Venezuela: entre la evidencia de una recuperación y la tergiversación de la realidad

La cultura de estos tiempos parece asentarse en el principio de que las personas actúan y se sienten más atraídas por lo que creen que por lo que realmente muestra la realidad. Hay una insensibilidad social hacia la verdad, a modo de ejemplo, asombra la proliferación de «fake news» sobre la invasión de Ucrania.

Quizás en lugar de un espejismo estemos en presencia de un milagro agrícola, en todo el mundo la agricultura recibe ayuda y protección, en Venezuela con problemas de seguridad, escasez de insumos, con asfixia regulatoria y sin financiamiento, quienes trabajan en el campo, como se dice coloquialmente a pulmón propio, están siendo la esperanza objetiva del país.

Sin embargo, lo mediático privilegia en nuestro lar la insensibilidad social hacia la verdad, de modo que muchos le dan la espalda a la realidad, la tergiversan y prefieren tan solo referirse al lujo y la pompa que una minoría exhibe en algunos lugares de las urbes del país.

Desde la perspectiva de la economía se aguarda un mundo sin turbaciones críticas, de fácil entendimiento mediante formulaciones estadísticas. Se presume un mundo que nos enseñe a esperar lo deseado y a actuar conforme con la esperanza de que la gente se alinee con lo anhelado y sus actuaciones conviertan las conjeturas en profecías auto cumplidas.

No obstante, hay acercamientos no convencionales en el campo de la economía que representan un avance cuando asumen a los procesos civilizatorios como resultado de la interacción dinámica entre lo económico, lo ambiental, lo político y lo social. Al comprender que los ecosistemas y nuestros sistemas económicos y sociales están interrelacionados, se podrían evitar acciones con posibles efectos contraproducentes para nuestro bienestar a largo plazo.

Los nuevos enfoques también pueden servir a quienes detentan el poder o aspiran a utilizarlos en sus propios intereses. En lo social la intencionalidad, de quienes tienen poder e influencia, puede crear incertidumbre de manera voluntaria. Las transiciones entre el orden y el desorden a menudo ocurren de manera sorprendente e inesperada. Nuestras vidas son una demostración continua de esas circunstancias. ¿Quién pudo haber anticipado que un algo desconocido en Wuhan desencadenaría una pandemia como la COVID-19?

Como consecuencia de la insuficiente información pertinente y de la abrumadora existencia de la no relevante, con impacto sobre las emociones de la gente, para cualquier evento es imposible conocer las condiciones iniciales, con suficiente detalle, para predecir un resultado final. Incluso los errores más leves en la medición del estado de un sistema complejo son susceptibles de amplificarse drásticamente, haciendo inútil cualquier predicción.

Dado que es irrealizable la medición de los efectos de todas las acciones humanas, la predicción rigurosa a largo plazo siempre será inverosímil. Un sistema complejo puede dar lugar a trayectorias muy diferentes y autónomas en el curso del tiempo. Ejemplo: la demolición del sistema de educación superior de Venezuela puede significar el surgimiento de una nueva manera de concebir la educación no convencional.

Hay diferencias entre las turbulencias naturales dominadas por patrones del azar y las sociales que suman azar e intencionalidad de sus actores con poder y urgencia en sus actuaciones. Las turbulencias sociales provocadas voluntariamente pueden o no dar lugar a patrones similares en diferentes escalas con un potencial creador o destructivo casi infinito.

La recuperación agrícola de Venezuela entre la evidencia y la tergiversación de la realidad

Desde la lejanía y la contemplación pareciera que existe un país (Las Mercedes en Caracas, las zonas de restaurantes y bazares de ostentación y boato de las grandes ciudades) al cual hacen referencia expertos e «influencers» para extraer conclusiones que constituyen una distorsión de realidad pues esos lugares no son representativos del país como un todo. Es un mundo desde el cual la leve recuperación económica del país es calificada como ilusión, espejismo o delirio sin ofrecer argumentos ni criterios de demarcación refutables y menos las evidencias de lo contrario.

