La dársena de las reminiscencias


La dársena de las reminiscencias

Paso a paso por calles que guardan algo de lo que fueron alguna vez, caminando de la noria al malecón, hacia la Plaza del Águila, la ciudad ahora extraña, parece espejismo de otra existencia, el viandante se siente ausente, ficción que nadie escribe. Son vías donde todos nos conocíamos y a ninguno en este momento. Así que valen unas letras para ilustrar lo que fue y todavía es.

Golfo Triste

I

Como historias,
de cuenta cuentos,
desprendidas,
de las hojas secas
paseando
cintas en las arenas,
reposando al sol y a la brisa,
como el serrín de las estrellas,
son leyendas de un vivir en olvidos,
que ahora parecen fantasías.
de aquel Puerto Cabello,
con su gente cordial,
solidaria,
alegre.

II

La afluencia llega,
día a día,
vino de cerca,
y de los confines de la tierra,
recreando esperanzas
donde jamás se incinera,
la voluntad de amar.
Es posible llevar,
la arena cernida,
fina e inalterable
a las inclemencias
de siempre,
en aluvión
de sensible hálito,
donde se cincela,
lo que no deja huella
porque es rastro mismo,
desde la llegada,
a la partida,
donde un querer
en suave duna
va y viene como sin motivos,
al frenesí de algún deseo.

III

La pleamar en desorden
enfila entre rocas y corales,
bramar que enrosca
azul turqués,
verde horizonte,
en columnas de espumas,
al sentido y contramarcha,
de aquel sitio que
por calmo en lejanía,
llaman triste,
pero es de cerca,
lugar de las pasiones,
como amores,
escapando,
al trémulo de un silencio.

IV

Aparecen remembranzas,
de alguna vez,
por el lugar de los Lanceros,
14 de San Valentín 1956,
el niño presentando
su deber de escuela,
dijo:
“Maestra,
ayer martes pensando en usted,
he realizado mi tarea,
desde las flores del tiempo,
le puedo recitar todas las horas,
con sus minutos y segundos”
A la institutriz,
le llama la atención lo dicho, pregunta:
“¿Flores del tiempo?”
El aprendiz con lentitud revela:
“Se llaman ´bellas las once´,
ellas sólo conocen esa hora,
yo las aprendí todas”
Ella le señala:
“Además de pensar,
de decir, también hay que escribir,
hazlo”
A veces escribe,
en otras solo piensa,
en ocasiones
ni siquiera dice,
son los bufaderos,
blancos borbollones,
cortejos
de lo inalcanzable
que va por dentro.

20 de febrero de 2017

Francisco J Contreras M

A %d blogueros les gusta esto: