El monólogo de los cardamomos


El monólogo de los cardamomos I

I

Eres como las rosas, las más expresivas flores de un jardín, dices llégame con afecto, con delicadeza, porque te hieres con mis espinas o me marchito con tu desdén.

¿Habrán tratado sin cuido aquella flor?

II

No puedes decir lo que sientes y es bueno, pero se aprende a hablar poco, te estimo puedes decir, nada más, pero de quince mentiras diarias a las cuales se tiene derecho, ahora tienes una más o una menos, lo sabrás tú.

III

Amiga, la vida son destellos bien vividos, se siente la brisa que juega con tus cabellos sin que tú lo sientas, la lluvia que los empapa sin que te des cuenta, no importa ni la brisa, ni la lluvia.

IV

La ubicuidad de un verso permite escapar en pensamientos a todo lo que pueda afectar a quien más se quiere. Las palabras dan sosiego, fluyen como reflejos de la imaginación, es una inquietud donde los adentros del alma dicen: quieres un descanso en su memoria ya que no lo puedes hacer sobre su regazo.

V

Los locos tienen la libertad de decir lo que sienten, los cuerdos son prisioneros de lo que no pueden sentir. Estar cuerdo y querer estar loco. Quien quisiera tocar tu puerta sin tocarla y sin tener las llaves poder abrirla.

VI

Todos son poetas, el punto está en los actos cuya motivación está en el ser, y no en el tener (tener es donde los sentidos siempre desean estar), existen tantas cosas que podemos hacer por los otros. Como sentir la felicidad del quien te amé, porque el que la sienta no depende de ti, es tan sólo su decisión, si no depende de ti y si no te tiene, se será más feliz que si se intenta.

VII

¿Las abejas y los delfines duermen? Ella en una esquelita escribió: “No duermen, sueñan”.

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El monólogo de los cardamomos II

I

Conducir la barca sin sextante y aprender de las estrellas, fijar la vista en el inmenso, buscar en la interminable noche una luz, sino se encuentra lo que busca quizás hallarás algo mejor, escuché hace poco que “un Almirante se echó a la mar en tras los cardamomos, la nuez moscada, la macis, la canela y los clavitos de olor, nunca lo supo y descubrió algo mayor, nunca perdió su esperanza y su compromiso con una Reina casi arruinada, y unos condenados por compañía”.

II

En la peor de las circunstancias, mientras se tenga aliento, hay una responsabilidad con el creador, de llevar una vida digna, de tener la fe en un mundo mejor. Sobre la mente y sobre la esperanza quien domina es la persona, su libre albedrío, allí entra y sale quien uno quiere.

III

Hay algo más que palabras en la gente, si uno es atento a la posición gestual, se aprende a sentir otras cosas que el lenguaje no es capaz de expresar. Es una melodía de silencios donde se ahoga lo mejor de mí para ti (no sé si al revés), porque en el silencio también existe y se aloja eso que llaman el desamor.

IV

Cuando era niño, desde el asiento trasero del vehículo de mi padre, creía que las estrellas se podían alcanzar, pensaba es un asunto de velocidad si corremos más las alcanzamos, no era así, como al insomne persiguiendo el sueño, mientras más se las busca más se alejan, como ahora te alejas tú.

V

Son innumerables los motivos del corazón y de la razón que tengo para encontrar palabras que decirte desde hace tiempo, desde ayer tu cumpleaños, desde hoy, desde mañana, ellas se esfuman, han sido estelas difusas, ha sido el sueño que escapa del insensato. Es como ofrecerte la flor que no marchite, la imaginé dentro de un cristal al vacío, sin más nada que su propia existencia, fresca y eterna. De pronto existe y visité los sitios donde hacen arreglos, no encontré la que buscaba. Me queda tiempo hasta el miércoles para encontrar la flor, no quisiera conformarme con la intención, la vida continua amiga. Me digo a mi mismo que todo aquello que se pueda concebir y creer en el pensamiento, la mente lo puede alcanzar, es un decir porque en estos días la mente no me quiere ayudar.


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El monólogo de los cardamomos III

I

Cada año a los tantos días de tu mes, desde el amanecer hay gente volando entre luces, buscando tomar una brisa, para darle un nombre que se parezca a ti, para escribirla lo mejor que pueda, y estar allí, para conversar cuando quieras, para estar contigo y escucharte cuando busques sosiego, o nada más para que recuerdes, donde quieras desandar el camino, que hay quienes creen, apoyan y desean que te vaya como tú quieras. No he conseguido el nombre de la brisa que se parezca a ti. Un poeta en lugar de mirar el cielo habría ido a los jardines de Mesopotamia.

II

Ánimo apenas hemos abierto una ventana de las tantas que tendremos que abrir. Se rompe la nota para cumplir lo que estaba escrito, igual hoy cuando se yerra, yerra y yerra, cuando viviendo en el pequeño espacio, se descuida el pensamiento, caen las armaduras y uno se equivoca mil veces, ha sido una tarde maravillosa, bajo el borbotón de tu crítica profunda, surgida de tanto tomar agua en lugar de vino.

III

Tan simple como pocas palabras, lo que significa tener tantos sentimientos todos del buen cariño, es preferible no escribir y tan solo decir que hoy se piensa en ti.

IV

Ayer se disipó una duda en la mirada de unos cabellos sueltos sobre los que se distraen las aprehensiones, pero más carga de pasión había en unas manos, y en tus lágrimas, entre claros y obscuros, luces y destellos, allí esclavos de lo que quieras estaba tu público, y allí estaba yo, eras la que acaricia la fibra donde los insensibles pueden también vivir, donde dispuesta estás para a reincidir, no una vez, sino mil veces más.

V

Dijiste, “el monólogo es allí al frente de un frondoso árbol, es el de los mangos”, imaginé sus manos, sus cabellos “es a la izquierda”, luego “otra vez a la izquierda”, me preguntó “ves el árbol”, alcé la mirada y en ese bosque, estaban los árboles, todos eran mangos. En aquel laberinto de los monólogos estaba el traje rojo, serpenteando un ceñido cuerpo, mostrando todas las ondulaciones del amor negado, ese que escapó un día, el mismo que más lo negó, y aun liberado, continúa la figura ajustada y erótica de la pasión infinita.

VI

Todavía en aquel sitio entre el Líbano y la Siria de una tarde, al ladito del río, aun el bosque guarda celosamente el aroma de galletitas que dejaste al pasar, las mismas que degustamos, entre macis y cardamomos, el día de tu cumpleaños.


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Diciembre 2014

Francisco J Contreras M

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