Los eventos climáticos y ambientales, la disrupción tecnológica y la bifurcación «civilizatoria» de la gobernanza democrática están dando lugar a un proceso de «relocalización» de la manufactura en el mundo. Esta transformación global se aceleró con la pandemia del COVID-19 cuyo impacto se impuso a la resistencia al cambio y a los temores a lo desconocido de cualquier desafío a los modos de vivir y las maneras de gobernar establecidos.
