La confianza y el espíritu emprendedor como fuente de valor social

La democracia y las libertades constituyen los mecanismos auto reguladores, de la sociedad y de la economía, que en sucesivos ensayos corrigen sus errores y se fortalecen con sus aciertos. Es un proceso civilizatorio deliberativo que ante las dificultades permite sanar los elementos perturbados y fortalecer los restantes, creando valor social desde las adversidades. No es posible controlar ningún ecosistema natural o social desde sus resultados sino desde la mejora de sus procesos.

El tránsito civilizatorio de Venezuela, ha estado plagado de contradicciones, por una parte, entre la expoliación y sometimiento de la gente, y por otra, entre la retórica vacua de justicia social y el mito épico de la soberanía. Con esas inconsistencias el país pudo hasta mejorar la condición de miseria que heredó de guerras civiles y montoneras. Con el advenimiento de la era del boom petrolero y con base en una plétora de recursos, se pudo adquirir casi todo sin necesidad de producirlo eficientemente, fuimos compradores de vehículos, alimentos, educación, salud, hasta de bochinche, pero incapaces de crear valor social organizándonos mejor para producir más, con mejor calidad, sin desperdicios con el menor derroche de recursos y sin desigualdades sociales.

Vivimos en una tragedia porque se tienen mitos involutivos compartidos. Si la política venezolana estuviese alejada de la distorsión deliberada de la realidad, con un rechazo tan grande como el que posee el Gobierno hace tiempo habría perdido su poder. En las fuerzas llamadas “democráticas” está ausente un “orden imaginario alternativo”, lo cual es condición necesaria, para convencer a un pueblo a cooperar entre sí, para salir del autoritarismo. Mientras se carezca de mensaje, cada uno actuando bajo sus impulsos, replicará sin saberlo la fortaleza del adversario, sin el contraste de una narrativa cohesionadora de país no habrá razón, ni fuerza para el cambio. Domina un orden individualista donde cada uno espera un comportamiento modelo de los demás, pero actúa desconsideradamente hacia ellos, esta disonancia se nota en la práctica del lenguaje procaz, la ofensa y la manipulación de igual manera como lo hacen quienes gobiernan. Es por ello, que el relato consistente y aglutinador del populista permite que con una adhesión de 20% de la población, el gobierno se perpetúe en el poder.

Para superar el estado de involución hay que tener una organización que pueda convencer a muchos para que cooperen entre sí, «los muchos» existen, pero está ausente la «visión», el «relato» alternativo que movilice esa mayoría hacia una sociedad que abarque el horizonte de los intereses de los venezolanos y no el de una parcialidad. El factor más importante es la confianza de la gente en ese proyecto. La desconfianza de la mayoría entre sí, hacia sus líderes, hacia sus organizaciones políticas ha significado una malversación de los limitados recursos disponibles para la creación de una sociedad más inclusiva, libre y justa.

En el plano individual la confianza es una fuerza creadora de vida, está muy relacionada con la paz interior y va de la mano con la felicidad. La seguridad de nuestros pensamientos y la manera de sentir son las llaves del reino donde se suspende la incertidumbre, se dejan de lado las dudas y firmemente se actúa donde vivimos: el presente. La confianza nos hace independientes del entorno, el confiar en sí mismo es la forma ideal de relacionarnos con los demás, al alcanzar la comunicación confiada podremos sentirnos mejor valorados y lograremos un conocimiento más consciente de nosotros mismos, hay que dar antes de comenzar a recibir. Se debe actuar con generosidad y tener fe en que lo mejor está por venir, llegará con el tiempo. Como dijo el clérigo Frank Crane: «Usted puede ser engañado si confía demasiado, pero vivirá en el tormento sino confía lo suficiente»

Es el desafío del emprendedor, salir de su apoltronado y predecible instante, para disfrutar su ingenio y existencia presente con base en la confianza en sí mismo y en los demás para mejorar el mundo. En el terreno del emprendimiento no existe información sobre los sucesos en desarrollo, los eventos son únicos e inéditos, es el mundo de la incertidumbre, es el campo de las probabilidades que en la mente de quien formula anticipa hipotéticas secuencias causa efecto, donde todo influye..

