Voré


Voré

En la mesita del medio, rodeados de pudines, es miércoles de tortitas de plátano, de clavitos de olor, palitos de canela, entre bolso y maletín, colocados uno al otro al descanso de una silla, ella con tristeza de ausencias en sus adentros, él feliz de encontrarla, siempre de instantes. Ellos musitan y hablan de la “Misión olvido”, con Blanca Perea se va el pensamiento por otras sendas, se coloca al resguardo del sutil cuidado, de los furtivos deseos, de aquello donde solo las glosas llegan, trémulas y seguras descansando sus caricias donde quieren.

Balsamice

Cerca del fondeadero,
se desprenden las amarras,
del navegante de tu búsqueda
llega a cualquier sitio,
menos donde estabas tú.
Ella:
“Y tú
¿Cómo estás?
Los azules en Puerto Cabello,
¿Intensos?”.

Desde la turquesa de la mar
y a distancia del templo.

Él:
“Te he soñado,
como bosque,
llorando las postreras hojas
que les quedan en tu espera,
caen,
ocres,
rojizas,
de a pedacitos,
cuando al mediodía,
sin saber que estabas,
ya pensaba que no vendrías.
En el turbión de la gente,
se desparramaron tus cosas,
de la puerta tu Edén,
descendí,
las tomé del piso,
tus cuadernos,
dibujos,
notas,
los ordené,
casi besé tus pies.”
Y piensa:
“Ni tiempo tuve de una letra mía
para quien merece el epistolario de la vida,
como lo siente el montaraz cuando escribe.”
Desde Voré cruzaron esquivas las miradas.
Ella:
“Tus letras e imágenes,
llegan como el balsamice
de los tiempos
en los que se cuela la tristeza
…Me encantó “Amapolas”,
y el “Taller de Norma”,
como estallidos de sensualidad
del libro del capitán”
Él:
En la vereda
tomé una hojita,
he guardado la original,
podrás ver como es,
y en imagen como la siento
con tu recuerdo.
¿Algún día me darás un algo de tu soledad?

15 de marzo de 2017

Francisco J Contreras M

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