Fragilidad deliberativa de los factores democráticos en Venezuela

La política como emprendimiento iliberal

Bajo condiciones de crisis extrema, el ambiente deviene en un hervidero de todo tipo de actuaciones perversas y de situaciones, los intereses particulares ganan fuerza con la debilidad institucional. Esas anomalías son características presentes en los conflictos más serios del mundo actual, cuya agenda política ya no solo es impuesta desde los países centro sino desde los propios estados débiles y fallidos. Urge una revisión de los contenidos que guardan relación con la conducta de la gente de manera que las creencias, la moral, las emociones, la religión, el estado y la economía no se desvíen de su esencia y pasen a servir de instrumento para la exclusión y el conflicto como prósperos negocios de la élite rentista del populismo. Es el terreno de la retórica populista para resquebrajar uno de los principios de la democracia: las reglas de la verdad deliberativa.

Estos nuevos emprendedores de la democracia “iliberal” coordinan sus actividades para sí, con autonomía y movilidad, sus acciones incluyen todo tipo de ilícitos, contaminando empresas, políticos, medios y actores individuales que no poseen poder en el Estado. Aunque los humanos sean racionales, sus juicios pueden ser inexactos por falta de información completa o por manipulación. La asfixia regulatoria, la discrecionalidad del poder público y la debilidad institucional son el resguardo de todas esas actividades perjudiciales cuyo reflejo se manifiesta en mercados negros, escasez, inflación y propagación de la miseria.

El rechazo a la evidencia -en el caso de las verdades experimentales- y de los criterios de demarcación en el discurso democrático -en el caso de las verdades deliberativas-, constituyen el origen para asumir que cualquier cosa puede ser real dependiendo de la manera como se vea, es la condición pos factual en la cual se privilegia el desorden, el individualismo y la desconfianza hacia todo y entre todos, perdiéndose el factor crítico de éxito del sentido de propósito, ha sido el éxito en la perpetuación de la cultura “chavista” entre los venezolanos sin exclusión de los propios factores democráticos y más en sus variantes radicales.

El poder estratégico del gobierno, la subordinación mediática de la gente y la fragilidad deliberativa de los factores democráticos.

Una aproximación mediáticamente subordinada coloca a la gente en una condición reactiva, frente a un poder que si tiene un dispositivo estratégico conforme con su visión de perpetuarse en el poder. La tentación mutua entre la gente y los medios, de escuchar y ofrecer lo que se desea sentir y de negar la realidad cuando es desagradable para sus creencias y para el entendimiento, hace difícil la deliberación reflexiva de cualquier propuesta. El descontento social hacia el gobierno da lugar a comportamientos interesados ingenuamente optimistas de una gobernanza democrática que se cree inminente y emergente, de modo que promoción reactiva de agendas particulares para el aprovechamiento futuro se hace dominante cuando la superación de los males públicos que padecemos pasa por un acuerdo donde se privilegie de manera transparente un proyecto de país.

Lidiar con el populismo es difícil, es un sistema complejo donde confluyen variados intereses sin posibilidades de aislar relaciones causales, cuando se identifica alguna secuencia, fácilmente se puede transformar en otra totalmente diferente. La única regularidad que se puede encontrar en el populismo es la extracción de rentas de los demás a través de la demagogia. El razonamiento convencional excluye lo que se expresa de forma difusa, y dado que la verdad reside en la ambigüedad, se hace inútil para hallar contenidos terminales en las ciencias morales y políticas.

La estabilidad que pretende la asfixia regulatoria per se no es buena para la economía: las empresas se debilitan pues la dependencia de prebendas y regulaciones, las hacen ineficientes. La ausencia de contratiempos, errores y aciertos niegan cualquier posibilidad de mejora y las transforma en destructoras de valor social, es la explicación del cómo toda organización nacionalizada al término del tiempo desaparece o se transforma en un crematorio de recursos productivos.

 

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Categorías:Política

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