El sector agrícola merece una atención especial estamos bien lejos de un escenario como el de 2012, sin embargo, desde el 2018 el sector agrícola ha crecido en un ritmo anual de 6,2% en 2018, 2,1% en 2019, 3,0% en 2020 y 4,5% en 2021.


Ilustración 1: Crecimiento del sector agrícola animal de Venezuela. Fuente: cálculos efectuados a partir de estadísticas publicadas en las siguientes instituciones FAO (www.fao.org) y FEDEAGRO (www.fedeagro.org).

Durante los dos últimos años el sector avícola merece especial atención pues el crecimiento observado es mayor que la media del sector agrícola-animal, en carne de pollo de más del 30% por año y en el de postura con más de 37% por año.

De sostenerse el crecimiento de la producción por mes, se prevé que para este año el consumo per cápita sea de 17,41 kilos de carne de pollo y 109,05 unidades de huevo por persona.


Las investigaciones hechas validan que se tiene una capacidad instalada para producir 120.000 toneladas métricas por mes de carne de pollo y 1.800.000 cajas de huevos de 360 unidades cada una por mes. Y de estas capacidades solo se está utilizando el 30,22 % en carne de pollo y el 35,05 % en cajas de huevos (Simón Leal en:
https://bit.ly/3qghuv9 ).

Otro mito para el sector avícola de postura es el de una supuesta inflación en $USD, desde agosto de 2019 hemos registrado las variaciones del tipo de cambio (740%), de los precios (41%) y de los costos (45%) de la producción de huevos, por lo que la tesis de una inflación en $USD para este sector es refutada por la evidencia.


Las consecuencias económicas de la invasión de Ucrania

Invasiones, guerras y sanciones

La insensatez no tiene límites, qué será lo que, desde lo más profundo de la gente, les hace clamar por invasiones, guerras y sanciones. La barbarie siempre tendrá justificaciones en el morbo que auspicia el sufrimiento, los complots, las ideologías y todo tipo de imaginario, cuyas consecuencias de mayor crueldad pesan sobre el cuerpo y la dignidad de los más vulnerables. Por qué sin ser los garantes de gobernanza alguna, el cobro del impago desconocido tiene que recaer, sin distingo de ninguna clase o motivo, sobre las masas de sirios, cubanos, afganos, venezolanos, ucranianos, africanos, …, que se lanzan a otros lugares donde sus penalidades llegan al límite, sin ninguna garantía, como ciudadanos de segunda categoría.

Hasta ahora, invasiones, guerras y sanciones, poco alcance han tenido como castigo a quienes las provocan y menos como superación de los males. Los sufridos, sin idea de lo que motiva a sus líderes, sea el pueblo ruso, el venezolano, el ucraniano, los númidas del planeta, …, son los pagadores de las crisis que jamás provocaron, sea en su tierra o huyendo sin destino. Es la llamada guerra híbrida que, como estadio superior de evolución de la guerra asimétrica, se construye en alineaciones de fuerzas que privilegian la acumulación de poder en unos pocos y la acumulación de los males en muchos (que no poseen los recursos para comprender lo que acontece).

La respuesta de occidente a la invasión rusa hasta ahora ha tomado la forma de sanciones, pero éstas, paradójicamente terminan afectando a quienes las imponen por el rechazo local y porque es una auto exclusión del comercio internacional que se transforma en un obstáculo para el aprovechamiento de las ventajas comparativas y competitivas compartidas, entre las naciones a las cuales se renuncia. Todo dependerá de que el aislamiento, impacto negativo interno y global de la opinión pública, sobre Vladimir Putin y Rusia, se mantenga y crezca con el tiempo. El mundo occidental ha perdido monopolio como potencia ante el ascenso de China y la revancha de Rusia avivada por Putin. Pero Occidente, muestra en este momento una alineación pocas veces vista en la historia, Suiza ha abandonado su neutralidad, Alemania su aversión al uso de ayuda militar, Finlandia y los países bálticos en la intensificación de sus lazos con la OTAN y EEUU ha abandonado el olvido de sus aliados que llegó a su máximo nivel bajo la administración de Trump.

