La descomposición social y la amenaza de estado fallido en países institucionalmente frágiles

Uno de los grandes sucesos de los últimos tiempos ha sido la mundialización de las comunicaciones, ella ha tenido un rol importante en el desenvolvimiento de los conflictos en el mundo, los cuales guardan más relación con la crisis de la democracia liberal y con la descomposición social que con una lucha entre potencias, de un enfrentamiento ideológico, de religiones, o de otras causas corrientes. Es un error plantearse el tema en términos del advenimiento o consolidación de modelos con fundamentos ideológicos, pues lo que observamos es una crisis de democracia que va desde la pérdida de confianza en las élites, en países con fortaleza institucional, hasta la descomposición social en países con debilidad institucional.
En nuestros pobres países, carentes de institucionalidad, el resultado de la descomposición social es el advenimiento de una gobernanza autoritaria. La cuestión es cómo lograr una democracia más justa y realmente inclusiva, hay que tener una mejor respuesta que las fundadas en la economía, es necesario responder a la cuestión del cómo podemos recrear una condición en la que los excluidos, puedan valerse por sí mismos, frente a la atractiva propuesta populista o “iliberal” de la compra de conciencia a través de dádivas, o peor frente a la anarquía de un estado fallido y violento.
Se ha creído que la realidad puede explicarse a través de constructos o modelos teóricos de otros tiempos, de otras historias, es un error forzar lo imposible de la verdad para que se parezca a nuestras pulsiones. Todo lo contrario, el abordaje de lo que acontece, tiene que ser por la vía de aproximaciones teóricas de la realidad, con base en tanteos, tipo ensayo y error. Es a partir de hipótesis y refutaciones que se construyen los modelos y se resuelven problemas.
Gobernar es una tarea compleja, pues la mala y la buena información se han hecho masivas por la vía de las redes sociales con efectos que comprometen la efectividad y la confianza en el ejercicio de la democracia. Al respecto, hay tres consideraciones importantes:

  • Primero, la mundialización de las comunicaciones ha permitido que la gente tome conciencia de la condición relativa de su estado en comparación con el de otras latitudes. Las comparaciones lejanas tienen efecto magnificador de las diferencias, hay una tendencia en ver, lo distante mejor de lo que realmente es, cuando se interpreta como bueno y, de manera asimétrica, ver lo cercano como peor, cuando se interpreta como malo.
  • Segundo, el ciudadano participa localmente políticamente en elecciones, pero las decisiones que toman quienes les representan, se sienten distantes de sus problemas.
  • Tercero, los ciudadanos, de los más remotos lugares, localmente en sus acciones pueden tener un alcance mundial, por ejemplo, el conflicto sirio tiene repercusiones que van más allá de su ámbito conflictivo (poder de la debilidad).

El descontento en relación con la democracia liberal es crítico en todas partes. Quienes poseen poder e influencia mediática pueden elaborar argumentos para promocionar lo que desean como realidad en lugar de ofrecer evidencias sobre lo que consideran como hipótesis de la misma, esto dificulta el logro de acuerdos sólidamente fundados, pues lo que se busca es imponer una verdad y no su validación, ese ejercicio abusivo de poder encuentra un terreno propicio en una nueva cultura de masas donde destacan dos circunstancias:

  • Primero, el “simplismo” lógico con el cual la gente rodea, de aparente racionalidad sus decisiones, de modo que su deseo como realidad guarde consistencia aun siendo falsa.
  • Segundo, el imaginario del comportamiento humano consistente en endosar a otros sus responsabilidades, en atribuir los males públicos a supuestos complots.

Los estados con democracias consolidadas poseen la fuerza institucional para hacer frente a esa crisis de la democracia, un evento importante de esa crisis como lo fue el BREXIT no ha significado una merma de la legitimidad del Estado. Otros son los casos de países a medio camino de la democracia, como son los de Colombia y Venezuela, la crisis de la democracia si representa un problema que afecta la legitimidad del estado, a mayor debilidad institucional mayor es la amenaza, mientras Colombia transita el camino de la estabilización, Venezuela parece perderlo [1]. Para este año 2020, Venezuela aparece como el primer país con mayor riesgo de fragilidad en América entre 30 países, y en el lugar 29 entre 178 países, en el mundo [2].

FragAL

FragMundo

Fuente: gráficos elaborados a partir de datos de The Fund for Peace [3]

Lo que para la democracia en estados con fortaleza institucional es un problema a superar, para las dictaduras su salvación. Las ideologías dejaron de ser ayuda en la compresión para la actuación política y sirven ahora de máscara a los gobernantes autoritarios para ocultar los negocios ilícitos emergentes de todas las variantes del tráfico delictivo. Este desorden, mayor en unos sitios y menor en otros, crea una confusión en los foros internacionales, en los cuales de manera pragmática se sacrifican los derechos humanos fundamentales de minorías, de localidades, de países y de regiones en favor de otros, como si esos valores pudieran ser comparables y relativos, cuando son derechos universales.

