Venezuela en tiempos de odio (Autor: Dr Alberto Sosa Olavarría)

“La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario.”          Nelson Mandela

El tema

La ilegítima asamblea constituyente a través de la Comisión de la Verdad (equivalente al Ministerio de la Verdad de George Orwell, con el objetivo de transformar mentiras en verdades, falsear la realidad y manipular a la opinión pública), se ha abocado a la redacción de una “Ley contra el Odio”. Al escuchar ese planteamiento me vino a la mente una vez más la obra de Orwell (E.A. Blair) 1984, con su célebre estrategia del “Dos Minutos del Odio” según el mandato del Big Brother, con sus ojos siempre vigilando a todos. Lo primero que se me ocurre pensar es que dicha iniciativa se corresponde con el reconocimiento explícito de que el odio se ha entronizado en el sentimiento colectivo del venezolano convirtiéndolo en delito que amerita sanciones jurídico-penales. Comencemos por definirlo, el odio u “odium” en latín, representa la repulsa hacia alguien o algo, es un  sentimiento profundo e intenso de rechazo hacia alguien que estimula el deseo de provocarle un daño o de que le ocurra alguna desgracia. También se le considera como una aversión o repugnancia violenta hacia una cosa que provoca su rechazo. Pero en su acepción más amplia sería emoción de profunda antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona o cosa, así como el deseo de evitar, limitar o destruir a su objetivo. El odio se puede basar en el miedo a su objetivo, ya sea justificado o no, o más allá de las consecuencias negativas de relacionarse con él. El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad. El odio puede generar sentimientos de destrucción, demolición del equilibrio armónico y ocasionalmente autodestrucción, aunque la mayoría de las personas puede odiar eventualmente a algo o alguien y no necesariamente experimentar estos efectos. El odio no es justificable desde el punto de vista racional porque atenta contra la posibilidad de diálogo y construcción por el bien común. Este sentimiento se genera por miedo, desafectación, frustraciones, rivalidades o envidia. Cuando tenemos baja autoestima o sentimientos de inferioridad y se envidia lo que otros tienen o son, cuando a título personal o colectivo se  siente que alguien es responsable o culpable de alguna situación negativa que se haya podido experimentar, de responsabilizarlo por las penurias, limitaciones o carencias, allí el odio encuentra tierra fértil. Puede ser también inducido o instigado mediante estrategia de dominio de masas por gobiernos populistas y totalitarios, siendo la exacerbación del  odio de clases una herramienta para acceder o mantenerse en el poder. Es un sentimiento inagotable que cuesta trabajo superar y olvidar. ¿Cómo podremos emanciparnos del odio? ¿Mediante una ley que regule los sentimientos, tipifique su antijuricidad y los penalice?, ¿O enseñando a amar? ¿Puede enseñar a amar quien ha enseñado fundamentalmente a odiar?

Es posible que las personas sientan cierta aversión sobre personas u organizaciones, incluso ciertas tendencias ideológicas, y es aquí donde se puede situar este sentimiento que priva en el colectivo venezolano, fraccionado en dos bandos con ideas, objetivos, propósitos e ideologías contrarias, donde los sentimientos de antipatía, rencor, disgusto y enemistad se expresan bajo diversos grados o matices. En la Oceanía de Eric Blair, privan a manera de doctrinas: La Guerra es La Paz, La Libertad es la Esclavitud, La Ignorancia es la Fuerza, y La pobreza es la garantía para la persistencia del proceso, además del control absoluto de los órganos de difusión. Odio, miedo con delación y vaporización del enemigo, y eterna guerra contra un imperio (Eurasia). En su neolengua el odio es amor, pero se enseña a odiar a Goldstein, que representa al opositor que aboga por la libertad, insulta al “Big Brother” que es el Líder Supremo, y es un apátrida que merece implacable castigo. No veo otro símil con esa  a esa Oceanía, que la de Cuba y la que vivimos. Desde sus inicios el Socialismo del Siglo XXI se comenzó a cimentar en arraigar y profundizar un odio de clases, los ejemplos permitirían escribir sendos tomos sobre el engendrar odio como medio para alcanzar y afianzarse en el poder. Pulverizar o vaporizar al adversario, freír cabezas en aceite, exaltar figuras vinculadas a la violencia, etc., constituyen algunos de sus recursos. La Ley contra el Odio crea un nuevo delito que encaja en el “Crimental” o crimen mental, del libre pensar o sentir orwelliano. En la obra 1984 el tercer motor de la sociedad es que los habitantes no tienen otra alternativa que el odio, odiar al opositor es amar al partido y al “Big Brother” que en el caso de la Venezuela actual no es otro que el Comandante Supremo, sin olvidar los ojos del Gran Hermano que te vigila de manera permanente.