La conflictividad, entre las potencias de primer orden en la definición de una hegemonía futura compartida, hace recaer el peso de ésta en sitios fuera de sus fronteras, en lugares donde la correlación de fuerzas internas, por voluntad o por imposición de esas potencias, favorece la descomposición económica, institucional y moral de un país. Son procesos políticos, alrededor de alianzas de ocasión, que para nada tienen que ver con la ideología, pero si con la mercantilización de todos los aspectos de la civilidad de un país.  Esa guerra ubicua, sin sentido humano ni ideología, se manifiesta en aquellos lugares donde se presentan grandes desplazamientos de población, donde las pérdidas mayores las soportan los más pobres del mundo, sin idea ni poder para conocer o protegerse de lo que les acontece.

Las invasiones constituyen la vía más costosa e inefectiva para sostener la adhesión de la gente del país sometido bajo la violencia. Los conquistadores a la larga se ganan un rechazo en tal medida, que así dispongan de abundantes recursos materiales, financieros y de tecnología avanzada, terminan siendo incapaces de enfrentar el medio adverso de los humillados para quienes la revuelta activa resulta menos costosa que el sometimiento a un país extranjero.

El conflicto en Ucrania vive el momento en el cual domina lo mediático, lo emocional y los resentimientos más profundos de la gente, las redes se ahogan en peticiones de vindictas que si fueran escuchadas acabarían con la existencia del planeta. ¿Cuál será el costo de un mundo de entendimiento sin armas y con propuestas? Creemos que poco a poco la razón deliberativa de los procesos democráticos y de la civilidad se impongan y den luz a un nuevo orden mundial más humanizado, es la esperanza objetiva de una promesa de respeto a la singularidad de cada uno y de la consideración hacia el otro como parte de un todo social al cual pertenecemos sin exclusión.

Las consecuencias económicas globales del conflicto

Este conflicto está validando la vulnerabilidad existencial del mundo. En tiempo real y hasta un futuro próximo se arbitrará el destino del valor económico global hacia el gasto más reproductor de desorden irreversible e irrecuperable: el gasto militar.

El rearme general está en la hoja de ruta hasta en el más remoto pensamiento de la gente. Esta transición reforzará el peso del estado en la economía al redirigir los recursos directamente a la base industrial de defensa.

Es un escenario extremo solo sostenible en corto plazo. La violencia de la guerra y el alcance de las sanciones son ruinosas tanto para las potencias occidentales, como para Rusia y para los convidados de piedra, solo China, mejor librada con la pandemia, puede ahora reforzar su liderazgo con este conflicto.

El conflicto en Ucrania ha distraído la atención del mundo y más específicamente de EEUU de su presencia en el Pacífico, lugar de definición de la hegemonía compartida que vendrá. Desde hace 15 años EEUU comenzó a tomar distancia de la OTAN y de los conflictos del medio oriente para centrar todos sus esfuerzos en su disputa con China.

Habrá al mismo tiempo un shock demanda y uno de oferta. El de demanda deriva de la reacción de los consumidores e inversores ante el fuerte aumento de la incertidumbre. El consumo de los hogares se reducirá en favor del aumento previsivo de los ahorros para hacer frente a la satisfacción de las necesidades básicas futuras. Los signos de la caída de la inversión están presentes, y las empresas adoptaran una postura de mesura y de espera, excepto en los sectores relacionados con la defensa, es lo que refleja la evolución de las bolsas de valores del mercado global. También es probable que el comercio internacional se deteriore. Por el lado de las exportaciones, el deterioro obedece a la misma lógica de la caída de la demanda interna. Por el lado de las importaciones, el aumento de los precios de la energía, los minerales y ciertos productos agrícolas aumentarán mucho la factura de los países del primer mundo.

