Rocas y frailejones


I

Llámese con la palabra que se quiera, hablarte no es algo de entendimiento literal, como el canto de un pajarito para otros pajaritos, su canto no es pensado, así sea para decir adiós o la puerta está cerrada, el mío sí lo es.

II

Cuando te hablo no se si será una mentira, uno verá en cada quién, lo que otros jamás verán igual.

“¿Quién miente?”

Eso es un asunto de Dios, en algún momento me señaló que podía hacerlo hasta 15 veces.

Tomo el aire de esta montaña, no lo puedo retener, escapa y se va …

III

Quién teme a la enredadera porque lo hirió algún abrojo, puede distanciarse de ella que simplemente le mostraba el camino de la vida, ésta no quería herir, y cuidado si quien te lastimó tampoco. Ese temor se llama inocencia perdida, la inocencia es esencial para amar, si la pierdes, no probarás más el sentimiento de mi para ti.

IV

“¿Los frailejones cómo están hoy?”

Parecen rocas en la mar,

Sembrados hasta siempre

Tienen tiempo allí donde los ves ahora.

V

Te digo es vano cualquier esfuerzo para impedir que siga, escuche y diga, es la voz, puede que sea de Dios, como también de donde venga.

VI

Es una inspiración saber que no eres mía, ni siquiera en el pensamiento, ni en el mercado, eres nada más que el nombre que llevas, el mismo con el que te llaman y como también lo hago yo, acá en el diálogo de los frailejones y las piedras del camino, que cubren los 45 minutos de mi rutina de respiración, donde ni siento, ni escucho, nada más te pienso.

 

 

 

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