Venezuela

De mal en peor es lo que revelan las pocas estadísticas que ofrecen las instituciones públicas a febrero 2015 (Francisco J Contreras M)

Un país que va de mal en peor, y no hay forma, de que ni el gobierno y los analistas centren su atención en los males fundamentales del país. Sigue una charada mediática e inmediatista, centrada en medidas económicas aisladas, cuando el problema fundamental tiene como única solución el diseño de políticas económicas en función del impacto anticipado de las regulaciones a través del mercado, en un ambiente de autonomía e independencia de los poderes públicos.

Los fallos del mercado bajo el socialismo del siglo XXI (II)

Definitivamente bajo el socialismo del siglo XXI los fallos de la economía de mercado se transforman en fallos de mercados paralelos. Las regulaciones y la gestión pública formulada ignorando la capacidad de respuesta del mercado, no solo acrecientan los fallos del mercado sino que dan origen a otros fallos propios de las regulaciones, tanto o mas graves que los propios problemas que pretende corregir. Se recrea todo un síndrome donde cada regulación da origen a otra mas intensa con mayor costo y destrucción de valor social.

Reporte sobre la inflación del mes de mayo del 2009 de Venezuela

Según información aparecida esta semana en el sitio internet del Banco Central de Venezuela , la inflación correspondiente al mes de mayo alcanzó 2,0%. Por quinto mes consecutivo la inflación se ubica en un nivel por debajo de lo esperado por los expertos y por encima de lo anticipado por el Gobierno. Para que la meta del Gobierno (15%) se alcance, la inflación mensual debería ubicarse en lo sucesivo en 0,78%, para que ocurra lo esperado por los expertos (más de 32,55 en promedio) la inflación mensual debería sobrepasar el 2,85% en los meses sucesivos del año en curso.

Reiteramos, es la clase media la que soporta el mayor impacto de la inflación, sus opciones de consumo disminuyen pues la gama de productos se reduce, sufren el mayor efecto inflacionario pues los productos que compran son los de mayor componente importado (y estos todavía no han ajustado sus precios al salir de la lista CADIVI) y no pueden recurrir a otros mercados pues el costo de la búsqueda alternativa (por ejemplo en establecimientos de MERCAL) puede anular las ventajas de precios más bajos.

Sigue siendo nuestro país el de peor desempeño en términos de estabilización dentro de América Latina, ello nos remite a nuestra hipótesis: la crisis en nuestro país es de otra naturaleza, guarda más relación con la conducción económica y política del Gobierno, que con la crisis financiera mundial, similar al caso Argentino. La naturaleza de la crisis financiera actual es esencialmente recesiva, es decir, con cierre de empresas, con caída del crecimiento, con desempleo y con disminución del índice general de precios, así lo revela la evidencia empírica en el mundo, América Latina no es la excepción, salvo los casos Venezuela y Argentina. No es azar, Argentina es uno de los graneros más importantes del mundo y Venezuela uno de los proveedores de petróleo más importantes del mundo, hace en ambos casos, que el Estado no tenga que hacer grandes esfuerzos de regulación eficiente del mercado o ser eficiente en sí mismo como productor de bienes y servicios. Es esta razón por la cual el argumento de que la tierra y la riqueza del subsuelo son generadores de renta, mas no de riqueza, es en cierta manera válido.

Mucho se ha hablado sobre la historia económica del país durante la era petrolera, incluso llegándose a señalar al petróleo como el “estiércol del diablo”, expresión que se le atribuye a Juan Pablo Pérez Alfonzo en su diagnóstico de los setenta sobre el “efecto Venezuela”. Uno encuentra tanto en el pensamiento de derecha, como el de izquierda, la demonización del petróleo, cuando es un asunto político con efectos económicos. Mucha tinta ha corrido tratando el tema en términos sociológicos, ideológicos y políticos, ello es importante e insoslayable, pero es imperdonable el desdén con que se ha manejado la aproximación económica del asunto, al ideologizar cualquier análisis económico por considerarlo “neoliberal”, como si las fuerzas del mercado operaran sólo bajo en capitalismo, cuando peor son los males bajo las formas arcaicas del socialismo, donde brota como la mala hierba la especulación y los “mercados negros”. Las formas exitosas de socialismo, con más libertades (Chile, España,…), o con menos libertades (China) guardan relación con la manera como se conduce la política económica: a través de las fuerzas del mercado, no sustituyéndolas.