El shock de oferta proviene principalmente del alza en los costos de la energía. El petróleo ya ha subido un 20% frente al 80% del precio del gas desde hace una semana. El Brent pasó de 91 dólares a 111 dólares y el precio spot del gas en la Zona euro pasó de 95 euros/MWh a 175 euros/MWh. Lo mismo ocurre con una serie de metales de los que Rusia es un importante proveedor, como el paladio, el vanadio o el titanio, metales esenciales en particular para la industria del automóvil y la aeronáutica. Ucrania es un importante exportador de trigo y el 36% del comercio mundial de trigo (y el 80% del aceite de girasol) pasa por el Mar Negro. Las cadenas de suministro sufrirán nuevas rupturas y trastornos que generarán un incremento en los costos de producción. Las filiales de empresas globales establecidas en Rusia (así como las sucursales establecidas en el mundo de las empresas rusas) irán al cierre, de este modo Rusia transita inexorablemente la ruta del confinamiento. Finalmente, los costos de transporte también subirán, en particular el flete aéreo con Asia debido a las prohibiciones de sobrevuelos desde Rusia, pero también el flete marítimo.

Los líderes del mundo occidental se encuentran ante una disyuntiva económica compleja, porque un impacto de oferta siempre trae consigo el difícil equilibrio entre inflación y desempleo. El problema es que las opciones ahora se reducen por las consecuencias de las compensaciones pasadas a favor del desempleo durante la crisis de Covid-19. Es en un contexto de inflación anual ya galopante del 5,8% en la zona euro y un 7,5% en EEUU y de elevado endeudamiento público (100% del PIB en la zona euro y 133% en EEUU) que se hacen presentes con este conflicto. Sin embargo, este arbitraje podría cambiar si la situación de antagonismo con Rusia se prolongara y se convirtiera en una carrera armamentista. La prioridad política pasaría entonces a ser el apoyo a la actividad económica y la defensa, “cueste lo que cueste”. El “cueste lo que cueste” servirá de coartada para el retroceso de la democracia y un reacomodo con alianzas sorpresivas e inconcebibles, las autocracias tendrán la oportunidad de reforzar su perpetuidad.

Quien dice guerra, dice esfuerzo bélico y aportes de defensa. Tal medida extraerá recursos desde el consumo privado hacia el gasto y la inversión pública, ese esfuerzo tendrá además un efecto bastante deflacionario. A parte del confinamiento que le espera a Rusia, se debe considerar que el peso de la carga para occidente se reparte entre 671 millones de habitantes, mientras que en Rusia recae sobre 144 millones. La apuesta de Putin es desoladora, de inimaginable pérdida de valor social y de sufrimiento para todos en el mundo.

Las consecuencias económicas del conflicto para Venezuela

La desastrosa guerra genera un contexto de amenazas para el país que exige en lo inmediato recrear un consenso suficiente para efectuar acuerdos en corto plazo para solventar de alguna manera esta crisis que se suma a las muy grave que ya existe.

En definitiva, asfixia regulatoria y sanciones son aspectos críticos que debemos resolver en corto plazo para apuntalar una base auténtica de recursos que permitan sin demagogia ni populismo liberar el poder creativo de las pequeñas y medianas empresas y de los más vulnerables que han podido sobrevivir a tantos males públicos.

Ni el entramado global y ni nuestro país escapan al poder perturbador de la opinión pública y de las fuerzas locales en cada lugar del mundo para influir con determinación sobre los acontecimientos. Es el poder de la debilidad capaz de imponer una realidad tergiversada aun a conciencia de que sus propuestas tienen contenido falaz.

Desde el año 2019 la política macroeconómica ha sido consistente, en ir moderando paulatinamente la emisión de dinero sin respaldo y ajustando el gasto público de manera que se está en vías de superación de la hiperinflación. La prueba de fuego será el reciente aumento del salario mínimo que puede calificarse de insuficiente, pero es lo que permite el nivel de recursos reales en $USD que posee el gobierno. Una mejora de esas condiciones de precariedad de los empleados públicos requeriría un flujo de recursos externos equivalente a unos 583 millones de $USD adiciónales cada mes para lograr una meta de 250$USD en doce meses e igualar el costo de cada puesto laboral en el sector privado, estimado en 252 $ USD (remuneraciones, bonificaciones, transporte, ayudas y otros complementos usuales en nuestra economía).

