La enfermedad holandesa y el efecto Venezuela (parte II)

Se ha retomado el debate sobre la enfermedad holandesa en Venezuela, y sirven estos últimos diez años para someter a la prueba lo que se ha llamado “Programa Nacional Popular” como aproximación del manejo de una riqueza como la del petróleo. Más allá de lo político y lo ideológico no parece que la administración de dicho recurso supere en resultados para el país con respecto a las otras propuestas. Desde la participación en regalías e impuestos por el uso de un recurso propiedad del Estado, pasando por la nacionalización, por la apertura y ahora por el PNP, no hemos tenido logros, se sigue siendo el mismo país que compra en el mercado internacional casi todo y que fuera del petróleo no existe más nada, todo esto sin adentrarnos en el análisis de la empresa estatal PDVSA, en términos gerenciales, de progreso técnico, de creación de riqueza.

Vale la pena recordar un poema de Jorge Alberto Zalamea:

“De Venezuela la rica, la más rica, la mil veces rica, la riquísima – inesperado centro de musicalia, sede de la más audaz arquitectura, lonja de artistas, mecenas estrellado (¡oh antifaz, oh máscara, oh irrisión!) -, de Venezuela humeante de petróleo, humeante de pan, han venido cinco millones de pobres venezolanos y los millares de sombras que toman aquí, entre vosotros, vacaciones de los penales, presidios y cárceles en que pagan el planteamiento de un pleito: ¡el vuestro, el nuestro!” El sueño de las Escalinatas (Bogotá 1964)[1]

El poema de Zalamea nos remite a la tragedia de los países que en medio de la abundancia que le depara la naturaleza, lejos de alcanzar alguna referencia de desarrollo económico y social, se encuentran en el estancamiento o la involución. No obstante, acostumbrados a fijar la atención en ejemplos de mal desarrollo, hay excepciones, países con cuantiosos recursos naturales que superaron la susodicha maldición de la abundancia: Australia, Canadá, Finlandia, Noruega, Nueva Zelanda y Suecia. O, como lo vienen intentando durante los últimos decenios, países como Costa Rica, Chile, Malasia, Mauricio y Botswana. La regularidad en estos procesos está en una fuerte convicción cívica que impide ceder a la tentación del uso de esos recursos con fines esencialmente políticos, a través de formas de legitimación electoral. Es el Estado al servicio de la gente y no al revés, la clave de éxito.

Se sigue hablando de la Enfermedad Holandesa en Venezuela, y el  verdadero problema es que se sigue pensando que los objetos y las cosas poseen atributos morales[2], cuando estos corresponden a los humanos, así se plantea que el petróleo, estiércol del diablo, es la fuente de las desgracias de este país, ¡pues  no! , está en la propia gente, en los venezolanos. Pensamos que tampoco la causa está en los líderes que han dirigido este país, ellos simplemente han aprovechado la oportunidad que brinda un pueblo cuya cultura, por alguna razón, esta imbuida de inmediatismo, amante de la retórica, y con valores poco propicios para el desarrollo de la ciudadanía.

Cuadro de Hipótesis: La posesión de recursos que no son  productos del trabajo, con cualificación rentística, sume a los pueblos en una suerte de maldición de abundancia.

Tesis I: La renta petrolera ha desbordado la capacidad de absorción de capital de la economía venezolana: La estrechez del mercado estableció límites a la expansión industrial, la sobrevaluación del bolívar, con el cierre del mercado externo, se erigió en obstáculo al desarrollo. Venezuela, por la estrechez de su mercado interno, a nivel de formación de precios, está constituida por oligopolios técnicamente inevitables. Tanto el cierre al sector externo como la apertura sin regulaciones son extremos y no pueden ser la guía para la instrumentación de políticas económica.

Tesis II: El ingreso intermitente y masivo de divisas lleva a una sobrevaluación del tipo de cambio y a una pérdida de competitividad, lo que perjudica al sector transable. Al apreciarse el tipo de cambio real, los recursos se reasignan desde la manufactura hacia los segmentos no transables y a la rama primario-exportadora en auge. Esto distorsiona la estructura de la economía al distraer los fondos que podrían dirigirse a los sectores que propician más valor agregado, empleo, progreso técnico y efectos de encadenamiento.

Tesis III: Esa abundancia de recursos externos, alimentada por los flujos que generan las exportaciones y los créditos fáciles, lleva a un auge temporal del gasto e inversión improductiva: generalmente significa un desperdicio de recursos que impulsa la sustitución de productos nacionales por importados. Más grave aún cuando es el Estado el administrador de los sectores con ventaja comparativa de costos, porque los incentivos perversos operan a favor del deseo de perpetuidad en el poder, de quienes lo detentan, a costa de los intereses del propio país.

Tesis IV: La explotación de los recursos naturales no renovables en forma de enclaves crea poderosos Estados empresarios dentro de débiles Estados Nación. Una regularidad en los países con poco éxito en la administración de la abundancia, es que dan lugar a Gobiernos Empresarios, con un Estado de débiles instituciones. De los fallos del mercado pasamos a los fallos del ejercicio del poder sin límites, ni contrapesos.

Tesis V: El problema radica en los gobiernos, los empresarios e incluso la ciudadanía de nuestros países con mal desarrollo: no han sido capaces de idear las políticas económicas y las reformas legal-estructurales requeridas, ni se ha podido conformar las alianzas y los consensos necesarios para aprovechar las enormes potencialidades y asegurar la transición de economías dependientes hacia economías autosustentables, con integración nacional y mercado interno; en suma, hacia sociedades más justas y equilibradas.

Estas reflexiones hemos querido compartirlas entre nosotros, con grupo de profesores perteneciente a la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, de la Universidad de Carabobo, como parte de nuestra propia actividad. He redactado este documento que no compromete al grupo con lo escrito en el mismo.

Enlace: Enfermedad holandesa Parte II

Francisco J Contreras M


[1] Jorge Alberto Zalamea. “Sueño sobre las Escalinatas”. Bogotá, 1964.

http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz1.php&wid=2479&p=Jorge%20Zalamea&t=Ya%20est%C3%A1is%20aqu%C3%AD,%20creyentes%E2%80%A6%20(El%20sue%C3%B1o%20de%20las%20escalinatas%203)&o=Jorge%20Zalamea

[2] Existe un buen trabajo donde se puede encontrar una aproximación del planteamiento, citamos al Profesor Jesús Puerta:  “Raíces de esa semantización moral del petróleo las encontramos ya en Alberto Adriani, cuando considera al petróleo como una mina más que daña el ambiente natural y no contribuye a formar la ética del trabajo y el ahorro del “homo economicus” que Venezuela requiere para poder desarrollar una economía independiente”, aún cuando pensamos la idea de Alberto Adriani corresponden  más bien un planteamiento económico del cómo utilizar un recurso y transformarlo en fuente de desarrollo, es el uso el que da lugar a un incentivo perverso favorable al gasto improductivo.

http://74.125.95.132/search?q=cache:Pwt31kWoNKcJ:servicio.cid.uc.edu.ve/faces/revista/a6n13/6-13-7.pdf+%22jes%C3%BAs+Puerta%22+petr%C3%B3leo&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=ve



Categorías:Análisis de Entorno, Política

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  1. El Petróleo y sus falacias: ¿Venezuela que haremos? (Francisco J Contreras M) | Prospectiva y Previsión

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