La economía de la felicidad: entre la displicencia y la autoflagelación

Entre la desidia y el autocastigo

En Venezuela, hay en las redes todo tipo de mensajes que son reflejos de un estado límite de descomposición económica y social, producto de un populismo anacrónico, llamado Socialismo del Siglo XXI, fundado en el odio social, de un agotamiento de la renta petrolera como sostén de un asistencialismo social improductivo, en un contexto mundial de crisis de la democracia.

Comentaremos aquellos relacionados con dos posiciones extremas: hay quienes aparentemente no les importa lo que acontece (desidia), y también, quienes asumen todo como su responsabilidad, cerrando voluntariamente cualquier estado interior de paz, alegría, ante los cuales se imponen reglas de mayor sufrimiento (autoflagelación), ni siquiera admiten alguna expresión humorística. Esos estados van más allá de lo personal porque desbordan en expresiones agresivas hacia quienes no se comportan de manera indolente o culposa. Guardar la compostura, subsidiaridad y sensatez, necesita fortaleza interior, moral y espiritual, esa condición pasa por la aceptación de la realidad como algo pasajera. La felicidad trasciende a la búsqueda de estados emocionales fundados en sensaciones agradables, pues la vida es una secuencia de ellas y de las que no lo son. Entre el anhelo de las placenteras y los hechos hay una brecha, y esas sensaciones pueden ser agradables o no, la cuestión es vivirlas, pues lo fundamental es conocer la verdad acerca de si mismo, la verdadera felicidad es independiente de nuestros sentimientos internos y de nuestra condición material, sino pregúntenle a un niño con parálisis cerebral que sonríe ante la contemplación de la naturaleza.

La economía de la felicidad

El ser humano visto desde la economía, es una aproximación tosca de su realidad. Se le ha imaginado como artífice de su propio destino a partir de las herramientas que fabrica (homo faber), esa capacidad ha sido insuficiente para su realización, poseer no le ha hecho “feliz”, en su historia tiene muchas cuentas que saldar consigo mismo y con la propia naturaleza. Se le ha asumido como ser racional (homo economicus), informado que sabe procesar información para sacar la máxima satisfacción de pocas cosas (de la escasez) con usos alternativos, resulta que esa racionalidad es limitada, que no posee toda la información pertinente, tiene fallos y está sujeta al poder. La arrogancia se crece al creerle sabio, gregario con un mito social compartido libre del sometimiento y de la alienación (homo sapiens), el mito anacrónico que se le quiere imponer a los venezolanos es precisamente lo contrario, no hemos sido sabios al elegir. Resulta que es posible ser feliz (homo ludens), sin ser libre de sensaciones deseadas y detestadas, que la brisa sopla a veces como queremos y otras no, aspirar solo las que nos agradan da origen al sufrimiento, y es, que la brisa no guarda intencionalidad, vivimos mejor de su contemplación cuando va y cuando viene. Como lo han planteado Viktor Emil Frankl , y recientemente, Yuval Noach Harari: “Una vida con sentido puede ser extremadamente satisfactoria incluso en medio de penalidades, mientras que una vida sin sentido es una experiencia desagradable y terrible, con independencia de lo confortable que sea”. Una economía de la felicidad, se despoja de su arrogancia para centrar su atención en las reglas del juego de la vida, en armonía con el medio ambiente, con unos valores fundados en la compasión, la confianza social y la honestidad. Es una economía subsidiaria del estudio de las ilusiones personales y los mitos colectivos dominantes, es la contribución con el esclarecimiento del “en qué queremos convertirnos”, y también, “en el qué queremos desear”.

Un país de armonía entre las ilusiones personales y un nuevo relato compartido

Vivimos los males del mundo y los nuestros: escasez de alimentos y medicinas; precariedad habitacional y de servicios públicos; educación y valores cívicos en involución; vacío existencial; injusticia y pérdida de confianza.

El nuevo mito compartido necesita una economía diferente que nos conduzca desde la superación de las contingencias materiales a la felicidad, hacia un desarrollo en armonía con el medio ambiente, con unos valores fundados en la compasión, la confianza social y la honestidad.

Necesitamos un país que permita respuestas al qué queremos desear, más allá del en qué nos deseamos convertir. Tiene que haber una correspondencia entre las ilusiones personales y el mito compartido de país, es la clave del sentido existencial o de vida.

Más sobre una propuesta alternativa al populismo del Socialismo del Siglo XXI en:

“De la dilapidación a la innovación frugal”

https://goo.gl/EhZm8h

“De la resiliencia a la anti fragilidad”

https://goo.gl/gRU0ms


Bibliografía básica sobre la economía de la felicidad

Does Economic Growth Improve the Human Lot? Some Empirical Evidence

Economía y felicidad: Acerca de la relación entre bienestar material y bienestar subjetivo

Feeding the illusion of growth and happiness: A reply to hagerty and veenhoven

Homo Ludens

Viktor Frankl: El hombre en busca de sentido

Wealth and happiness revisited

 

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Categorías:Prospectiva y Previsión

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