Inexorablemente, la recuperación económica cierta de la economía venezolana requiere la liberación de la asfixia regulatoria, a modo de ejemplo, las recientes modificaciones en trámites legales en notarías y registros públicos que hacen imposible sincerar la verdadera condición patrimonial de las empresas e impiden surgimiento de nuevos emprendimientos. Todo ello sin contar con la voracidad fiscal de las alcaldías que han elevado a tantos por ciento las ordenanzas cuando deben ser suscritas en tantos por mil (gravan ingresos brutos no utilidad).

La desastrosa apuesta por la guerra tiene impactos sobre los precios internos, pues la inevitable conjunción de la emisión de dinero en el mundo para sostener la demanda efectiva, los efectos de las rupturas en las cadenas de valor del lado de la producción (en nivel inferior de eficiencia por interferencia voluntaria sobre el comercio internacional) y los trastornos en la logística de aprovisionamiento global, tendrán un efecto inflacionario sobre las importaciones de insumos, partes y piezas para sostener la manufactura en Venezuela.

Es criminal mantener un contexto beligerante, pleno de desconfianza y sin un relato con sentido de propósito que no resuelva los impactos de las sanciones que pesan sobre el país, las cuales pueden ser potencialmente mayores en un contexto global de conflictividad. Hay una gran oportunidad para el país pues van a confluir los intereses del resto de los países latinoamericanos deseosos de resolver la diáspora venezolana, los de China que necesita una economía local estable y en crecimiento para recuperar los 60.000 millones de $USD prestados a Venezuela y los de EE. UU. de asegurar una fuente importante y cercana de importantes recursos estratégicos que poseemos.

@fjcontre35

Etiquetas: Asfixia regulatoria; EEUU; Guerra hibrida; Rusia; Ucrania; Unión Europea; Sanciones.

Desde el populismo hacia una gobernanza iliberal

Desde el 2019, hay evidentes signos de un cambio hacia un modelo político-económico iliberal de estabilización. Una gobernanza que se asienta sobre una “dolarización” imperfecta, una contención de la oferta monetaria (emisión de dinero y financiamiento bancario), una privatización parcial mediante la cesión del control económico de empresas expropiadas y una liberación del tiempo de trabajo de los funcionarios públicos para que realicen actividades que les permitan compensar su empobrecimiento atroz. Solo resta el paulatino ajuste de precios y tarifas de los servicios públicos. Es un estilo próximo de los modelos autoritarios de Turquía y Hungría.

La tergiversación deliberada de la realidad y los fallos del discurso económico en Venezuela

Nos hemos habituado en la esfera de lo político a la manipulación tendenciosa del contexto de los hechos, recreando ruidos que se añaden a los sesgos de interpretación e incitan un desorden inmanejable para el planteamiento de una narrativa compartida de país que fortalezca una auténtica democracia deliberativa. Ahora ese discurso se extiende de forma riesgosa hacia la interpretación de los fenómenos económicos, con motivo de la liviana recuperación económica, de la contención de la emisión irresponsable de dinero, de la caída de la expansión secundaria de dinero y de la desaceleración del deterioro del tipo de cambio. Se multiplica la crítica sin fundamento y se ignora la obligación de presentar una alternativa.

La realidad acerca de la sobrevaloración del tipo de cambio.

Entre 1948 y 1974, cada período gubernamental se caracterizó por la subvaloración del tipo de cambio, fue de esa manera porque no era posible la emisión de dinero más allá de la variación de las reservas internacionales netas (RIN), salvo que se revaluara la moneda. Fueron tiempos en los cuales prácticamente se mantuvo el tipo de cambio.

El fenómeno de la sobrevaloración se inicia, a partir de 1974, con la práctica de la emisión irresponsable de dinero más allá del respaldo que ofrece la acumulación de RIN y el sostenimiento de un tipo de cambio fijo.