El autoritarismo ha podido reforzar su antifragilidad mediante un férreo control de la libertad de expresión. Los medios de comunicación libres se encuentran bajo severas regulaciones de sus contenidos y, en el caso de la prensa escrita, cuando existe, debe sortear dificultades de aprovisionamiento de papel bajo control gubernamental. En la fase terminal de los gobiernos populistas o “iliberales” la realidad política que llega masivamente a la gente, es la que ellos promueven, una en la cual atribuyen las crisis socioeconómica y política a supuestos complots y no a la mala política pública. Con el control de todos los poderes públicos un gobierno populista o “iliberal” dispone de todos los recursos para la manipulación efectiva de la realidad y para la desmoralización de las fuerzas democráticas.

El aparato propagandístico es una pieza importante en la perpetuación del autoritarismo, fragmenta y divide las fuerzas democráticas, impide la divulgación de información y manipula tanto la realidad interna como la externa del país. Es la estrategia de las dictaduras bloquear los beneficios potenciales de la mundialización de las comunicaciones, mediante una masiva ola de rumores y de información falsa, creando un escenario de zozobra permanente en las fuerzas democráticas.

Bajo las formas de gobernabilidad populista o “iliberal”, las fuerzas democráticas deben enfrentar un entorno hostil, en una condición de debilidad organizacional y con una precaria e incoherente iniciativa en las redes sociales, donde prevalece la querella interna. En cada ocasión que un régimen autoritario lanza cualquier anuncio desde un simple saludo navideño hasta una de modificación de tarifas de servicios públicos, de política monetaria, hay un motivo para especular y emitir cualquier explicación inverosímil, donde se llega al extremo de responsabilizar a la gente y las organizaciones de las fuerzas democráticas, desde entreguistas, colaboradores, cómplices hasta aliados del régimen.

Es la manera del cómo los gobernantes y aliados de ocasión, más allá de lo político, han encontrado el terreno más fértil para el desarrollo de sus prósperos negocios. Es una gobernanza que ha sabido hacer síntesis de todos los males públicos del capitalismo, del socialismo y del fascismo, que se ha enquistado en el comportamiento de las masas, desde las más cultas hasta las menos ilustradas. El modelo populista o el “iliberal” son exitosos hasta bloqueando sus propias reglas, se perpetuán como dictadura con una fachada de democracia “iliberal”, híbrida, imperfecta. Es un modelo anti frágil populista que como nación conducir a una condición irreversible de estado fallido y violento.

La contrapartida de la anti fragilidad del populismo es la fragilidad del país como nación, el modelo de perpetuación del populismo es el de la pobreza atroz. El sostenimiento de un gobierno autoritario con un país frágil, es la de ajustes periódicos de salario básico, en menor tiempo en cada ciclo o la de una profunda depresión económica.

asfixia

Hay conjeturas sobre las razones por las cuales en el caso venezolano hay ausencia de movilización efectiva para la restitución de la institucionalidad democrática. Sin embargo, se carece de suficiente evidencia para la validación de las mismas. Algunas hipótesis son las siguientes:

  • Nivel alto nivel de temor y violencia entre los grupos más pobres que son los mayoritarios en el país.
  • Control de medios y presión propagandística efectiva por parte del gobierno que distorsiona la realidad y manipula emocionalmente a la mayoría excluida del país. Los pobres prefieren lo malo conocido que lo bueno por conocer, piensan que históricamente cada cambio político ha desmejorado su condición.
  • Las fuerzas democráticas tienen una configuración reactiva y no propia, como propuesta para la mayoría de los venezolanos. Está ausente una referencia comparativa superior al de las dádivas del populismo, se demuestra la ruina del modelo, sin una alternativa clara, creíble y confiable.

Hay en el Índice de fragilidad un componente que llama la atención “Élites fracturadas”, esta condición que revela elevada fragilidad, quizás allí podemos encontrar las pistas sobre lo que está aconteciendo.

Frab_2020

Fuente: Índice de fragilidad de Venezuela 2020

Enlace para descarga del documento: Populismo e “Iliberalidad”


[1] Para más detalles sobre la legitimidad en estados premoderno, modernos y postmodernos recomendamos la siguiente lectura: “Les États face aux « nouveaux acteurs »” , un texto alternativo se puede leer en:” El poder de la debilidad

[2] Índice de fragilidad del año 2016

[3] Índice de fragilidad de Venezuela 2016

 



Categorías:Economía, Política

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  1. El populismo: la ideología como coartada en el mecanismo de perpetuación (antifragilidad) del autoritarismo – Prospectiva y Previsión

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