Sobre el declive de occidente y el ascenso de China: del resentimiento y la postración a la esperanza objetiva

Propósito

Arrojar luz al camino del silencio de quienes se crecen desde la adversidad con dignidad. Cada brisa que venga del norte, del sur, del este o del oeste, tibia o casi fría, del color de la vida que alivie la carga de los silentes, nosotros intentaremos extenderla como esperanza objetiva de quienes labran la tierra, aprietan tuercas, trasladan cosas para que hoy alguien acompañe su mañana con un bocado y no todos fenezcan en la postración.

Consideraciones previas

Esclarecemos para evitar equívocos en le interpretación de nuestra reseña:

Primero, La devastación de la economía venezolana tiene su origen en la carencia de un relato con sentido de propósito luego del año 1945 que pausadamente, en 1974, deriva en un populismo abierto para concluir durante los últimos 22 años en la demolición voluntaria del país como nación como pocas veces se ha visto en la historia.

Segundo, las sanciones no son el origen del problema, pero de la manera como se formularon han causado más dañ a la gente que a los responsables de un mal gobierno. Es conveniente reflexionar sobre los 60 años de sanciones a Cuba, han perjudicado más a quienes no tienen la opción de irse de su país, con un elevado costo social y sin haber reconstruido la democracia en ese país.

Tercero, la inmensa mayoría silenciosa de la gente de este país hace esfuerzos desde sus carencias y precariedad para sobrevivir hasta superarse con dignidad desde la adversidad.

Cuarto, este país, entre los de peor gobernanza en el mundo, no es irrecuperable y puede desde pequeños logros, en el quehacer de la mayoría, avizorar un mundo mejor desde si mismo, es una mala práctica cultural el resentimiento que recrea en la gente la idea de que si alguien vive algo mejor es por ser un colaborador, aliado circunstancial, un criminal, un ilegal o un informal destructivo de valor social.

2021: un año decisivo

Este es un año decisivo entre la superación de la pandemia y un nuevo estilo probable en el enfrentamiento EE. UU.-China por el liderazgo mundial. Al margen de las razones que sean, la brecha civilizatoria entre ellos se ha reducido y nuestra tesis es que esperan tiempos de coexistencia en rivalidad desde la inevitable complementariedad. Esa brecha tendrá como factor crucial la confianza, esa confianza que la misma China tiene en el dólar USD y que solo se alcanza cuando la emisión de dinero es responsable, libre y autónoma bajo control de la institución que la administra, es difícil, pero no imposible que China replique una especie de FED (reserva federal de EE. UU.) que solo se logra bajo la democracia deliberativa e integral -¿Un milagro?-.

Antecedentes

Son los referentes en relación con el tema que hemos creado desde el 2015 hasta el presente sobre el viraje de la gobernanza en China hacia su objetivo de constituirse el país con un liderazgo equivalente a EE. UU. en el año 2049.

Para el mes de agosto 2015 escribimos 2015 un año de cambios de estratégicos de la economía en China” (https://wp.me/pulKM-2VY). Las autoridades chinas declararon que la etapa del crecimiento acelerado había llegado a su fin, que habría un viraje hacia adentro y hacia la mejoría del bienestar de su pueblo. Ya estaban presentes los signos que emulan el estándar de vida del primer mundo occidental, de manera implícita es inequívoco que había surgido una poderosa clase media urbana con libertades políticas restringidas, pero con poder económico influyente.