La cuestión es si en las ocasiones en las cuales el tipo de cambio estaba subvalorado, hubo aliciente para invertir, y si, cuando estaba sobrevalorado, se desestimuló la inversión. La realidad mostrada por los datos refuta esa tesis pues el crecimiento del producto interno bruto (PIB) no mostró una correlación y un coeficiente de determinación suficientemente significativos para sostener la tesis enunciada.

Las razones de las anomalías de interpretación macroeconómica hay que buscarlas en la economía de la conducta y la economía institucional, es decir en la microeconomía de la evaluación del impacto regulatorio de la política económica. La interpretación de los fenómenos económicos debe incluir los temas de los alicientes perversos, del manejo de información privilegiada y del ejercicio de poder discrecional en favor de los intereses de quienes ejercen gobierno y sus aliados de ocasión y en contra del interés general.

La descomposición social y la debilidad institucional

Uno de los grandes sucesos de los últimos tiempos ha sido la mundialización de las comunicaciones, este fenómeno ha ejercido un rol importante en el desarrollo de los conflictos del mundo, el cual guarda más relación con la crisis de la democracia liberal, la descomposición social y en conflicto económico entre potencias, que con un enfrentamiento ideológico o religioso. Es un error plantearse el tema en términos del advenimiento o consolidación de modelos con fundamentos ideológicos, pues lo que observamos es una crisis de la democracia que va desde la pérdida de confianza en las élites, en países con fortaleza institucional, hasta la descomposición social en países con debilidad institucional.

En nuestros países latinoamericanos, carentes de institucionalidad, el resultado de la descomposición social es el advenimiento del populismo, y ahora, con el “iliberalismo”. La cuestión es cómo lograr una democracia más justa e inclusiva, para ello es necesario responder a la cuestión del cómo podemos recrear una condición en la que los excluidos, puedan valerse por sí mismos, frente a la atractiva propuesta populista de la compra de conciencia a través de dádivas o peor, frente a la anarquía de un estado fallido y violento.

La pereza intelectual ha hecho creer que la realidad puede explicarse a través de constructos o modelos teóricos de otros tiempos, de otras historias. De este modo se tergiversa la realidad para que se parezca a las pulsiones de cada uno. Pero, todo lo contrario, el abordaje de lo que acontece tiene que ser por la vía de aproximaciones teóricas de la realidad, con base en tanteos, tipo ensayo y error. Es a partir de hipótesis y refutaciones que se construyen los modelos y se resuelven problemas.

Gobernar es una tarea compleja, pues la mala y la buena información se han hecho masivas por la vía de las redes sociales con efectos que comprometen la efectividad y la confianza en el ejercicio de la democracia. Al respecto, hay tres consideraciones importantes: 

Primero, la mundialización de las comunicaciones ha permitido que la gente tome conciencia de la condición relativa de su estado en comparación con el de otras latitudes. Las comparaciones lejanas tienen un efecto magnificador de las diferencias, hay una tendencia a ver, lo distante mejor de lo que realmente es y, de manera asimétrica, ver lo cercano como peor.

Segundo, el ciudadano, cuando participa en elecciones, siente que las decisiones que toman quienes los representan, son distantes de sus problemas.

Tercero, los ciudadanos, de los más remotos lugares, localmente en sus acciones pueden tener un alcance mundial, por ejemplo, el conflicto sirio tiene repercusiones que van más allá de su ámbito conflictivo.

Cuarto, el descontento en relación con la democracia liberal es crítico en todas partes.

Quienes poseen poder e influencia mediática pueden elaborar argumentos para promocionar lo que desean como realidad en lugar de ofrecer evidencias sobre lo que consideran como hipótesis de la misma, esto dificulta el logro de acuerdos sólidamente fundados, pues lo que se busca es imponer una verdad y no su validación, ese ejercicio abusivo de poder encuentra un terreno propicio, en una nueva cultura de masas donde destacan dos circunstancias:

Primero, el “simplismo” lógico con el cual la gente rodea, de aparente racionalidad sus decisiones, de modo que su deseo como realidad guarde consistencia aun siendo falsa.