El emprendedor decide porque confía, su terreno de existencia no es el de la seguridad, es el de una naturaleza donde el azar de la ocurrencia se desconoce. El emprendedor aporta creación social porque no le es posible un comportamiento estratégico en su favor sino tiene una contribución en valor para la sociedad. La disposición de asumir riesgos por parte del emprendedor tiene una poderosa fuerza creadora, pues favorece la inventiva, la innovación, el progreso técnico y el bienestar. Los países exitosos son aquellos donde hay gente que emprende, que arriesga, que hacen las cosas diferentes, son los emprendedores quienes, con sus triunfos y sus fracasos, aprenden y mejoran, es la verdadera manera de avanzar en el camino de la prosperidad.

Desde el populismo hacia una gobernanza iliberal

Desde el 2019, hay evidentes signos de un cambio hacia un modelo político-económico iliberal de estabilización. Una gobernanza que se asienta sobre una “dolarización” imperfecta, una contención de la oferta monetaria (emisión de dinero y financiamiento bancario), una privatización parcial mediante la cesión del control económico de empresas expropiadas y una liberación del tiempo de trabajo de los funcionarios públicos para que realicen actividades que les permitan compensar su empobrecimiento atroz. Solo resta el paulatino ajuste de precios y tarifas de los servicios públicos. Es un estilo próximo de los modelos autoritarios de Turquía y Hungría.

La tergiversación deliberada de la realidad y los fallos del discurso económico en Venezuela

Nos hemos habituado en la esfera de lo político a la manipulación tendenciosa del contexto de los hechos, recreando ruidos que se añaden a los sesgos de interpretación e incitan un desorden inmanejable para el planteamiento de una narrativa compartida de país que fortalezca una auténtica democracia deliberativa. Ahora ese discurso se extiende de forma riesgosa hacia la interpretación de los fenómenos económicos, con motivo de la liviana recuperación económica, de la contención de la emisión irresponsable de dinero, de la caída de la expansión secundaria de dinero y de la desaceleración del deterioro del tipo de cambio. Se multiplica la crítica sin fundamento y se ignora la obligación de presentar una alternativa.

La realidad acerca de la sobrevaloración del tipo de cambio.

Entre 1948 y 1974, cada período gubernamental se caracterizó por la subvaloración del tipo de cambio, fue de esa manera porque no era posible la emisión de dinero más allá de la variación de las reservas internacionales netas (RIN), salvo que se revaluara la moneda. Fueron tiempos en los cuales prácticamente se mantuvo el tipo de cambio.

El fenómeno de la sobrevaloración se inicia, a partir de 1974, con la práctica de la emisión irresponsable de dinero más allá del respaldo que ofrece la acumulación de RIN y el sostenimiento de un tipo de cambio fijo.

La cuestión es si en las ocasiones en las cuales el tipo de cambio estaba subvalorado, hubo aliciente para invertir, y si, cuando estaba sobrevalorado, se desestimuló la inversión. La realidad mostrada por los datos refuta esa tesis pues el crecimiento del producto interno bruto (PIB) no mostró una correlación y un coeficiente de determinación suficientemente significativos para sostener la tesis enunciada.

Las razones de las anomalías de interpretación macroeconómica hay que buscarlas en la economía de la conducta y la economía institucional, es decir en la microeconomía de la evaluación del impacto regulatorio de la política económica. La interpretación de los fenómenos económicos debe incluir los temas de los alicientes perversos, del manejo de información privilegiada y del ejercicio de poder discrecional en favor de los intereses de quienes ejercen gobierno y sus aliados de ocasión y en contra del interés general.

La descomposición social y la debilidad institucional

Uno de los grandes sucesos de los últimos tiempos ha sido la mundialización de las comunicaciones, este fenómeno ha ejercido un rol importante en el desarrollo de los conflictos del mundo, el cual guarda más relación con la crisis de la democracia liberal, la descomposición social y en conflicto económico entre potencias, que con un enfrentamiento ideológico o religioso. Es un error plantearse el tema en términos del advenimiento o consolidación de modelos con fundamentos ideológicos, pues lo que observamos es una crisis de la democracia que va desde la pérdida de confianza en las élites, en países con fortaleza institucional, hasta la descomposición social en países con debilidad institucional.

