El COVID-19 en la perspectiva de la economía: reflexiones prospectivas sobre el caso Venezuela

La complejidad del problema

Tememos que el desprecio hacia la ciencia y su dimensión ética puedan tener un elevado costo social. En ese ámbito y desde la perspectiva económica observamos severas carencias del conocimiento por parte de los responsables de hacer política pública que unida a la infoxicación que prevalece en las redes crean unas condiciones que amplifican el poder de impacto de la actual pandemia.

Varios aspectos son de relevancia en el qué hacer frente a la pandemia:

  1. Es inconveniente crear condiciones de parálisis económica cerrando fronteras, impidiendo los procesos de producción, obstaculizando de manera crucial la logística de aprovisionamiento y cerrando el comercio. Lo adecuado es proceder con lo máximo que permite el estado del arte en el terreno de las ciencias de la salud para prevenir y evitar la difusión de la pandemia.
  2. Es conveniente alimentar el fortalecimiento emocional, espiritual y moral a nivel individual recurriendo al lado positivo de las creencias de la gente.
  3. Hay que instruir de manera sencilla a la gente para elevar su comportamiento a la máxima frugalidad que le sea posible, evitando lo que no sea necesario para el sostenimiento de su mínimo estado de su bienestar material y de sus equilibrios en las dimensiones éticas, emocionales y espirituales.
  4. Es necesario mantener la alegría de vivir, en última instancia cada uno debe decidir la dignidad con la cual vive su adversidad.
  5. Es un deber evitar espacios donde la presencia no sea necesaria, pensando desde ese inconsciente espiritual para no contribuir con el contagio de los demás y de hacer práctica de la subsidiaridad cuando alguien lo necesite.
  6. La divulgación de información pertinente y la reflexión social de los individuos es necesaria para comprender que habrá un costo en el tiempo entre las consecuencias del daño irreversible a la economía y la amenaza en tiempo real de la pandemia en sí misma. Es ventajosa la comprensión de los propios mecanismos auto reguladores de desarrollo inmunidad a medida que el tiempo pasa.

Nuestra opinión respecto al quehacer se muestra en la siguiente lista:

Si todos se quedaran en su lugar, sin respirar, ni comer, sin conversar, sin…, muy seguramente derrotaríamos al COVID-19, pero quizás no tendremos a quien contarlo ni siquiera alguna soledad de compañía.

La economía del bien común

Las sensaciones experimentadas cuando existe la posibilidad de contagio con desenlace fatal son las reacciones normales del estrés en su forma más exagerada, pero no son más que sensaciones que en términos de desutilidad marginal emocionalmente superan las aprehensiones reales del estado de inflación galopante (caso venezolano), de depresión económica y de severa caída en tiempo real de los inventarios.

Entre la primacía del desagrado por la posibilidad de contagio y los impactos económicos reales, se recrea un sesgo que hace pensar que los impactos económicos son inferiores a los que realmente son, por lo que una exagerada reacción social y unas políticas públicas de parálisis económica inducida pueden ser más dañinas que el propio COVID-19.

Por muy desagradables que sean las sensaciones, ellas no son en absoluto perjudiciales ni peligrosas. Claro está, si se toma conciencia de que no sucederá lo peor y que se pueden contener los daños porque se está mejor preparado ahora, que en cualquier momento del pasado, ante las pestilencias que han amenazado la humanidad desde el comienzo de la historia y que no sucederá nada peor. El estrés necesario para enfrentar la adversidad es la clave de la anti-fragilidad cuando un evento como el COVID-19 se asume como lo que es y no como algo ante lo cual no existe otra opción que la parálisis.

Hay que contener a los pensamientos reincidentes sobre lo que está sucediendo, que no se propague el pánico. Las emociones son tan solo emociones alojadas en la mente, y como tales, pasarán. Si bien no se puede luchar contra esos arrebatos emocionales, se puede tomar una pausa reflexiva ante lo que se piensa inevitable de modo que cada amenaza sea a su vez la fuente de superación de la adversidad.