Bien vale la pena, analizar el odio desde varios puntos de vista:

Desde el punto de vista filosófico: Algunos filósofos han ofrecido muchas definiciones influyentes del odio. René Descartes ha visto el odio como la conciencia de que algo está mal, combinada con un deseo de retirarse de él. Baruch Spinoza, celebre filosofo creador de su propio Dios, definió el odio como un tipo de dolor que se debe a una causa externa. Aristóteles ve el odio como un deseo de la aniquilación de un objeto que es incurable por el tiempo, David Hume cree que el odio es un sentimiento irreductible que no es definible en absoluto. Consideran al odio como lo opuesto al amor. M De Unamuno afirmaba que “Vale más romperle al odiado las narices de un puñetazo y luego darle un abrazo, que seguir odiándole en silencio”.  Spengler al referirse al Odio de Clases, afirmaba “…Esta desgracia es un espectáculo que excita a los proletarios”. Gregory Bateson en su teoría del Doble Vinculo, nos orienta, e inferimos de sus postulados que factores tales como la pobreza, insalubridad, el miedo, la ansiedad, la sensación de impotencia, la desesperanza, la frustración y el duelo al no poder materializar aspiraciones, pueden conducir a estados esquizoides y activación del odio. Según la Biblia  hay aspectos positivos y negativos al odio. Es aceptable odiar aquellas cosas que Dios odia; de hecho, esto es una prueba de una posición recta delante de Dios. “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal” (Salmo 97:10a), “Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio” (Mateo 5:22). Podemos concluir este aparte afirmando que todo gobierno populista y totalitario alienta el odio de clases y en consecuencia, al menos debería ser execrado de la Iglesia de Cristo.

Desde el punto de vista médico: Aunque el odio es una emoción natural, perjudica la salud física y mental, altera tu estado de ánimo, genera estrés, ansiedad y hasta depresión. La mente, las emociones y el cuerpo están comunicados, recordar la tríada de Chiozza, Cerebro-Corazón-Hígado. Cuando hay ira u odio se liberan hormonas y sustancias como adrenalina, cortisol, prolactina; es decir se activa el sistema hipotálamo-cortico-suprarrenal, mientras más tiempo se secretan en el organismo más daño sufre el sistema cardiovascular e inmunológico, y el organismo es más susceptible a las enfermedades. La amígdala cerebral, hipocampo e Ínsula de Reil junto a lóbulos frontales integran un “Circuito del Odio” según expertos en neurociencias. Otras afecciones que emergen cuando se acumula este sentimiento adverso son una presión sanguínea y ritmo cardiaco elevado. Además, se tiene más posibilidades de padecer alguna enfermedad del corazón. Cuando se le está padeciendo y solo se desea venganza o se ejecutan represalias, se desgasta energía y se activan sistemas de desequilibrio orgánico, que se representan en el teatro corporal como emociones y en el teatro de la mente como sentimientos (Damasio), lo cual lleva a afecciones del sistema digestivo (gastritis, úlcera gástrica) y nervioso, esto último incluye trastornos mentales tales como la ansiedad, angustia, depresión, paranoia y estados esquizoides. Cuando sentimos algo negativo hacia una persona, el cuerpo entra en una lucha, el “circuito del odio” activa ciertas áreas del cerebro, el sistema renina-angiotensina actúa, esto genera cambios como el aumento de la presión sanguínea, el sistema inmunológico responde a la amenaza, hay tendencia a la disminución de las defensas y se incrementa la posibilidad de infecciones o el surgimiento de patologías latentes. La diabetes, hipertensión y enfermedad coronaria, están vinculadas a la persistencia y profundización del odio o se agravan si son enfermedades pre-existentes. La mente, las emociones y el cuerpo están comunicados. El odio es considerado como un factor de Alto Riesgo para la salud tanto individual como colectiva.

