La hora fatal


Guillermina

Hace 49 años se sentía el advenimiento de la renovación universitaria, mágicos años sesenta, jóvenes que tomaron para sí, todas las causas del mundo. Llevaron lo feliz de aquellos momentos, conservaron amores, poemas, canciones, discursos, manifiestos… en mi caso, aún siento acordes y melodías, entre voces y guitarras de la época, en la “Peña del encuentro” de Mérida, en “Rancho Grande” de Puerto Cabello, en la “Pocaterra” del Trigal. Cada quien rememorará aquellos lugares y cercanías de las prístinas universidades autónomas de Venezuela. Desde cualquier espacio, el eco de aquellas voces, va y viene, en el corazón de los sensibles, con la dulzura de una “Malagueña”, copio dos estrofas:

I

Pusieron preso a tu marido Guillermina,
y se lo llevaron para una fuerte prisión,
y como Guillermina quería tanto a su marido,
fue a la cárcel a cantarle una canción.

IV

Niña que bordas la blanca tela,
niña que tejes en tu telar,
bórdame el mapa de Venezuela
y un pañuelito para llorar.”

¿Qué diremos?

I

La inesperada llegó segura,
sin protocolo de anuncio,
en tumulto de existencias
que lleva cada cual,
en su verdad,
en entreverados
de muchas crudezas,
donde solo de igual existe
el sufrimiento del todo,
sin recostadero para el sosiego,
ni siquiera un instante para el adiós.

II

Mustio momento,
lúgubre ambiente,
cuando el verbo es amenaza y,
entre cambalache
de vida y silencio,
escapan las horas de la verdad,
triste del solitario quien compañía tuvo,
solo en esta la hora de la amargura,
¿Los teclados fenecen?,
¿Estarán con ausencia de manos?,
¿Los taburetes desaparecen?,
momento de la plegaria,
de oración,
por quienes esperan
las campanas de libertad
del sentimiento,
de la dignidad.

01 de marzo de 2017

Francisco J Contreras M

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