Toda pausa hace sentir mejor a quien administra bien su estrés, el COVID-19 puede estimular en la gente un sentir hipocondríaco con más ansiedad anticipatoria, sin aportar soluciones y con menos control ante las emociones. La probabilidad de morir por el COVID-19 es inferior a la de otras enfermedades y quizás de menor impacto que los efectos económicos colaterales que podemos inducir con un comportamiento inadecuado.

Emociones y conducta desde la perspectiva económica

Son tiempos que exigen restablecer un equilibrio interior entre los arrebatos emocionales y la razonabilidad de la conducta humana en la perspectiva de la economía. El trabajo es retador pues los acontecimientos derivados de una amenaza inminente sobre la vida del individuo y el aprovechamiento interesado de esos estados extremos se edifican como un terreno fértil para extraer rentas económicas o para acumular poder sobre los demás sin su debido consentimiento.

La disrupción tecnológica comunicacional con una abrumadora y sofocante “infoxicación” permite a unos pocos poseedores de saber, de recursos y de poder político manejar con ventaja cualquier evento bajo la justificación de que criticarles es un freno al libre pensar y al ejercicio de albedrío de la gente, así sea un error que conscientemente esa misma gente conoce, y aun a su pesar, asuma como verdad porque así lo desea.

Es un mundo en el cual prevalece:

  1. Lo superficial sobre lo realmente substancial.
  2. La manipulación fundada en un comportamiento que desdibuja la condición humana.
  3. La abrumadora creación de representaciones comunes edificadas sobre el simplismo lógico de una realidad compleja de difícil interpretación.

En fin, es un mundo de elaboraciones prefijadas que dan la impresión de ser verdades naturales, simples y lógicas, y no como resultado de la actividad social de los hombres.

Es un contexto de fragilidad social que en distintos grados de perversión permite a quienes detentan el poder extraer rentas de un cataclismo mundial. En distintos grados, porque mientras más débil sea institucionalmente un país, más anti-fragilidad desarrollaran quienes supuestamente poseen, como delegación temporal y no perpetua, el poder sobre los demás.

Cómo evitar estas perversidades: leyendo y divulgando solo información pertinente de instituciones como la Organización Mundial de la Salud y de investigadores de centros de enseñanza de certificada autonomía y de libertad de cátedra. Es un peligro supeditar el juicio en la mercantilización del saber.

Desafíos de política económica en tiempo real (aquí y ahora)

Lo que se está pensando en subsidios directos con repartición de bonificaciones mediante emisión irresponsable de dinero es algo que tendría consecuencias extremas pues con un inventario finito de bienes y servicios el desorden inflacionario y la barbarie social serían la contraparte de esa displicencia hacia la Ciencia Económica. La parálisis económica del país en una condición de precariedad casi absoluta de bienes y servicios públicos, de ruptura de las cadenas de valor es la vía más expedita para la propagación y expansión de todas las calamidades públicas que sufrimos.

El país posee aún las formas de enfrentar con éxito esta crisis, sin contar con recursos externos, pero con medidas desde lo individual a lo social, desde lo local a lo nacional de liberación de las fuerzas productivas bajo asfixia regulatoria. Hay que activar un conjunto de principios como:

