La importancia del civismo y la educación.

En Venezuela, las enseñanzas de 40 años de populismo democrático, y desde hace 17 años, de populismo autoritario y salvaje, las ha aprendido casi todo el mundo fuera de nuestro país: no es posible bienestar sin trabajo creador.

Se ha hecho ver a los desposeídos que son la contraparte del que vive mejor (aun cuando sea tan solo algo menos pobre) y es así que el individuo aspira la igualdad en la miseria (que el otro lo iguale en su pobreza) en lugar de búsqueda de una vida más digna como ser humano.

Venezuela ha sido un país donde prevalece, en la mente de la gente, el corto plazo, la pereza intelectual, la viveza, la acción, el pragmatismo, el inmediatismo, todos ellos han constituido los ingredientes necesarios y suficientes para el éxito, sea político o económico, pero su precio ha sido muy alto.

Insinuar a un “alfabeta” en este país sobre la necesidad de algo elemental como hablar y escribir bien en su lengua es toda una ofensa, hay desprecio hacia lo cortés, educado y lo cívico, prevalece un culto a la jerga carcelaria, se confunde lo erótico con la pornografía y al humor con la comicidad.

El resultado esperado de este cuadro de patética ineptitud es el ya conocido: una ranchería donde se cuece la inmundicia y la marginalidad, sin servicios públicos, pleno de enfermedades de todo signo, donde se recrea la más profunda pobreza. Sin espacio para la formación ciudadana, no habrá inversionistas, ni recreación, ni empleos dignos, ni calidad de vida, sólo podredumbre, contaminación y miseria, el caldo mas deseado para los políticos mesiánicos y redentores que ven en la tragedia, los votos revolucionarios, patriotas y hasta “democráticos” de las próximas elecciones.

Reiteramos lo único que puede preservar a lo que resta de nación es la respuesta que una clase social emprendedora de a la sociedad: gente capaz y vanguardia del conocimiento transformador, estos son productos valorados por igual, cualquiera que sean la circunstancias, para salir de la bascosidad.

Hay que pensar de manera independiente. Una conducta independiente garantiza, la libertad de expresión, de pensamiento y de acción requerida en cualquier espacio de civilización.

Sólo cuando se es independiente es posible la creación de valor social de un personal idóneo y capaz, sin estar presionado por el pacto o la componenda que lo llevó al poder.

Las capacidades y las virtudes tienen valoración distinta según quien las enjuicie. Los maquinadores, los compradores de votos y los conspiradores son capaces y virtuosos si resultan ganadores en una elección. El independiente las valora por el éxito obtenido en mantener, un país comprometido con el futuro, no con el pasado.


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Categorías:Filosofía, Política, Sociología

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