La asfixia regulatoria como dispositivo anti frágil de perpetuación del populismo

La asfixia regulatoria es otro mecanismo anti frágil del populismo para perpetuarse en el poder, consiste en el establecimiento de una multitud de decretos, normas, providencias, leyes y regulaciones, todas de confusa, contradictoria y ambigua interpretación que permiten amordazar a la democracia. De esta manera un gobierno puede mostrar una imagen de aparente formalidad democrática cuando no lo es. Un eficiente sistema de asfixia regulatoria deja al ciudadano de manera inevitable al margen de la ley, prácticamente todo está sumido a normas contradictorias y de imposible cumplimiento. El estadio superior de un sistema de asfixia regulatoria se alcanza cuando los poderes públicos pierden su autonomía e independencia.
La asfixia regulatoria permite asegurar más control sobre la vida de las personas, por ejemplo, se establece que las transacciones de inmuebles hay que hacerlas por el Registro y no por Notarías. Inmediatamente se disparan cualquier tipo de interpretaciones, desde las inverosímiles hasta aquellas rodeadas de “simplismo” lógico: “se trata de hacernos como Fidel hizo en Cuba”, “Es para que no nos podamos ir del país”, y así sucesivamente. El caso es que son medias verdades, de una verdad superior: un gobierno populista, utiliza el marco regulatorio para que la gente bajo el impulso de las emociones pierda la perspectiva, descargue su ira en los demás, invente fantasías, y al caer en la trampa se distraiga y libere al gobierno de su responsabilidad en el desorden reinante. En su fase terminal la asfixia regulatoria concluye en desesperanza, postración y descomposición social, en tal magnitud que se quiebra la capacidad de soñar, de organizarse, de que fructifique un programa de reformas económicas e institucionales, cunde el pánico, la anarquía y el bochinche.

Por otra parte, la gobernanza populista recrea un contexto bajo el cual el sistema opera en las últimas, con un personal mal remunerado, con una precaria eficacia del ancho de banda, fallos recurrentes y masivos de todos los servicios, hay un espacio donde convergen las necesidades de quien requiere un servicio con urgencia y el funcionario arruinado, lo demás se le deja al lector para que saque sus propias conclusiones. Un gobierno populista sabe de esas circunstancias, se puede valer de las mismas regulaciones para sancionar a quien desee porque todo el mundo para solventar sus problemas tiene que de manera obligada situarse al margen de la ley. Cualquier actividad simple desde renovar un documento personal, hacer un pago de servicios públicos, solicitar un servicio de conexión telefónica, de electricidad, lo que sea requiere una cantidad de trámites que obstaculiza hasta las cosas más sencillas de la vida, es el mundo de la asfixia regulatoria. El populismo posee una masa crítica de adeptos, con sentido de propósito y hoja de ruta, de modo que la vía cómoda del arruinado para “resolverse” es colocarse en una cola de personas que se anotan con el gobierno y, terminan votando y apoyándolo, pues guardan la esperanza de que alguna suerte les permita transformarse en flamante administrador de una parcela en el ejercicio de ese nuevo oficio de gestor de la escasez de todo, al margen de la ley, pero dentro de la revolución. Mientras tanto el descontento masivo se alimenta en la autodestrucción.

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Categorías:Política, Sociología

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