  1. Toda medida o norma pública debe estar sujeta a evaluación previa de impacto microeconómico: no hay otra opción que someter cualquier regulación a una evaluación de impacto de manera de reducir a la mínima expresión las perversiones de los mercados negros (moralmente especulativos), como está ocurriendo ahora con el tráfico de combustible, más adelante será en todo si no se frena.
  2. Asegurar una fuente de liquidez real local en cada estado mediante el establecimiento de puntos de venta en los expendios de gasolina a un valor de 20 céntimos de $USD, la generación de esta liquidez estará directamente relacionada con los presupuestos relacionados con la salud y la alimentación de las alcaldías y de las gobernaciones, bajo auditoria de los recursos docentes y de investigación de las universidades locales.
  3. Reducción de la anti-fragilidad de los mercados negros mediante incentivos morales en cada comunidad a través de una campaña compartida entre todos los ciudadanos desde las redes sociales.
  4. Distanciamiento social.
  5. Liberación de las cadenas de suministro agroalimentario
  6. Protección de la capacidad de producción y reproducción agropecuaria
  7. Preparación de cada hogar como hogar-hospital con apoyo sanitario de recursos de movilización rápida para la atención en el sitio de contagio, hay que prepararse para un desborde de todo el sistema convencional de salud.

Son líneas prospectivas situacionales para reducir el desorden, la crítica cuando no se acompaña de una propuesta compartida de orden superior se considera parte substancial del problema. Igualmente, el razonamiento velado de ataques a la persona como línea de acción.

La reincidencia en la mala política pública

Las medidas recientes concentran lo peor como estrategia de estabilización socioeconómica necesaria para que se activen los mecanismos auto reguladores del mercado y la civilidad de quienes viven en el país. Ambos mecanismos son imprescindibles para superar la amenaza del COVD-19 (amenaza terminal coyuntural) y para reconstruir el país (amenaza estructural como estado fallido).

Cuatro eventos como mar de fondo

Primero, la reincidencia en el uso de la emisión irresponsable de dinero, segundo, la extracción destructiva de rentas desde el sector privado y desde las reservas de los fondos de pensión acumulados durante la vida activa de lo que fuera la clase media (como rentas de alquileres), tercero, el desmantelamiento de la intermediación financiera bancaria, y cuarto, la mala copia de prácticas efectivas en países con capacidad institucional, recursos financieros reales y reservas de valores morales. Son caricaturas de medidas copiadas de países, por una parte, con reservas en divisas y con suficiente confianza, y por otra, con unos valores cívicos y morales en la gente que permiten la reversibilidad de esas medidas temporales de riesgo moral posterior.

Un país con oferta precaria de bienes y servicios deberá hacer frente a la ilusión monetaria de la gente que recibirá fondos inciertos, pero importantes y suficientes en el conjunto, para desbordar la peor calamidad de despojo del sector productivo: la expectativa de la reactivación del proceso hiperinflacionario. Agregando a ese estado, una cultura asentada en la población al estilo de “sálvese quien pueda” y “agarrando, aunque sea fallo”, la consecuencia será el quiebre del incentivo moral de quienes viven del alquiler para pagar la renta, fuente única que actúa como fondo de reserva de pensión en un país donde nadie puede contar con una adecuada política para el retiro y sostenimiento de una sociedad prematuramente envejecida.

Tanteos a través de la acción pública en cada región o localidad.

En la actualidad una evaluación somera del gasto familiar en combustible con precio promedio de la gasolina de 0,06 $USD por litro, al sumarle el gasto de búsqueda, cola y espera en estaciones y riesgo de no encontrar combustible, arroja gasto familiar probable es de 2,6 $USD por mes, es decir 22% del ingreso mínimo para un grupo familiar con 2 salarios mínimos. Pero, para quienes no consiguen suministro normal, el gasto referencial puede alcanzar 22 $USD por mes en el mercado negro de combustibles.

Si la sensatez privara como consenso amplio dada la crisis sanitaria, ambiental y alimentaria se podría iniciar un tanteo de ejercicio de política económica libre de ejercicio de poder discrecional, de asimetrías de información y de manejo preferencial de información.

Este tanteo iniciaría con un precio de la gasolina situado en 0,21 $USD por litro, para la estimación de un presupuesto mensual familiar de 9,45$USD, este monto es 42% inferior al gasto mensual bajo las premisas de mercado negro.

