Un país a la deriva con la brújula perdida.

La geopolítica en la perspectiva energética y alimentaria devela para Venezuela un escenario de perplejidad, pues un país con una dotación privilegiada de energía fósil, hidroeléctrica y con un potencial de desarrollo de fuentes alternas, sufre una penuria equivalente a la de un país desvalido de esos recursos, en un estado permanente de conflictividad. En lo que resta de este año, para el sector agrícola de nuestro país se espera una buena cosecha de cereales y de producción avícola de proteínas, en condiciones precarias de financiamiento, inseguridad y con problemas de abastecimiento de materias primas e insumos.

En el mundo, desde hace 10 años el aliciente para invertir en la producción de energía decayó, mostrando su declive antes del bloqueo de Suez, de la pandemia y de la guerra de Ucrania. La inminente insuficiencia relativa de la oferta ya estaba revelando los signos de su fragilidad en la generación y distribución de fluido eléctrico, de combustibles, de gas, a la cual se debe agregar la escasa contribución de fuentes alternas, eran anuncios del fin de la abundancia del decenio que le precedió, en los países más avanzados.

El ritmo globalizador de la economía mundial dio señales de fatiga con el regreso al proteccionismo como reflejo de la confrontación entre EEUU y China, con la participación de las potencias de segundo nivel de Asia, de la Unión Europea, de Rusia que les rodean en connivencia, es una realidad emergente diferente a los conflictos del pasado, es decir, con respecto a las dos guerras mundiales y a la guerra fría.

Confluyen fuerzas que alimentan la complejidad, la fragilidad, la incomprensibilidad y volatilidad de lo que puede acontecer. Como ejemplos, la reactivación del uso del carbón en tanto se encuentre desenlace con menos impacto sobre el cambio climático, el reacomodo de la producción y de la logística del gas natural y su relación con la producción y distribución de fertilizantes, el sacrificio de las ventajas derivadas del libre comercio y de una localización económica eficiente en razón de la conflictividad mundial. Todos estos eventos, en el tiempo, espacio, contexto económico, político y social están relacionados entre sí, de forma no lineal e impredecible.

Estamos en el final de las ideologías como proyectos políticos y de las teorías conspirativas como explicación de lo que acontece, ambas presunciones vienen siendo refutadas por los hechos, pues nos encontramos en un mundo predominantemente capitalista de connivencias, no hay más espacio para el desborde arrogante de la creencia de saber todo lo ya vivido y no formular propuestas así no sean las mejores.

En definitiva, agricultura y energía guardan una estrecha relación muy importante para el mundo y más para nuestro país, pero sorprendentemente, no despiertan en el discurso político de Venezuela, la necesidad de una narrativa relacionada con la urgencia de acometer un plan para el desarrollo de esos sectores.

Los debates deben tomar distancia de las disputas políticas y ser pensados con sentido económico estratégico sin diferimiento. Hay más claridad en el planteamiento del presidente Gustavo Petro en el caso de Monómeros Colombo Venezolanos S.A. que de nuestro lado, mientras en Colombia se diserta sobre la importancia de la producción de fertilizantes para la agricultura de su país, del buen funcionamiento de la empresa y de la intención de comprar hasta un 51 % del capital accionario, del lado nuestro, la diatriba sigue el curso político de la búsqueda de responsables del desastre.

Más distante, Irán con una larga historia de conflictos y de sanciones internacionales puede en seis meses recuperar toda su capacidad exportadora, en Venezuela ese lapso es indeterminado, además del deterioro físico y tecnológico de la infraestructura petrolera está la descapitalización en talento humano expulsado o ido del país cuyo regreso es bien difícil luego de hacerse de una vida estable y segura con una familia extendida que siente más arraigo donde se encuentra que hacia el desconocido país de sus padres. Paradojas, es más fácil que Chevron añada unos 120.000 bdp en tiempo real y unos 300.000 bdp en cuatro meses que para el resto de las empresas petroleras establecidas en el país.

Hay que romper el cerco de los extremos, no estamos solos y nos necesitamos todos, nadie va a venir del resto del mundo a salvar una sociedad que en medio de la abundancia de recursos externos (más de 500.000 millones de $ USD en diversas formas de capitales inmovilizados o fugados), internos convencionales (petróleo, gas natural, hierro, bauxita, minerales y piedras preciosas) y ahora para completar coltán y quizás tierras raras. Es necesario abandonar la idea del conflicto permanente de querer ganar a través del aniquilamiento del supuesto adversario.

