La Musa de Balcarce


La Musa de Balcarce

Pasaron las horas en el Parque de María Luisa, a la sombra del ciprés de los pantanos, a la entrada de la glorieta, allí el solitario escribió entre los turbiones de distantes lugares, con la imaginación plena de quien despertó entre especias, música, cerca y distante, unas letras para el olvido.

Aquel día estaba “brisando” como llaman en los pueblos, al frío que pasa como tenue rocío. En los altos, cuando la azulada lluviecita cae, se señala está “garuando”, yo recordé unas calladas palabras “están pringandito las perlas del cielo”, en la presencia de las todas variantes de un sereno, de aquel encuentro platense y del sueño de las especias, bajaron las glosas de este relato.

Seguimos en bandoneón curvando la esquina de San Juan y Boedo con la Musa de Balcarce, en las calles que no son las suyas, como mía tampoco ella es. En danza y tango nos fuimos al lejano sitio de las especias, el Bazar Egipcio cerca del “Puente Gálata”, con blanco sombrerito, en cinta negra, alzó la vista y por los costados del Bósforo, enfilamos hacia “Sultanahmet Camii”, escuchamos el susurro de la deidad decirnos: “He pensado a Octavio Paz en Turquía…”:

Vi al mundo reposar en sí mismo.
Vi las apariencias.
Y llamé a esa media hora:
Perfección de lo Finito.

(De Octavio Paz, fragmento de la “Felicidad en Herat”)

Ya al retiro de la tarde se guardan las notas, al frente a la Plaza España, de las glosas que ahora se revelan:

Brisando

I
Vienes en oleaje,
desde la media calle,
alzas tus brazos,
eres todos los colores,
de medio cuerpo y,
desde negros brillosos,
resbalan blancos y carmesíes,
al tercio de la calle Balcarce,
de todos los tiempos del tango,
en colgada y enganche,
bajan los pensamientos,
por los deseos,
de amanecer y,
de atardecer,
en vaho de tus flancos
donde solo existes tú,
para creerme de ti,
las cosas que tu imaginación,
me sueña como yo quisiera.
II
Hasta tu casa puedo llegar,
en trasluz pensar que me escucharás,
entre picaporte y cerrojo,
para que desees lo que quiero para ti,
me tendré que arrullar,
al costado del puerto de tus amores,
no vaya a ser que me vaya de eslora,
en la bahía de tus esencias.
Me gusta el garbo y cadencia,
de tu figura a brazo estrecho,
corte y quiebre lento,
en la serpentina de tu cuerpo.
Me haces falta,
los vacíos de la vida están presentes,
como dones de Dios,
permiten un lugar para ti y,
sentir los embelesos que me dices,
para pensarte toda,
desear tibios pálpitos de tu desnudez,
ataviados entre tanta elegancia e insinuación.
III
Quisiera encontrarte en el manantial,
en las aguas del bosque de las especias,
del enebro, nuez moscada y la canela,
abrazarme de ti,
ahogarme en tus aromas,
empapado en tus aceites de almendras,
y miel de castaño,
alimentando tu sensualidad,
susurrando sobre tu desnuda piel,
sin ni siquiera estampar un beso,
del desesperado poeta de tus esencias,
desde Misir Çarşısı y azul Gálata,
respirando uno al ladito del otro.
Oh!! bella imagen la tuya la de mi pensamiento.
IV
Me sentiré feliz de tu retiro,
en la paz y el sosiego de estos días.
Vestida de ligeras piezas,
quizás de otras más robustas,
en tu figura siempre prestas,
con ritmo lento de vespertino son,
te hubiera obsequiado un jaboncito,
de artesanos en miel y aceites de oriente,
también una cajita,
con las rosadas sales del Himalaya,
para que me recordaras en tu tina de tibias aguas,
a la hora de tus consentidas hermosuras de baño.
Yo estaré donde siempre,
paciente y perseverante,
esperando tu regreso.
V
Qué será de mí con tu ausencia,
tan gente, tan ilustrada, tan sensual,
vida mía que ahora conoces tanto de mi,
¿Me permitirás un poquito de realidad?,
¿Podré descansar mis manos en tus piecitos?,
¿Podría ser la almohada de tus tentaciones?,
¿Me darás un instante para cuidarte con mis deseos,
dime!!!, ¿Te podré ver tan cerca como aquel día?.
Perenne como la hojita del ciprés,
de amor huido escribí mis lugares contigo,
he pasado el día del todo fluir,
desde La Glorieta del Parque María Luisa,
donde tu cuidada mano llena de color,
pudo escribir lo que tu boca quiso dar,
entre copa y carménère partió el crepúsculo,
fugaz, fugaz como mi vida en ti,
como de eterna la tuya en mi.

Francisco J Contreras M

22 de diciembre de 2016


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La Musa de Balcarce

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