Con puntos de venta por estación, el monto recaudado debería transitoriamente ir a alimentar las carencias presupuestarias de alcaldías y gobernación en materia de salud y alimentación para apoyar la atención ante la emergencia sanitaria y para aliviar la logística de aprovisionamiento del sector productivo y de distribución de bienes y servicios alimenticios.

El procedimiento no eliminaría completamente las fuentes de la asfixia regulatoria pues aún estaría presente el ejercicio de poder discrecional a la hora de ejecución de gastos de alcaldías y gobernación, pero dejarían de operar los mecanismos de racionamiento discrecional del combustible y el manejo de información privilegiada por parte de los ejecutores de la política pública.

Es poco espacio para explicar lo mínimo necesario para desarrollar esta estrategia, pero es el único camino que resta para eliminar colas, reducir ineficiencias en la logística de aprovisionamiento y distribución y superar la parálisis económica de unas medidas que asfixian la producción, recrean simultáneamente la hiperinflación y la depresión económica. Es urgente someter la extracción de rentas desde la gente hacia quienes poseen poder discrecional e información privilegiada por sus vínculos con el poder.

¿Cómo puede un individuo evaluar el impacto de la asfixia regulatoria familiar por gasto en combustible?

Son cinco los impactos fundamentales

Costo de búsqueda + Costo de espera en colas + Costo inducido por la escasez + Erosión monetaria por asfixia regulatoria + Propina al surtidor

Costo de búsqueda (CB)

Es el tiempo adicional que toma encontrar el combustible. Vamos a suponer que el grupo familiar hace compras una vez a la semana y que debe realizar un recorrido adicional por no encontrar lo que busca. Divida el ingreso familiar entre 30 días y luego entre 8 horas y lo multiplica por el tiempo de búsqueda.

Ejemplo:

Ingreso familiar: Bs S. 900.000

Horas en búsqueda de gasolina (pasiva investigando y activa en el vehículo): 3

Frecuencia: una vez por semana.

Costo de búsqueda = 900.000 / (30*8) x 3 = 11.250

Costo de espera en colas (CE)

Es el tiempo que transcurre entre el momento que llega al sitio de compra y el momento en que sale del mismo toda vez que realiza la transacción. Divida el ingreso familiar entre 30 días y luego entre 8 horas y lo multiplica por el tiempo en colas.

Espera en cola: 8

Costo de espera = 900.000 / (30*8) x 8 = 30.000

Costo inducido por la escasez (CI)

Vamos a estimar este impacto como una adición a la inflación por la proporción de bienes no conseguidos. Si se ve obligado a comprar combustible fuera del circuito formal porque le es prohibitivo hacer colas y esperar, tendrá que recurrir al mercado negro con un gasto entre 0,21$USD y 1 $USD el litro, trabaje con un valor de 0,60 $USD por litro.

Litros promedio: 20

Gasto por cada surtido: 12 $USD.

Tasa de cambio del 81.717 Bs x $USD.

Un surtido: 20 x 0,60 x 1 = 12 $USD, dos surtidos: 24 $USD, tres surtidos: 36$USD, cuatro surtidos: 48 $USD.

Para un solo surtido en Bolívares = 81.717 x 12 =  Bs S. 980.604

Erosión monetaria por asfixia regulatoria en gasto de combustible

CB + CE + CI+ propina al surtidor

Gasto mínimo mensual = 11.250 +30.000 + 100 = 41.350 (0,51 $USD)

Gasto promedio mensual = 11.250 + 30.000 + 980.604 + 100 = 1.021.954 (12,51 $USD).

Gasto máximo mensual = 29,28 $USD.

La economía es importante a pesar de los arrebatos emocionales

Creemos que tanta importancia como la misma pandemia tienen los acontecimientos recientes de la guerra comercial entre China y EE. UU y la amenaza “iliberal” populista en la tragedia del país.