El pesimismo como cultura frente a los escenarios económicos.

Una de las razones por la que no se consideran escenarios más positivos es que requieren un esfuerzo mayor para recrearlos. Si al futuro se le describe con fatalismo pesimista e inevitable, el individuo se libera de la responsabilidad de las probables consecuencias negativas que le esperan; si las cosas van mal otro será el culpable. Por el contrario, si se describe un futuro prometedor por el cual todos los seres humanos debemos trabajar, significa que cada uno de nosotros debe asumir la responsabilidad de su propia vida y de la contribución que podemos hacer hacia la recreación de ese futuro.

A pesar de nuestra fascinación por los posibles cursos del porvenir, no olvidemos que son pura ficción. El futuro se define precisamente por el hecho de que todavía no existe, excepto en forma de imágenes, positivas o negativas. Sin embargo, el tipo de futuro que esperamos influye mucho en nuestras acciones presentes. Luego del estallido del tipo de cambio, las últimas tres semanas en Venezuela han estado cargadas de todo tipo de expectativas.

Mas allá de lo previsto, lo tradicional y lo predecible del pasado, ahora hay que estar abiertos a la comprensión de eventos cuya normalidad es lo probabilístico y dedicar tiempo a la búsqueda y discernimiento de la información útil, es decir, de la que es pertinente para lo que se desea comprender y así actuar juiciosamente. Para quien manufactura, los adelantos tecnológicos, la complejidad de los procesos de producción, aprovisionamiento y distribución hacen muy sensible el trabajo en relación con la multitud de variables que deben ser consideradas para tener éxito. Para el emprendedor, se está en presencia de un entorno sin tiempo para la especulación ni para la extracción de rentas a través de la manipulación de los precios. Un buen ejemplo de ello es la actividad agrícola que involucra materia viviente y no materia inerte, específicamente vamos a referirnos al sector avícola de postura.

Desde octubre de 2020 hasta julio 2022, a puerta de planta, en el sector de postura los precios y los costos en $ USD aumentaron respectivamente en 90% y 98%, en tanto la tasa de cambio lo hizo en 1519% y la inflación en 3683%. En el mes de agosto, durante las tres últimas semanas el precio de la caja de huevos bajó en 7%, 2% y 1% y durante las mismas semanas los costos se redujeron en 2%, 1%, y 0,5%. Muy probablemente esta sea la realidad de todo el sector agrícola animal.

Los procesos productivos en este sector, se mantuvieron con normalidad. Es decir, con los mismos volúmenes de producción, de consumo de materias primas, de empleo, de mantenimiento y administración. La novedad es que el tipo de cambio y las tensiones del mercado se reflejaron con aumentos de los precios en bolívares a nivel de consumidor. Una cuestión son los precios a nivel de productor y otra a nivel de consumidor.

Se interpreta que, si en tiempo real la demanda y la oferta física son las mismas y el proceso de producción no sufrió cambios, entonces, las variaciones de precios del producto final para el consumo se deben a acontecimientos externos al sistema avícola, es decir al alza del tipo de cambio inducida por la emisión irresponsable de dinero. Los efectos reales se manifestarán en el futuro próximo con un reacomodo de precios de materias primas, insumos, partes, piezas y costos laborales. Las proporciones de cambio en la estructura de costos dependerán del peso del componente importado, del nacional y de los ajustes de los costos laborales. A esta condición no escapa ninguna otra actividad económica. Con sus particularidades, todos sufrirán un impacto no instantáneo y acumulativo, como consecuencia de la emisión irresponsable de dinero.

En definitiva, la emisión irresponsable de dinero y su aplicación en actividades que no agregan valor, permiten recrear la ilusión de aumentos salariales que posteriormente serán más que proporcionalmente erosionados por la inflación. De este modo los gobiernos disipan su responsabilidad en la incidencia sobre los precios e incitan un discurso colectivo de mutuas recriminaciones entre la gente y los diferentes actores sociales.

La “dolarización”: una elección moral ante el desorden monetario

La necesidad de la responsabilidad coyuntural de gestión de las variables controlables de política económica

Estamos frente a una “elección moral” pues la cultura de la “emisión irresponsable de dinero” está tan arraigada en nuestro país que en la práctica resulta imposible para quienes ejercen el poder de emisión renunciar a hacerlo. Esta realidad histórica permite la previsión adecuada y prudente de que nunca habrá continencia por parte del funcionario desde el momento que disfruta del poder de emisión. Los daños de los procesos inflacionarios afectan esencialmente a los más vulnerables de la sociedad y forman parte de los orígenes de la demolición socioeconómica del país..

