Por qué lo obvio no es tan obvio: La ausencia de un Plan de Reformas Institucionales y Económicas.

El origen de los problemas no se presenta de manera clara a la gente, para quien enfrenta por primera vez una dificultad, la evaluación que hace tiende a ubicar la fuente en la manifestación del mismo y no en sus causas más profundas, también puede actuar de manera refleja confundiendo al estado deseado como la propia solución. Todo el cuadro crítico se amplía por el deseo de una solución inmediata a los problemas, así la premura conduzca a males mayores.

La realidad no se presenta al individuo sin un rodeo y un esfuerzo de captación, un marxista como Kerel Kosik afirmaba con razón:

“la realidad no se presenta originariamente al hombre en forma de objeto de intuición, de análisis y comprensión teórica—cuyo polo complementario y opuesto sea precisamente el sujeto abstracto cognoscente que existe fuera del mundo y aislado de él—; se presenta como el campo en que se ejerce su actividad práctico-sensible y sobre cuya base surge la intuición práctica inmediata de la realidad” [1]

Ante los aumentos continuos de precios, la gente puede ubicar la causa allí donde se manifiesta en el acto de la compra, resultando fácil asociar la fuente de los males con el vendedor. En otra perspectiva si en la cotidianidad, el valor de las cosas se comienza expresar en moneda extranjera, el individuo puede de manera refleja concluir que si sus ingresos se nominaran en moneda extranjera todo estaría resuelto. Ambas cosas pueden servir a quienes asumen un comportamiento interesado en el diagnóstico del problema y en el abordaje de soluciones, más cuando el resultado puede significar algún retorno pecuniario, académico o simplemente la captura de una renta, porque se es parte interesada en la fuente del problema o en la solución del mismo. Jarred Diamond en su estudio sobre el colapso de las civilizaciones afirma:

“Es una forma muy particular de choque de intereses que ha llegado a ser bien conocida bajo el nombre de ´la tragedia de los comunes´, que a su vez está estrechamente relacionada con los conflictos conocidos bajo las expresiones ´el dilema del prisionero´ o ´la lógica de la acción colectiva´” [2]

El esfuerzo del saber es complejo, difícil, consume tiempo, exige evidencias y de paso el resultado nunca es concluyente y definitivo, el conocimiento tiene una validez temporal más efímera que la obsolescencia de los intangibles, más difusa que la depreciación de los tangibles y más inestable que ambas. En la psique de la gente, los estados de crisis requieren una respuesta inmediata así sea un paliativo que no resuelve y que de paso da tiempo para que los problemas se agraven.

En nuestro país no podemos afirmar que hemos hecho cosas desastrosas por no conseguir prever las causas de la quiebra económica y social del país, todos conocemos sus fuentes:

  • Primero, la debilidad institucional por ausencia de poderes públicos autónomos, independientes y legítimos;
  • Segundo, por la asfixia regulatoria que permite multiplicar los males derivados de la primera causa. Ambas definen un cuadro de transferencia de rentas hacia los gobernantes, de allí toda su esfuerzo por asegurarse la perpetuidad en el poder.

Si es cierto que la magnitud del daño institucional al país no fue percibido por muchos venezolanos, siempre ha estado presente en la mente de nuestra gente que de un momento a otro siempre acontece algo que nos salva de la tragedia. Ante el desastre de la falta de gobierno en la administración del sistema eléctrico del país, es casi de esperar que si llueve en las cabeceras de los ríos que alimentan el sistema hidroeléctrico del país, la urgencia y la necesidad de cambiar un modelo desastroso se diluye y no se ejecuta ningún plan para mejorar al país. Hay un sentimiento de inmediatez en querer la solución de todos los males, pero aún conociendo cómo superarlos, la pereza social hace que cada quien piense que otro lo hará o tiene que hacerlo, para terminar peor, pero sin el desgaste de hacer algo diferente a lo que siempre se hace. Este drama es el de la falsa analogía de pasado en creer que siempre ocurrirá un evento salvador que nos liberará de toda responsabilidad.

Así que es necesario asumir responsabilidades con la debida honestidad intelectual para escapar a los dilemas aquí señalados, de allí el papel crucial que deberían asumir las las Academias de Ciencias, las Universidades Autónomas y los gremios profesionales cuya independencia y autonomía de juicio académico son decisivos en estas circunstancias de caos.

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[1] Karel Kosik, Dialéctica de lo Concreto, Versión al castellano y prólogo por Adolfo Sánchez Vázquez; México: Editorial Grijalbo, Colección Teoría y Práctica, 1967.

[2] Jared Diamond, Collapse: How Societies Choose to Fail or Succeed. New York: Viking Books. ISBN 1-58663-863-7

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Categorías:Filosofía, Política, Prospectiva y Previsión

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