El peso de la querella entre las grandes potencias se ha desplazado a las fronteras de la miseria del mundo en estados fallidos, débiles institucionalmente o criminales y forajidos. Es el desaguadero que le permite a los actores con poder y urgencia en la definición del futuro del mundo, trasladar fuera de sus fronteras las pérdidas materiales y humanas, y descargarlas sobre las espaldas de países cuyo liderazgo político sigue anclado en el pasado, con modelos que sirven a una élite privilegiada que extrae rentas desde el sometimiento y las miserias de los pueblos que parasitan. Es una guerra ubicua, sin estados mayores, sin ideología, sus signos se manifiestan en aquellos lugares donde se presentan grandes desplazamientos de población en los cuales las pérdidas mayores las soportan los más pobres del mundo sin idea, ni poder para conocer o protegerse de lo que les acontece.

Los temas cruciales que son decisivos para el futuro guardan relación con las categorías siguientes: posfactualidad, posverdad, populismo, anti fragilidad, conocimiento distribuido, bigdata, inteligencia artificial, frugalidad, economía regulatoria  y democracia.

La revisión de sucesos  como los de Afganistán, Irak, Turquía, Libia, Siria y Venezuela y otros muestran signos de amenaza para la democracia que no responden a comportamientos fundados en las ideologías marxistas, nacionalsocialistas y fascistas. Quizás “El fin de la historia y el último hombre” de Fukuyama, sea el “final de las ideologías y el último ciudadano”.

La nueva guerra hibrida de la globalización se da en estados débiles en los cuales el terrorismo utiliza formas rudimentarias de ataques contra la propiedad o las personas, pero también sabe cómo poner a su servicio los medios más avanzados de comunicación, propaganda, incluso piratería o sabotaje cibernético en detrimento de países que luchan contra él. El mundo está haciendo frente a la ansiedad y la incomodidad con respecto a un futuro deshumanizado y hasta ahora la revolución tecnológica no ha mejorado suficientemente la conciencia. No es muy halagüeño para el destino de un país descansar su futuro en eventos inciertos de quienes se cree ingenuamente resolverán nuestros problemas.

El arrogante olvido y la displicencia abierta hacia la economía puede de una magnitud  estremecedora, mientras tanto se dilapida en ataques y diatribas sin criterio el tiempo y los recursos del pensamiento en las redes.

La impertinencia fatal macroeconómica

La macroeconomía fundada en si misma ha resurgido en estos días, los expertos han reducido la trama del COVID-19 a algo cuyo tratamiento económico puede aislarse esencialmente con la creación de dinero para el financiamiento del gasto público en forma de diferentes asignaciones para la lucha contra la pandemia.

Es una macroeconomía del engaño o de la simulación, del engaño porque no se puede distribuir lo que no existe o ha disminuido en estos días: los bienes y servicios de consumo final, o quizás de simulación de la extracción de rentas desde unos hacia otros, sin el consentimiento de los más débiles.

Es una “infoxicación” con poca fundamentación en la evidencia datos pertinentes y de propuestas con supuestos demasiado simplificadores del comportamiento de los individuos, de los inversores y de los propios actores del Gobierno y sus aliados de ocasión.

Hay que cambiar la forma de pensar a la economía, pues la condición poco académica de la atracción mediática es un cerrojo en la creación de modelos mentales y teorías, son un obstáculo para la exploración de las nuevas ideas y el diseño de nuevas políticas ante eventos cuyas reglas de comportamiento responden a un ecosistema históricamente desconocido. Hay que tener cuidado con teorías que no guardan correspondencia con hechos y evidencia crucial, más allá de las creencias asentadas en opiniones e informaciones ambiguas que pueden servir para refutar ingenuamente cualquier cosa.

Hay que proporcionar a la gente capacidades de raciocinio microeconómico de manera que puedan movilizar los recursos locales con pequeños logros de gran impacto que contribuyan con la producción de bienes y servicios esenciales para hacer frente a la crisis. La tarea macroeconómica es asegurar la movilidad y estabilización de variables resultado de modo que cada uno mejore la calidad de sus decisiones.