En enero 2016, pensamos en el extravío populista-iliberal país de 75 años sin relato de propósito y de 22 años de demolición económica, política y degradación moral voluntaria, relacionado con ello y con las aspiraciones de China, esta vez el editorial fue “El capitalismo (economía de mercado) de China erosiona al socialismo radical de Venezuela” (https://wp.me/pulKM-3fd). En ese año 2016 el cambio de enfoque de la economía china significó por su volumen de comercio un mayor descenso del precio del petróleo. Peor para Venezuela un país con una pesada hipoteca de su petróleo en favor del gigante asiático. Se consolida la relación con China que hoy alcanza un total de 65.000 millones de $USD, como excepción a la regla se hizo sin condiciones, en cambio para la mayoría de los convenios financieros China-América del Sur la suscripción se efectuó apegada a la capacidad de generación de excedentes que permitan su pago, la adquisición de productos manufacturados de China y el suministro de materias primas hacia ese país. Mientras en esos países rige el principio de mínimo retorno, en Venezuela se dejó quedó sujeto a la discrecionalidad del gobierno, todos conocemos el destino de los fondos.

El mes de enero 2017, editorializamos con:Venezuela decadente: ¿Un satélite bajo la tutela de China?” (https://wp.me/pulKM-4b1). Venezuela sin condiciones ha otorgado todo tipo preferencias sin obligación de un uso de los recursos recibidos de forma que amplifique la acumulación productiva de capital. El caso es que esos fondos no se han utilizado de manera correcta y ni siquiera han servido para los mismos propósitos de China pues su aplicación en el país no ha recreado valor que asegure su pago posterior. 

Un año después en enero 2017 volvemos sobre el caso con: “La estrategia del gobierno del presidente Trump podría reforzar el estancamiento e inestabilidad mundial y el ascenso de China” (https://wp.me/pulKM-4be). En el mediano plazo podría ocurrir que la estrategia del presidente Trump termine haciendo la economía china más eficiente y en mejores condiciones para disputarle el liderazgo mundial. Es posible que una China empeñada en lograr legitimidad ante la OMC y en búsqueda de la consagración del Yuan como medio de pago internacional utilice su “soft power” como contrabalance de poder frente a la estrategia del presidente Trump con base en alianzas, incluido con factores propios de poder en EE. UU. con relaciones de comercio global con China

Con el advenimiento del proceso electoral de EE. UU. que consolida en enero de 2021 como presidente a Joe Biden redactamos:  “Una pausa en el ascenso del populismo-iliberal global y otra oportunidad para rehacer la democracia en el mundo” (https://wp.me/pulKM-4SS ). Hay signos de un crecimiento vulnerable de la economía mundial con una mayor desigualdad entre la gente, un impulso precario del entendimiento deliberativo global sobre la base de acuerdos. Los contenidos de mayor impacto son el retorno al multilateralismo y la refundación del BM, la OMS, la OMC, La UNESCO, la UNTACD, …

Criterios de demarcación

Lo que se comparte tiene el propósito de servir como una alternativa de evaluación de entorno para mejorar la calidad de interpretación de lo que acontece en el mundo para quienes toman decisiones como grupo familiar o como pequeños o medianos emprendedores.

En las redes sociales de nuestro país existe una cultura de reflexión distractora de los sujetos fundamentales de los escritos que se comparten en los medios, es por lo que haremos algunas precisiones sobre nuestra argumentación la cual hemos llamado “El declive de occidente y el ascenso de China”. Las clarificaciones son las siguientes:

Primero, China es un país capitalista de economía de mercado y autoritario con un partido de estilo leninista que procura el mantenimiento en el poder mediante una conducción ad-hoc, con contrapesos de poder al interior del partido comunista que reafirme incentivos nacionalistas, evite de la corrupción propia derivada del ejercicio de poder discrecional y contrarreste la asfixia regulatoria.

Segundo, luego de la revolución cultural China logró sacar de la extrema pobreza unos 800 millones de personas.

Tercero, durante el 2020 según el FMI, EE. UU. tuvo una caída del PIB de 8% y China un crecimiento de 1,9%, para el 2021 se espera que EE. UU. crezca al ritmo de 3,4% y China en 8,5%. La meta de igualar a occidente que se fijó China durante los “entre tiempos” de  Deng Tsiao-ping y Xi Jinping quizás se alcance mucho antes del 2049.