En nuestros países latinoamericanos, carentes de institucionalidad, el resultado de la descomposición social es el advenimiento del populismo, y ahora, con el “iliberalismo”. La cuestión es cómo lograr una democracia más justa e inclusiva, para ello es necesario responder a la cuestión del cómo podemos recrear una condición en la que los excluidos, puedan valerse por sí mismos, frente a la atractiva propuesta populista de la compra de conciencia a través de dádivas o peor, frente a la anarquía de un estado fallido y violento.

La pereza intelectual ha hecho creer que la realidad puede explicarse a través de constructos o modelos teóricos de otros tiempos, de otras historias. De este modo se tergiversa la realidad para que se parezca a las pulsiones de cada uno. Pero, todo lo contrario, el abordaje de lo que acontece tiene que ser por la vía de aproximaciones teóricas de la realidad, con base en tanteos, tipo ensayo y error. Es a partir de hipótesis y refutaciones que se construyen los modelos y se resuelven problemas.

Gobernar es una tarea compleja, pues la mala y la buena información se han hecho masivas por la vía de las redes sociales con efectos que comprometen la efectividad y la confianza en el ejercicio de la democracia. Al respecto, hay tres consideraciones importantes: 

Primero, la mundialización de las comunicaciones ha permitido que la gente tome conciencia de la condición relativa de su estado en comparación con el de otras latitudes. Las comparaciones lejanas tienen un efecto magnificador de las diferencias, hay una tendencia a ver, lo distante mejor de lo que realmente es y, de manera asimétrica, ver lo cercano como peor.

Segundo, el ciudadano, cuando participa en elecciones, siente que las decisiones que toman quienes los representan, son distantes de sus problemas.

Tercero, los ciudadanos, de los más remotos lugares, localmente en sus acciones pueden tener un alcance mundial, por ejemplo, el conflicto sirio tiene repercusiones que van más allá de su ámbito conflictivo.

Cuarto, el descontento en relación con la democracia liberal es crítico en todas partes.

Quienes poseen poder e influencia mediática pueden elaborar argumentos para promocionar lo que desean como realidad en lugar de ofrecer evidencias sobre lo que consideran como hipótesis de la misma, esto dificulta el logro de acuerdos sólidamente fundados, pues lo que se busca es imponer una verdad y no su validación, ese ejercicio abusivo de poder encuentra un terreno propicio, en una nueva cultura de masas donde destacan dos circunstancias:

Primero, el “simplismo” lógico con el cual la gente rodea, de aparente racionalidad sus decisiones, de modo que su deseo como realidad guarde consistencia aun siendo falsa.

Segundo, el imaginario del comportamiento humano consistente en endosar a otros sus responsabilidades, en atribuir los males públicos a supuestos complots.

La descomposición social y la necesidad prospectiva de sentido de propósito

Populismo y descomposición social

La crisis de la democracia en el mundo, se presenta en Venezuela de manera fragmentada, deformada y distorsionada, con mayor impacto y con menor capacidad de respuesta por parte de la sociedad, es una trama que refuerza la descomposición social.
Es fragmentada pues concurren hechos en los cuales hay una gran sucesión de incidencias críticas económicas, políticas y sociales, las cuales se transforman y despliegan a su vez en una variedad de eventos más pequeños aislados entre sí, con propiedades cambiantes y diferentes a las del evento original.

La inflación como mecanismo populista de descomposición social.

La inflación no afecta por igual a todos, es diferente según la capacidad de cada uno para transferirla a otros mediante un ajuste de sus ingresos, un empleado del sector educacional le es más difícil sobreponerse a los aumentos de precios que a una persona del sector informal cuyos ingresos cambian automáticamente cada vez que sus costos lo hacen. Es más fácil superar la inestabilidad para quien cobra en tiempo real o por anticipado que para aquel que debe esperar 45 o más días para hacerlo. No es la misma condición la de un funcionario público con poder discrecional y posesión de información privilegiada que la de otro que no los tiene.