Si mañana se acaba el mundo

Cada segundo de las últimas 24 horas quizás reversarían la teoría de la utilidad marginal decreciente porque aparecería como dominante el principio de insaciabilidad. El tiempo en la escala de su historia haría de la economía una disciplina estática comparativa pues en ella el tiempo humano sería bien difícil de delimitar entre pasado, presente y futuro, solo poseeríamos instantes para vivir.

El sentido de propósito categoría fundamental en la formalización de propuestas prospectiva podrían conducir a un sistema de preferencias bajo las cuales:

  1. El COVID-19 estaría fuera del espacio vital del pensamiento.
  2. Las noticias serían un distractor de las últimas sensaciones y acciones que se tendrían que hacer.
  3. El instinto se sometería a la razón solidaria con el otro, al menos para abrazar.
  4. El soplo de la utilidad marginal de una oración sería superior a cualquier mínimo tormento marginal que del pensamiento se pudiera recrear.
  5. Se reduciría mentalmente el transcurrir del tiempo, sería lento, lento,… , es lo que las otras disciplinas de la mente llaman relax, relax,…
  6. Si se pensara razonablemente, quizás quien pueda, estaría con su familia, compartiría una buena mesa, le obsequiara al amor su lugar, limpiaría las copas y sus cercanas cosas de cristal plenas a 1/3 con licores espirituosos y como última cena rezaría.

Revisiones que vendrán luego del covid-19

Cuando se supere la pandemia que acogota al mundo vendrán momentos cruciales para la revisión de la manera como la humanidad aborda la “verdad” como criterio de deliberación democrática. Si la búsqueda de la verdad no sucumbe ante la emergencia populista -y su evolución superior “iliberal”- y si el principio de la relatividad de la verdad no se consolidada como institución invisible fundamental de la política, serán tiempos de grandes avances para la deliberación democrática y para la humanidad.

El discurso dominante en las redes sociales es esencialmente mediático y se alinea con uno de los factores característicos de la cultura “iliberal”: la destrucción de un lenguaje común para discernir sobre la validez o no de argumentos sujetos a experimentación o a deliberación. Los signos de ese culto se encuentran en un discurso cotidiano pleno de falacias entre las cuales es dominante la “ad-hominem”, es decir, la ofensa personal como principio de sometimiento de la razón frente al cualquier discurso apoyado en criterios de demarcación y evidencias que permitan su validación o refutación.

Detrás del escudo que ofrece la libertad para afirmar cualquier cosa, sin reglas de acuerdo consensual, se esconde un autoritarismo que impide formular propuestas y allanar el camino para ejecutarlas en tolerancia, con respeto a las minorías y  con la aceptación de la debida diversidad de pensamiento. Los signos de esta cultura “iliberal” pueden ser reconocidos en la profusión de la crítica y la desconfianza hacia todo, sin que el “censor” de ocasión éticamente deba ofrecer una propuesta de orden superior a la que critica, el crítico en su radical posición nunca ofrecerá opciones pues su creencia omnisciente es verdad por sí misma.

Necesitamos unión, reconciliación y cambio. Quien viene con una querella, con una dificultad, con un disentimiento y no ofrece una opción, una propuesta de solución o una alternativa forma parte ineluctable del problema.

La parálisis económica puede ser más costosa que el COVID-19, lo cual sumado a la creencia de que el único recurso disponible de la política económica reside en la creación de dinero y el gasto público pueden crear en la gente la ilusión monetaria de que las ayudas financieras que recibe podrán asegurarle la adquisición de bienes y servicios necesarios para su supervivencia.

