Cultura gerencial, retórica y poder en Venezuela (revisión)

Durante los últimos diecisiete años no sólo a nivel político ha habido cambios importantes, también ha ocurrido con el propio comportamiento del venezolano, es bien evidente como la polarización se ha enraizado como modo de vida, con sólo escuchar a cualquier persona se nota el cambio. Hace unos cuarenta años únicamente en ambientes de taberna se manejaba un lenguaje carcelario, hoy es común ver desde niños, jóvenes, adultos y ancianos utilizando una jerga donde predominan improperios e insultos, resulta imposible sostener una discusión entre adversarios sin alguna ofensa.

¿Esta retórica se limitará solo al ámbito político? Pensamos que no, desde los años setenta hasta el presente he estado cerca de las pequeñas y medianas empresas venezolanas, se puede decir que esa cultura también se ha propagado en ese medio gerencial. Este entorno empresarial está en transición desde comienzos de los noventa, donde los fundadores cedieron sus funciones directivas a otra generación.

El relevo no es fácil:

Primero: Muchos de los fundadores crearon sus empresas “viniendo de abajo” fueron operarios, choferes, empleados que con mucha disciplina, sin modificar mucho su estilo de vida, ni la intensidad con que realizaban su trabajo se transformaron en exitosos emprendedores. Si el relevo generacional paso su existencia en la comodidad, es inminente una crisis generacional, más si creen que el éxito depende de los recursos materiales y financieros, sin darse cuenta que el emprendedor no tiene descanso y que una empresa hoy en día depende más en su valor de la capacidad generadora de riqueza que de las posesiones;

Segundo: Venezuela es un país de tradición institucional laxa, la ejecución eficiente y eficaz de una actividad, programa o proyecto, depende más de las capacidades derivadas del poder que de la autoridad. Entiéndase que el sentido que aquí damos a la palabra “autoridad” tiene que ver con las condiciones éticas, el talento humano, naturaleza emprendedora y sabiduría de un líder. Poder en cambio guarda relación con los recursos que posee una persona, más allá del talento y la ética para imponer sus criterios sobre la base del cargo que ejerce, como se dice en Venezuela “Jefe es jefe aunque tenga cochocho”, no importa quien sea con tal que mande. Es así que el autoritarismo es también la norma en la empresa venezolana, expresiones como esta lo ilustran: “Esto era para ayer”, “Estás de vacaciones o trabajando”, “Ese es tu problema”, “es si o si”. Se escucha decir: “pero es en esas organizaciones donde hay éxito”, pienso que resulta en lo inmediato pero no todo el tiempo;

Tercero: El que este sea un país petrolero donde priva el momento, la volatilidad, de manera que los precios suben desde 7 dólares por barril en 1997 hasta 109 dólares en el 2008, y luego caen a 28,27 dólares ahora mismo en marzo 2016, pareciera que no da el tiempo para serenarse y mantener planes más allá de un horizonte de 10 años, en un país donde mínimo transcurren seis años para crear una empresa, todo se convierte en un hay que recuperar con creces (de ser posible antes de que se vaya a invertir). Los instantes, el corto plazo, son tan breves que el factor clave es la retórica, no los hechos, es el terreno de la eterna promesa futura, más que emprendedores tenemos mercaderes, y el negocio mejor para un mercader es el de la política en el poder, porque como político se está cerca de donde hay, en un país donde el Estado es el dueño de hecho de todo;

Cuarto: La retórica manejada del modo que hemos mencionado conduce al imperio de la falacia, de la inconsistencia. Una revisión de las declaraciones de personas públicas en los medios inmediatamente nos remite a lo antes dicho: un funcionario con más de 14 años al frente de una institución afirma luego de salir y en apoyo a su sucesor en un proceso electoral; “en tres meses yo resuelvo los problemas sin recursos”, o bien “no habrá luego de mi gestión un niño más en la calle” y pasa el decenio y la ocurrencia es: “no hemos podido pues la anterior administración no nos deja”. Es esta la norma en nuestro país, y tanto lo es que pareciera que se logra más respeto mientras más grande sea la exageración, siempre habrá un recurso que justifique el lenguaje: “mira eso lo dije en otro contexto”, “las cosas cambiaron y no puedo”, “es una manipulación mediática”, “eso no lo dije en serio”;

Quinto: Donde todo transcurre en medio de buenas intenciones, en nuestro país es un orgullo poseer la constitución y las leyes más avanzadas del mundo, los Gobernantes están obligados a lograr la mayor suma de felicidad para los venezolanos. El problema radica en que para repartir primero hay que producir, si el Gobierno honrara todas sus deudas laborales, cumpliera con las normas ambientales y de seguridad laboral estaría quebrado al día siguiente.  Es un país convulso donde cohabitan costosas y voluminosas obras inconclusas por todos sitios, carencias de toda naturaleza, hospitales públicos sin dotación, servicios públicos que funcionan un día y otro no. Todo es paradójico en nuestra tierra, hasta el más humilde venezolano en su rancho se esmera de manera extrema por mantener la limpieza, pero en cualquier fin de semana, sin excepción de clase social lanzan cualquier clase de desechos y basura sobre las carreteras al regreso de las playas;

Sexto: Las leyes, las normas, los reglamentos, están sujetos a las reglas del poder, en cualquier instancia sea una alcaldía, una gobernación, una Universidad, la interpretación no depende de las pruebas, depende de la relación de poder. Es fácil perder la legitimidad pues las leyes, normas, reglamentos son tan exigentes que colocan al ciudadano en una condición de delito técnicamente inevitable. Por otra parte, se crean incentivos perversos, pues más retorno de una situación laboral, sea la que sea, tiene un trabajador que al amparo de la ley la utiliza en su favor, que el trabajador esmerado en realizar bien su tarea, pues la remuneración no se sujeta a la productividad sino a la relación de poder, y más gana quien menos haga.

Estas notas no deben hacer sentir mal a quien las lee, si el retrato aquí presente no le corresponde, Usted no pertenece a la mayoría y su esperanza no la pierda, practique con el ejemplo porque estamos apremiados del mismo. A pesar de todo tenemos gente capaz y buena, organizaciones como la Orquesta Sinfónica de Venezuela y organizaciones privadas que agregan mucho valor social, que comparten el éxito con su gente y que cuentan con una lealtad sin límites de su gente (como se demuestra día a día en medios como “El Carabobeño”, como ocurre con muchas organizaciones que aún sobreviven a la asfixia regulatoria gubernamental), en fin a mucha gente anónima que trabaja por diez. Este fenómeno hay que estudiarlo seriamente, más allá de estas opiniones.

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Categorías:Política, Sociología

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1 respuesta

  1. Recibido, mil gracias Ingrid

    Enviado desde mi teléfono inteligente Sony Xperia™

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