¿Qué nos aporta la Investigación neurológica?,  ¿Por qué se odia a alguien?,  ¿Qué pasa en el cerebro de estas personas? Un equipo de investigadores británicos lo ha descubierto. El odio es un sentimiento biológico complejo que, a través de la historia, ha llevado a los individuos a cometer tantos actos heroicos como viles. Lo mismo que puede decirse del amor;  y es que lo primero que han descubierto los investigadores del Laboratorio de Neurobiología del University College de Londres es que ambas pasiones comparten dos estructuras cerebrales, una semejanza mayor que la presentada con cualquier otra emoción. Por eso, el dicho popular afirma que ‘del amor al odio sólo hay un paso’. Para descubrir ‘el circuito del odio’, que es único, los investigadores observaron mediante imágenes de resonancia magnética el cerebro de 17 individuos -10 hombres y siete mujeres- mientras veían fotos de caras de personas por las que sentían una seria animadversión (cedidas por cada participante) alternadas con otros rostros neutrales, que no despertaban en ellos ningún tipo de sentimiento. De esta forma vieron las áreas neuronales que se activan al odiar. Sus resultados, que se publican en la revista ‘PLoS One’, muestran que la red que se pone en marcha con esta pasión irracional implica a dos regiones que juegan un papel importante a la hora de generar un comportamiento agresivo y en trasladar posteriormente esta conducta a la práctica. Dichas zonas son el putamen -un núcleo situado en el centro del cerebro-, y la ínsula -en la superficie lateral de dicho órgano-. Los resultados mostraron una mayor actividad en la circunvolución frontal media derecha, de forma bilateral en la corteza premotora, en el polo frontal, y de forma bilateral en la ínsula media del cerebro humano. Los investigadores concluyeron que existe un patrón claro de actividad cerebral que ocurre cuando las personas están experimentando el odio. Para Semir Zeki (Laboratorio de Neurobiología da University College London), además de ayudar a comprender mejor el funcionamiento del cerebro humano, “el descubrimiento puede tener implicaciones en otros ámbitos, como por ejemplo en los juicios a criminales”. “Cada vez sabemos más del cerebro. Si es ético o biológicamente deseable interferir en estas emociones básicas humanas es otra cuestión que la sociedad debatirá a su debido tiempo”. El profesor Zeki explica que la diferencia fundamental entre el amor y el odio es que con el primero se desactivan partes extensas de la corteza cerebral, mientras que en el caso del odio sólo se desactiva una pequeña zona. «Esto sí puede resultar sorprendente, porque el odio también puede ser apasionado, igual que el amor», adujo. «Mientras que en el amor romántico el amante es a menudo menos imparcial y no atiende tanto al sentido común en lo que respecta a la persona amada, el individuo que odia puede que quiera usar la razón para calcular las acciones que emprenderá para hacer daño, herir o vengarse del individuo odiado.» El «circuito del odio» abarca estructuras de la corteza y la subcorteza del cerebro. Según los científicos, estas estructuras poseen componentes que estimulan la conducta agresiva y la materializan en acciones mediante una planificación del movimiento. En otras palabras, el cerebro se moviliza para actuar. La corteza frontal se encarga, entre otras funciones, de anticipar las acciones de los demás, lo cual puede ser útil a una persona cuando se encuentra cara a cara con un individuo odiado. «El odio suele considerarse una pasión nociva que, en un mundo ideal, se debería dominar, controlar y suprimir», comenta el profesor Zeki. «Pero para un biólogo, el odio es una pasión tan interesante como el amor. Al igual que éste, el odio puede ser irracional en apariencia y empujar a un individuo a actos tanto heroicos como malvados», puntualizó. « ¿Cómo pueden conducir dos sentimientos opuestos al mismo comportamiento? »El profesor Zeki hace hincapié en que, mientras que el amor romántico suele ir dirigido a una única persona, «el odio puede dirigirse a grupos o colectivos enteros, como ocurre con el odio de índole racial, política o sexual». Próximamente se proponen emprender estudios para dilucidar las distintas variedades de odio.