La parálisis económica es equivalente a una menor oferta de bienes y servicios, como ocurre con la escasez de combustible, el problema no es que la gente no posea dinero para comprar gasolina, es que no hay, por lo cual es inevitable el racionamiento y peor la aparición de mercados negros con todos los males sociales que significa la extracción de rentas en favor de los pocos que poseen recursos y de quienes mantienen relaciones privilegiadas con los administradores de las penurias públicas. Para enfrentar la parálisis hay que liberar las fuerzas productivas del país de la asfixia regulatoria y reorientar los recursos públicos para asegurar la logística de producción agroalimentaria.

Después de superar la pandemia los recursos públicos deberán estar sujetos a una prospectiva de largo plazo en materia de salud, educación y habitabilidad de modo que desde el presente esté garantizado el máximo de opciones para superar las inevitables contingencias naturales y económicas que siempre acompañaran el desenvolvimiento humano.

El dinero y el gasto público son medios subsidiarios para dar fundamentación a un mundo deliberativo para el discernimiento de reglas libres de los incentivos perversos y de los males del poder discrecional.

El sentido prospectivo de un mundo mejor desde lo regional y lo local

La disrupción tecnológica hizo de la realidad política del mundo, apegada al resurgimiento del populismo en su forma “iliberal”, una entelequia sujeta a prácticas obsoletas, a esquemas superados y a métodos convencionales de análisis que responden a otros modos de funcionamiento, pero inútiles para comprender lo que acontece. Se construyó un discurso interesado orientado a la defensa nacionalista de la soberanía y a la aspiración de extender sus propios modos de vida más allá de sus fronteras.

Pero, la globalización transformó el escenario de cada país en un componente más interdependiente con una gran movilidad material, virtual y humana sin precedentes. Los problemas que se trataron inútilmente de ocultar: la salud, la economía, la información y el ambiente aparecen sorpresivamente y de manera implacable ante el individuo, las familias, las organizaciones y el propio estado, hace falta el retorno de lo social y una gobernanza global. Esta reflexión será una de las cuestiones que como civilización tendremos que revisar.

Luego del COVID-19 habrá que someter a revisión la creencia de que ese mal es mayor a lo que el mismo puede causar entre los más pobres menos equipados y al sufrimiento que pesa sobre sus miserias desde antes de la pandemia. Es un distractor ruinoso para la civilización estar formulando hipótesis de algún interesado complot de las potencias para destruir al adversario, cuando prevalece la “mercantilización” de la política y de la economía como instrumentos para posesionarse del mercado mundial. La parálisis económica del mundo y sus fallecidos no constituyen la mejor manera de ampliar los mercados, ni siquiera para vender mascarillas.

La incertidumbre voluntaria y el desorden social enmarcan el presente de la actuación humana de manera trágica, obligan a la exploración de los signos que permiten observar el largo plazo de la humanidad, de la ciencia, de la tecnología, de la economía y de la sociedad, de manera global con la mayor capacidad de la gente para resolver sus problemas en su lugar de ocurrencia. Esa exploración del futuro guarda relación con la identificación de las tecnologías emergentes y con el desarrollo de una auténtica democracia deliberativa que probablemente produzcan los mayores beneficios económicos y/o sociales jamás imaginados.

Imaginen nuestros líderes, nuestros gremios, nuestra gente lo que nos espera por la insensatez mediática de estar señalando culpables dentro y fuera del país y no alinear la voluntad de todos alrededor de un nuevo relato sobre unas pocas cosas de fácil acuerdo y de gran impacto que somos capaces de hacer. Imaginen el escenario de equipar gasolina trasladado al mercado de bienes esenciales para la alimentación. Al menos tengamos una pesadilla real, verdadera, sin manipulaciones ya que no tenemos tiempo para algo distinto que pensar en China, desarrollemos, al menos un poquito más de ingenio para sumar otros chivos expiatorios mientras nos acabamos como nación.

Enlace: Documento en formato “pdf” para descarga



Categorías:Prospectiva y Previsión

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1 respuesta

  1. Extraordinario analisis mi respetado Francisco, lo mas completo que he leido sobre ese terrible presunto dilema entre morirse de covid 19 o de hambre

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