Es una elección moral fundada en la buena intención y la buena acción para aliviar el sufrimiento de los pobres y liberar las capacidades de quienes producen y emprenden. Los efectos presumibles de la supresión del señoreaje y de la soberanía que supone una “dolarización” tienen impactos tolerados que guardan proporción con lo que se intenta. Hasta ahora, el señoreaje y la soberanía que permite la emisión de dinero solo han tenido efectos perversos.

Conceptualmente lo que hemos llamado, con mucha precisión, “irresponsable” es la pretensión de hacer uso del dinero con propósitos bien distintos a los de asegurar la estabilidad monetaria y la autonomía del ente emisor. Ni Keynes ni Hayek, y tampoco Friedman, plantearon el uso del dinero más allá del resguardo de la estabilidad del sistema de precios. En el caso de Keynes hubo diferencias en materia fiscal que se plantearon de manera muy clara, con el uso excepcional del déficit fiscal solo bajo existencia de desempleo involuntario con fuerza laboral calificada del tipo que requieren las empresas en operación, excedentes de existencias de materias primas, partes y piezas y plantas industriales en condiciones de subutilización. Esas son las condiciones actuales en EEUU y la UE que se refuerzan con el imperativo geopolítico del conflicto en Ucrania (impacto sobre el 30% de la producción de maíz y trigo, y 60% en la de girasol).

Lo que sí es un craso error es atribuir los ajustes de precios, en un mundo en transición, al manejo del dinero cuando obedecen a la bifurcación civilizatoria geopolítica, a la disrupción tecnológica y a los daños a la biodiversidad (entre ellos la misma pandemia). La deslocalización industrial en el mundo con el advenimiento de la impresión 3G y la tecnología 5G nos indica la existencia de una destrucción creativa, equivalente a la “Schumpeteriana”, que se agrega a todos los eventos anteriores.

Todo lo que la ciencia y la experiencia en materia monetaria ha sido reconocido en el mundo se tergiversa en Venezuela, porque el sostenimiento de la emisión irresponsable ha destruido al país y ha afectado esencialmente a los más vulnerables. Desde 1973 hasta el presente hemos acumulado estudios y evidencias sobre la emisión irresponsable de dinero, la inflación y el tipo de cambio con series de tiempo mensuales sometidas al rigor de pruebas “estocásticas” que validan lo antes dicho.

La emisión de dinero en EEUU y en la UE, desde la época de Charles De Gualle, dejó de ser institucionalmente irresponsable. En esos lugares la creación de dinero no es controlada por sus gobiernos sino por el ente emisor con autonomía y reglas de actuación bien claras.

Esa cultura rentista de meter la mano en el bolsillo de la gente para extraer su poca capacidad de adquisición con emisión de dinero es inmoral y quienes han pasado por diferentes unidades de investigación lo saben. En esta nación hay emprendedores, gente y organizaciones que, sin relaciones privilegiadas con ninguna forma perversa de poder ni con malas prácticas morales, se han fortalecido desde la adversidad a pesar de una asfixia regulatoria intensa y extensa de una mala gobernanza.

Pero, nada impide que esa “dolarización” imperfecta e inevitable, abra espacios precarios desde la economía para un funcionamiento menos cruel que el existente en el país y los abra también para el restablecimiento de la democracia, la esperanza y la confianza en el futuro.

El dilema del gobierno es cuántas concesiones puede hacer ante sus apoyos de sustentabilidad, por una parte, los que provienen de la economía informal destructiva y de la explotación agresiva de los recursos naturales, y, por la otra, los que emanan de una alineación circunstancial de intereses con organizaciones situadas más allá de los límites de la legitimidad. Es la disyuntiva de su propia existencia con poder efectivo sobre el territorio ante organizaciones cuya naturaleza no admite acuerdos ni compromisos en su afán de extracción de rentas.

La propuesta es para una transición hacia un mecanismo que permita, a través del dólar, restituir el derecho económico de los venezolanos a poseer una unidad monetaria que les permita expresar el valor de las cosas, poder comparar transparentemente los precios de los bienes y servicios para realizar sus transacciones y si desea reservar parte de su riqueza en forma de dinero a la espera de una mejor oportunidad sin riesgo de pérdida anticipada de valor por inflación.

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