Cuarto, la pandemia redujo la brecha entre EE. UU. y China, pero también ha frenado las libertades económicas y políticas en China que han sido las claves de éxito de su modelo.

Quinto, el ascenso de China tiene como condición de incompleta suficiencia a la confianza que pueda generar en el Yuan como medio de pago internacional, el reto es más institucional que económico-tecnológico, es su dilema y es la fortaleza de la democracia occidental representada en la Reserva Federal de Estados Unidos que no es otra cosa que la emisión responsable de dinero, este es el verdadero gran poder real, es el “soft power” de EE. UU.

Sexto, la disrupción civilizatoria no es entre bloques ideológicos como lo fue la guerra fría y tampoco el reto económico japonés de los años 80, es algo difuso que enfrenta a dos países cuyo destino les obliga a la coexistencia entre complementariedades y rivalidad.

Séptimo, el ascenso quizás sea más de Asia con una China preponderante y una convergencia de intereses económicos entre India, Vietnam, Japón y Nueva Zelandia.

China y su influencia en América Latina y Venezuela

América del Sur es una replica pasiva ante lo que ocurre en el mundo en las relaciones con China. El ascenso del China tiene freno porque solo una democracia permite la debida confianza que exige un medio de pago internacional acorde con su condición de potencia global, la reserva federal de EE. UU. es el mayor poder económico de occidente.

Ya es lejano el año 2000 cuando China apenas alcanzaba un valor de intercambio comercial con América Latina y del Caribe de 10 millardos de USD, para el 2019 llega a los 315 millardos, es un intercambio de materias primas y energía fósil por manufacturados, inversiones directas y convenios de ayuda financiera. Para América del Sur es desde el 2015 el principal socio comercial.

Hay oportunidades para América Latina, más para Argentina, Brasil, Chile y Perú que poseen una larga tradición de comercio con China con una diplomacia comercial abierta (Chile y Perú) o disimulada (Argentina y Brasil); a modo de ejemplo, el presidente Jair Bolsonaro ha tenido una retórica alineada con la administración del presidente Trump que de seguro se mantendrá con el presidente Biden, pero ha reforzado en la práctica su relación comercial con China.

El viejo dilema marxista del intercambio desigual entre productos con bajos precios de del sur que contribuyen con el elevado estándar medio de vida en los países desarrollados, regresa a la mesa en las relaciones entre EE. UU. y China por un lado y América Latina por el otro lado. Pensamos que más responsabilidad hay en los países exportadores de bienes por los bajos precios que en los que venden productos de alto valor agregado. Ha sido diferente y más equilibrada la relación entre Perú y China que entre Venezuela y China, en el primer caso, Perú lo ha entendido como una relación fundada en lo económico en tanto que en Venezuela (como ha sido su práctica desde siempre) ha privilegiado lo político. Lo de Venezuela no lo hace ni siquiera Israel que recién cedió a China la reconstrucción del puerto de Haifa donde hacen prácticas militares los buques de la VI flota de EE. UU.

Venezuela es un extraño país donde gobiernos (antes y ahora) y oposición dan mayor importancia a lo político que a lo económico, claro antes no hacia falta ser cuidadosos pues había renta petrolera en exceso para cometer esos desafueros. Lo grave en este momento es que se siga planteando un discurso tan pobre y decadente como el de una supuesta amenaza comunista o socialista marxista como fuente de todos los males cuando ha sido la incapacidad para tener un relato de país como el que alguna vez se tuvo entre 1936 y 1945.

Lo mejor está por venir, la confrontación entre China y EE. UU. ha renovado en interés en la región lo cual supone un valor de intercambio de más de 1.000 millardos de $USD por año, imposible que alguna sombra nos llegue. Todo depende del Sur y la voluntad de recrear una gobernanza inmune al populismo-iliberal.



Categorías:Prospectiva y Previsión, Venezuela

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