien desee, porque todo el mundo, para solventar sus problemas, tiene de manera obligada que situarse al margen de la ley. Cualquier actividad simple desde renovar un documento personal, hacer un pago de servicios públicos, solicitar un servicio de conexión telefónica, de electricidad, lo que sea, requiere una cantidad de trámites que obstaculiza hasta las cosas más sencillas de la vida: es el mundo de la asfixia regulatoria.

Bajo esta cultura de poder se asienta una masa crítica de adeptos con sentido de propósito y hoja de ruta, en la cual la vía cómoda para el abatido es “resolverse” anotándose en la cola de personas que se asocian con el gobernante de turno para extraer rentas de los demás, pues guardan la esperanza de que alguna suerte les permita transformarse en flamante administrador de una parcela en el ejercicio del nuevo oficio de gestor de la escasez de todo al margen de la ley, pero entre los privilegiados del sistema. Mientras tanto, el descontento masivo se alimenta en la autodestrucción.

Se recrea una subcultura de tolerancia indulgente hacia la extorsión social, de falta de conciencia cívica y de postración social para la observancia de las leyes, son las fuentes de la predisposición hacia el delito, esperando la oportunidad cuando el riesgo de ser descubierto y penalizado sea mínimo. Estos eventos hacen de Venezuela un país inmerso en la fragilidad institucional, entre 179 países estudiados, Venezuela se encuentra en un club nada envidiable de los 25 países con mayor asfixia regulatoria en el mundo.

El factor crucial para la reinstitucionalización del país lo constituye la restitución de la autonomía, la independencia, la legitimidad y la transitoriedad (no perpetuidad) de los otros poderes públicos. Estos son los contrapesos necesarios para contener en su mínima expresión a la corrupción en todas sus variantes. La debilidad institucional es el ambiente más propicio para la destrucción de la ciudadanía y la extorsión política de la sociedad.

El factor crucial para la reinstitucionalización del país lo constituye la restitución de la autonomía, la independencia, la legitimidad y la transitoriedad (no perpetuidad) de los otros poderes públicos. Estos con los contrapesos necesarios para contener en su mínima expresión a la corrupción en todas sus variantes. La debilidad institucional es el ambiente más propicio para la destrucción de la ciudadanía y la extorsión política de la sociedad.

La condición suficiente para el reforzamiento de la anti-fragilidad de la democracia venezolana se centra en la aprobación de una Ley de Evaluación de Impacto Regulatorio que lleve a su mínima expresión los vicios de los males públicos derivados de políticas públicas que promueven el uso de información privilegiada por parte de los funcionarios públicos, la propagación de incentivos perversos y la desviación de los recursos de la nación en favor de parcialidades políticas, ideológicas, grupales e incluso individuales.

Hay que constituir un marco descriptivo sobre las fuentes de las regulaciones gubernamentales, las atinentes al gasto público, las que afectan al mercado y a la vida económica.

@fjcontre35
Etiquetas: #asfixia regulatoria, #incentivos perversos, #asimetrías de información, #poder discrecional, #corrupción.



Categorías:Política, Sociología

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