Decir lo que el pueblo quiere escuchar y lo que los medios quieren divulgar

Si fuera lo suficientemente decisivo analizar qué se divulga en las redes sociales sería interesante encontrar una explicación del porqué en Venezuela en medio de una pavorosa crisis económica, moral, política, sanitaria y más, se mal utiliza el tiempo en cadenas de mensajes que se repiten muchas veces, cuya naturaleza no abunda en diagnósticos documentados y es de escaso contenido en términos de propuestas y acciones. Hay necesidad de conocer algunos principios de la “dialéctica erística” porque el discurso en nuestro país, con consciencia o sin ella, sufre del sesgo de la manipulación por uso exagerado de falacias.

En nuestro país el uso de falacias del discurso es extendido, entre ellas la “ad-populum”, es corriente el argumento de que hay que hablar como quiere el pueblo, como si el hecho de que a la generalidad le gusta el lenguaje agresivo, entonces sea la mejor estrategia para hacer frente al autoritarismo, resulta que esa retórica forma parte de los medios de la dictadura para la opresión y el quiebre moral de quien no piensa igual, es uno de los signos del autoritarismo, no puede ser parte de los recursos de quienes reivindican lo contrario en la lucha por la democracia.

Últimamente hasta en medios académicos y de reflexión política el discurso se ha desviado hacia esos contenidos justificándolos con el pretexto de que hay que darse a respetar y perder el miedo, si se habla y responde a los personeros del gobierno en sus términos, es juicio de quienes lo practican, un avance, con lo cual a la falacia “ad-populum” le sumamos la “ad-hóminen” ofendiendo a diestra y siniestra al interlocutor, esa combinación es letal para la defensa de una propuesta de reformas económicas e institucionales, pues distrae el contenido de la verdadera lucha por la democracia y la definición futura de un país en un supuesto combate a fuerza del atropello verbal del otro, que es lo que precisamente queremos que no ocurra a jamás.

La otra rémora del pensamiento la constituye la falacia la “ad-verecundiam”, bajo cuya impronta solo son válidos los argumentos si algún experto o autoridad lo enuncia, en tanto no ocurra, ningún razonamiento por bien fundado y documentado no será tenido en cuenta, es el imperio del “Magister dixit” (el maestro dijo). Confluyen de esta manera el reforzar al pueblo en sus creencias así sean objetivamente equivocadas al querer supuestamente hablar en su lenguaje, difundir argumentos evidentemente falaces porque la gente quiere escucharlos, propagar contenidos sin validación porque algún experto lo dijo.

¿Que pasaría?:

  • Si hubiéramos hecho algo frente al nombramiento de miembros del Tribunal Supremo de Justicia en diciembre 2015,
  • Si el proceso del revocatorio se hubiera igualmente adelantado,
  • Si se buscará apoyo internacional para lograr el revocatorio este año y solicitar observadores,
  • Si se ofreciera documentación ante el mundo de lo que ocurre en el país,
  • Si la organización y devoción cívicas demostradas en la reciente gesta de validación de firmas se hiciera habitual como cultura.

¿No será acaso mejor?.



Categorías:Filosofía, Pensamiento Estratégico, Política

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