El efecto Peña Vigas

Hoy escribiré buscando en las fronteras de lo que sea, una manera diferente abordar mi relato, luego de 44 años conversando, escribiendo notas y dando clases sobre la inviabilidad económica del populismo, he tenido poco éxito en convencer a quienes haya podido llegar el mensaje de que el largo plazo es importante, como reflexión en el aquí y ahora sobre la sustentabilidad de nuestro modo de vida. Somos tremendamente frágiles, incapaces de producir la base de nuestro bocado tradicional la “multisápida” arepa, que ahora hacemos amasando “farina de milho amarelo pré-cozida” traída de Brasil con el nombre de “Pamol” a Bs 22.000 el kilo. Cuando nos domina la coyuntura perdemos el sentido de propósito aún cuando John Maynard Keynes, dijera “en el largo plazo todos estaremos muertos”, parece que “viviendo como vaya viniendo” nos alcanzó pues hay hambre, inseguridad, precariedad sanitaria, escasez y descomposición moral.

He sido cauteloso expresando lo que pienso, pues es fácil en nuestro país hacerse acreedor del insulto, es la forma generalmente aceptada, en un medio con más de veinte años de vocación autoritaria, cuando se dice algo diferente a lo que la gente desea escuchar, aun cuando ella misma tenga conciencia de que la amarga verdad de la realidad es otra. Hay que demandar a los gobernantes que hagan su trabajo como debe ser, y también a la gente hay que recordarles como lo hizo John F. Kennedy “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país.” El éxito en la historia de la humanidad se ha logrado con base en propuestas, con acuerdos, asumiendo riesgos, los extremos solo dejan violencia y sufrimiento.

En una charla sobre la necesidad de reformas en Venezuela y de un nuevo relato, con un gran asombro fui testigo de un hecho preocupante, el Profesor César Peña Vigas, preguntó sobre la fragilidad energética de Venezuela con una alerta de que casi todos podríamos desaparecer en pocos meses si el Guri fallara, la audiencia calló, nadie dijo nada, pues en su racionalidad, en su “seudoconcreción” eso no existe, “si algo no te gusta entonces no es realidad, así la evidencia señale lo contrario y la sensatez te diga que es incoherente, inconsistente y contradictorio ”.

Más ampliamente ese efecto consiste en lo siguiente: “cuando el populismo se arraiga como cultura, la noción de fragilidad de los sistemas se hace difusa, vivimos de la ilusión de que el bienestar del presente, es producto del presente, cuando no lo es, tomando como premisa lo que deseamos como realidad y promoviéndola como verdad cuando no lo es”. Mientras no se tenga un relato ampliamente compartido, positivo y retador, como alternativa al modelo que tenemos, sin darnos cuenta reforzamos y fortalecemos más a un gobierno que decimos no querer. Hay que respaldar el empoderamiento, la confianza y la innovación frugal en la gente. Si ofrecemos una tarjetica como la que un candidato nuestro ofreció llamada “La Negra”, ella no guarda ninguna diferencia con una “tarjeta de racionamiento” o de un “carnet de la patria”.

Venezuela es un muestrario de multitud de dilapidaciones a lo largo de más de siglo y medio de abundancia petrolera. En nuestra geografía hay mamotretos colosales por doquier, de dudosa sustentabilidad pues requerirían una producción inimaginable de petróleo a precios permanentemente en aumento, podemos observar al costado de la autopista regional del centro, esa horrible colección de concreto que de manera osada se dijo que sería una red de ferrocarriles que se extendería en el 2012 por todo el territorio. Por un instante atrévanse a pensar que esos elefantes blancos son una proporción de un patrimonio mayor que enriqueció a unos pocos en nombre del pueblo.

Además de un programa de “Reformas Económicas e Institucionales” hay que revisar “el cómo pienso y siento, porque como siento y pienso así actúo”, si ese “plan” es difícil, más lo es que la gente se convenza de que la materialidad de las cosas no es la esencia, que para hacer educación, la construcción de la escuelita es lo más fácil, lo complejo es asegurar que sus frutos permitan al país su cuidado, su mantenimiento y la reproducción del acervo de capital de la nación que allí se invirtió.

Sorprende como en un país con tanta abundancia haya tenido un solo programa con sentido prospectivo (21 de febrero de 1936), que haya anticipado en diagnóstico lo que luego 30 años más tarde (1965) se llamó “Enfermedad Holandesa”[1], debería ser llamado el “Mal de Adriani-Uslar”. Fueron diez años de posgomecismo que nos sacaron de las cavernas que, casi tocó las puertas del cielo y como siempre en la búsqueda de lo fácil,  inmediato y sin esfuerzo se prefirió un golpe de estado.

Francisco J Contreras M


[1] Más sobre el tema de la “Enfermedad Holandesa” en:

https://prosprev.com/2014/06/26/petroleo-venezolano-una-renta-que-jamas-se-sembro/

https://prosprev.com/2015/02/08/el-petroleo-y-sus-falacias-venezuela-que-haremos-francisco-j-contreras-m/

https://prosprev.com/2014/07/31/sera-el-fin-de-los-precios-altos-del-petroleo-y-de-otras-energias-fosiles/

https://prosprev.com/2016/09/27/2017-un-panorama-petrolero-sombrio-para-venezuela-lo-que-adriani-y-uslar-advirtieron-para-el-ano-1936-nos-alcanzo-tragicamente/

https://prosprev.com/el-estancamiento-secular-del-petroleo-como-fuente-de-energia/

https://prosprev.com/2009/06/22/la-enfermedad-holandesa-y-el-efecto-venezuela-parte-ii/

https://prosprev.com/2009/06/01/el-mal-holandes-y-el-efecto-venezuela/

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Categorías:Prospectiva y Previsión

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