Segundo, el imaginario del comportamiento humano consistente en endosar a otros sus responsabilidades, en atribuir los males públicos a supuestos complots.

La abstención no militante y la “anti-política”

En Barinas, a pesar del poder del estado y del desorden de los factores democráticos, la gente le puso freno a la “anti-política”, como de igual manera, los agricultores de los Andes, de la Colonia Tovar, de otros tantos lugares, las pequeñas y medianas empresas y los que madrugan cada día para trabajar agregando valor, le han puesto freno al sesgo pesimista sobre la economía arrojando luz de esperanza objetiva en Venezuela. Como todo acontecimiento positivo se requiere un perseverante trabajo prospectivo de manera que se capitalice el valor moral creado y el logro se transforme en una auténtica fuerza de cambio más allá de un punto de luz que formará parte del pasado.

Parecía que, de tanta existencia a la espera de cualquier cosa, se había diferido la auténtica deliberación sobre las tácticas y las estrategias de defensa de la economía, de la democracia y de la política. En nuestro ambiente, hay una aversión hacia la crítica de las formas de lucha política porque se cree que divide y no multiplica los esfuerzos de los factores democráticos, de este modo se ha hecho dominante el abstencionismo, los dogmas de la economía y la anti política.

Comentamos que por definición y principios un verdadero demócrata jamás cuenta, entre sus alternativas políticas, con la abstención no militante, sin sentido de propósito ni propuesta para superar una gobernanza autoritaria. En el pasado, la abstención militante fue una estrategia que se correspondió con ideologías cuyo propósito era la quiebra de la democracia, como fase previa para la instauración del socialismo marxista. En Venezuela desde mediados de los sesenta y comienzo de los setenta se denominó “voto nulo” porque había que refutar con hechos la legitimidad de la democracia representativa y esa era la forma de lograrlo.

De allí que, en todos los espacios de la vida política, un defensor de libertades jamás renunciaba a su derecho al voto así le hicieran trampa o le opusieran obstáculos, pues el acto de votar no solo era para elegir una representación sino para la protección activa de la democracia. Pero, el individualismo irresponsable y sin conciencia cívica, se ha hecho tan importante en estos tiempos que se privilegian actuaciones que dependen más del estado emocional y anímico de la gente, que de la exigencia de un sólido proyecto democrático con una visión compartida de país.

Mientras la clase política siga espectadora, apoltronada y con un fardo de justificaciones del porqué no votar y de exclusión de quien no piense igual, esperaremos para siempre un resultado milagroso y alguna fuerza externa que nos resuelva el problema sin esfuerzo alguno. Hay que asumir el reto de colocar las cosas en su lugar. También en el ámbito económico mientras estemos esperando la llegada de una auténtica democracia y de todas las condiciones favorables sin riesgo ni incertidumbre solo se tendrá más postración, definitivamente hay que hacer algo con contenido de finalidad.

La duda sistemática hacia la veracidad de los hechos, ha facilitado la distorsión premeditada de la realidad que, en un contexto de decadencia moral, de una abrumadora y variada información sin posibilidades de verificación, ha alentado en las masas la creación de sus propias verdades a la medida de su sufrimiento y rechazo. Pero esa creación de verdades al gusto de cada uno es el fundamento del quiebre de la democracia, de la imposibilidad de su superación y mejora. Es una manera de vivir que alienta el ensimismamiento del individuo y su indiferencia social. El venezolano es un ser humano afectado por la desigualdad y la injusticia como problemas sociales y al mismo tiempo, se encuentra ante el acoso, la displicencia, el ataque a la persona como obstáculos insalvables para su realización, diversidad y reconocimiento. Cuando una sociedad y sus individuos como tales dudan de todo y hacia todo, se está erosionando la institución invisible más importante para la democracia: la confianza.