La inseguridad como mecanismo populista de descomposición social.

De modo similar acontece con la inseguridad, una persona puede considerarse afectada en un momento y en otro ser beneficiaria de la misma, un delincuente sufre la violencia como cualquiera que deambula por las calles, pero saca más provecho de la inseguridad porque el desorden favorece la ejecución de sus fechorías. Son esas dualidades morales el terreno fértil para para la perpetuación del populismo. Un régimen populista puede promover la acción de masas que de manera espontánea se convierte en una fuerza represiva altamente efectiva que debilita emocional y materialmente a quienes poseen capacidad consciente de defensa de la democracia: la clase media. Se desvanecen las responsabilidades y se maximiza el impacto del mal público.

El contexto particular del caso venezolano

La racionalidad limitada

El venezolano actúa bajo condiciones de racionalidad limitada, sobre la base de relatos, dogmas, ideologías y teorías con diferentes niveles de conocimiento, discernimiento e intereses, todos esos componentes según las condiciones del entorno intercambian su importancia de manera impredecible. Ese contexto da lugar a una racionalidad “maximizadora” limitada en la toma de decisiones que, se acomoda según las circunstancias, con muchos errores de predicción y de elevado impacto en el conjunto social. Un rumor sobre un posible desabastecimiento de un producto, puede desencadenar una sucesión de decisiones de pequeño impacto por persona, pero de grandes consecuencias sobre el mercado, el que cada uno pase de comprar cuatro panes a ocho, quizás sea insignificante para una familia, pero será de gran impacto social si todas lo hacen masivamente.

Decisiones múltiples de bajo impacto individual y alto socialmente.

La manera como los componentes socioculturales se intercambian entre la gente, es decisiva para poder comprender los complejos problemas de incertidumbre a nivel individual, organizacional, nacional y mundial. Es la presunción de incertidumbre y no la evaluación de riesgos, lo que caracteriza la toma de decisiones. Bajo condiciones de incertidumbre, la interpretación que hacen los individuos del entorno se refleja en un aprendizaje que multiplica ineficiencias en el sistema. Estamos en presencia de una gran masa de excluidos con el poder del voto y con ventajas para el aprovechamiento natural del desorden, con un bagaje cultural y experiencias comunes diferentes a las de la clase media venezolana y, a su vez, diferente a las de las élites gobernantes que extraen renta de esa situación. Mientras no se realice un esfuerzo por comprender esa realidad, es difícil que tengamos éxito en el logro de un consenso sobre el país que queremos.

Precariedad del capital cultural y cognitivo.

Los modos de gobernabilidad populistas o “iliberales” se fortalecen cuando la clase media de un país pierde conciencia de la importancia de su liderazgo en el sostenimiento y mejoramiento de la democracia.

No hay confianza, ni un capital sociocultural y cognitivo uniforme entre la clase media y el resto de la sociedad que sirvan de contrapesos al poder de las élites gobernantes y tampoco organizaciones para su movilización efectiva. Es condición necesaria que existan partidos conscientes del tema, que puedan homologar, a nivel de racionalidad, esas aproximaciones socioculturales. Mientras no ocurra será difícil derrotar la demagogia y el populismo. Es una posibilidad que nuestros partidos en lugar de crear conciencia para sí, reproduzcan los males del populismo en su interior, ofreciendo imposibles como ha sido nuestra historia política. Es bien conocido en nuestros procesos electorales la promesa de una supuesta tarjeta de crédito para los pobres la cual se llamó «La negra» y más recientemente el ofrecimiento de una bonificación de 100$ para el personal de salud en Venezuela.

La clase media carece de conciencia para sí.

La clase media se parece en su forma, pero es escasa de cultura cívica y en espacios difusos comparte parte de la renta con las élites gobernantes. Es necesario crear un sentido de propósito, una aproximación prospectiva de país, es necesaria una hoja de ruta “consciente” sobre el qué hacer al día siguiente del final de la crisis, de manera simultánea con el día a día de acción y conjeturas sobre los actores en juego político y sus vaivenes emocionales con alzas y bajas anímicas, entre la postración y la esperanza.