En nuestro medio reina la retórica, de modo que se le puede atribuir a Alberto Adriani y a Arturo Uslar Pietri, inclinaciones fisiocráticas por enunciar una frase como la de “sembrar el petróleo”, cuando la expresión corresponde a una manera de hacer llegar al gran público, la idea de que ese recurso no renovable había que darle otro uso, diferente al de transformarnos en compradores de baratijas, a través del comercio internacional, así se fuera socialista o capitalista, y que había que dar un uso a los recursos derivados del petróleo anticipando las respuestas del mercado, no con la fatal arrogancia de pretender su destrucción, cuando al mercado apenas se le puede regular. El discurso académico venezolano está muy cargado de hipótesis, especulación y poca evidencia.

Hemos construido una tabla tomando valores constantes del precio del petróleo (al año 2008), calculando los precios promedios como media geométrica de la serie mensual que va desde el año 2004 al año 2008. En estos tiempos de socialismo a la venezolana, desde el 1994, se pueden identificar tres momentos, uno de tendencia a la baja en el precio del petróleo (1994-98), otro de estabilidad (1999-04) y otro de alza (2005-08), en todo momento, con bajas o con alzas unos precios que ningún otro bien ha tenido en el mercado mundial. En ese lapso ha ingresado al país casi 872.000 millones de dólares: ¿Cuánto se quedó en el país en términos de infraestructura social, de parques industriales, de reducción drástica de la pobreza? ¿Cuánto hemos dilapidado?, de allí que califiquemos al problema como económico.

Lo que fue una hipótesis es una realidad: diferimiento de los compromisos de pagos con proveedores y sector laboral, reducción del otorgamiento de divisas a través de CADIVI, disminución del aporte a Gobernaciones, Alcaldías, Universidades, y todavía resulta insuficiente para la contención de la inflación. De alguna u otra forma no existe alternativa, hay que contener el gasto y asegurar el uso productivo de los que nos queda, porque no tenemos recursos para sostener compras en el exterior. Neoliberal, populista o socialista del siglo XXI, un sistema de Gobierno puede mejorar las cosas pero no hacer milagros, aumentar la capacidad productiva de un país no se logra en menos de seis años, ni con discursos. La única forma de cerrar esa brecha entre el gasto y la producción en Venezuela es a través de la inversión, preguntamos: ¿Desde cuándo no se realiza un esfuerzo real de crecimiento?, buscando la respuesta llegamos de nuevo a la Venezuela de Alberto Adriani. El asunto es como desviar los proventos de la explotación de hidrocarburos desde al gasto a la inversión. No se puede vivir eternamente gastando más de lo que se produce.

La inflación del lado de los costos penaliza más que la inflación por el lado de la demanda, en los próximos meses es posible que podamos poner a prueba este planteamiento; se trata de la industria automotriz y de la industria de autopartes, las cuales se encuentran haciendo frente a dos problemas: los laborales y el aprovisionamiento de divisas para hacer frente a sus necesidades. Cuando se trata de inflación de demanda la industria puede responder con mayor producción, no pierde, ni existe riesgo de quiebra. Algo bien diferente es cuando tus costos suben y tienes dificultades para transferir los efectos a precios, es el caso actual. En el caso de inflación de costos e impacto recesivo, los efectos de costos no se limitan al aumento de precios de los insumos, se extienden, pues la absorción de los costos fijos disminuye y se distribuye entre menos unidades con una incidencia mayor de costos.

Hasta hace algunos años la venta de vehículos reflejaba mejor la coyuntura. Hoy en día la motivación de compra no sólo responde la necesidad de uso y de status, es un medio de resguardo del patrimonio familiar, a lo cual se añade la moderación de la oferta a través del suministro de divisas de CADIVI y la programación de la importación de vehículos. El futuro es indeterminado con tendencia a la baja.