En este momento cabe la pregunta ¿Alguno de los proponentes de la ley contra el Odio, exigirá como prueba contundente la Resonancia Magnética Funcional Cerebral para demostrar la existencia de activación del Circuito del Odio ante la presencia de imágenes de los odiados, a los del gobierno que odian a los opositores y viceversa?, otra pregunta: ¿Han estado libres de odio los miembros de esa asamblea, jamás han odiado a un opositor, o inclusive a alguno de sus camaradas?

Desde el punto de vista psicoanalítico: Sigmund Freud define el odio como un estado del yo que desea destruir la fuente de su infelicidad. La psicología define el odio como un sentimiento “profundo y duradero, intensa expresión de animosidad, ira y hostilidad hacia una persona, grupo u objeto”. Debido a que el odio se cree que es de larga duración, muchos psicólogos consideran que es más una actitud o disposición que un estado emocional temporal. Carl Gustav Jung, el gran psiquiatra y psicoanalista suizo, sostenía que todos tenemos ciertos rasgos que ocultamos, ya que desde pequeños nos dimos cuenta que esto era necesario si queríamos ser aceptados. Durante un sueño sintió la presencia de una tenebrosa sombra que le seguía. De repente Jung se dio cuenta de que lo que le seguía no era sino su propia sombra. Desde aquel sorprendente hallazgo hemos podido entender muchas cosas que hasta ahora se nos escapaban. ¿Por qué algunas personas nos caen especialmente mal? ¿Es sólo por lo que hacen o también por su forma de ser? ¿Es sólo que representan nuestra sombra, lo que no queremos ser? Antonio Damasio en su teoría acentúa «la función crucial del sentimiento para navegar las corrientes inacabables de las decisiones personales durante la vida… Las señales intuitivas que nos guían en estos momentos vienen en forma de olas guiadas por el sistema límbico que Damasio llama «marcadores somáticos» – literalmente, «sentimientos viscerales».​ Prestando atención a las reacciones viscerales, «el marcador somático te puede llevar a rechazar, inmediatamente, el curso negativo de una acción y de esta forma… te permite escoger entre un número menor de alternativas».​ Parece ser Damasio la inspiración clave tras el desmantelado de la dicotomía entre la razón y la emoción. El Psiquiatra Rojas Malpica afirma “No sé cómo se puede legislar sobre las emociones, ningún ser humano está exento de sentir todo tipo de emociones y actuar de acuerdo a ellas no siendo punibles a menos que transgredan lo establecido en las leyes vigentes. El odio no es justificable desde el punto de vista racional. En realidad las emociones y los sentimientos no se justifican con la razón. Lo más adecuado sería comprenderlos. No se explican en términos causa-efecto, se comprenden en función de sus motivos”

Desde el punto de vista jurídico: Al final pero no menos importantes está la cuestión del Odio y sus derivaciones jurídico-penales. Veamos que encontramos en Wikipedia, un crimen de odio (también conocido como un “crimen motivado por prejuicios”) generalmente se refiere a actos criminales, que se considera que han sido motivados por el odio de uno o más de las condiciones mencionadas. Los incidentes pueden incluir ataques físicos la destrucción de la propiedad, intimidación, acoso, abuso verbal o insultos. El término crímenes de odio (hate crime) surgió en Estados Unidos, en 1985, cuando una oleada de crímenes basados en prejuicios raciales, étnicos y nacionalistas fueron investigados por el Federal Bureau of Investigation (FBI). Consultemos el trabajo de la Abogada Alba Evelyn Cortez A, quien afirma que “En un principio, esta literatura se utilizó, particularmente, para referirse a aquellos crímenes en contra de grupos raciales, étnicos o hacia ciertas nacionalidades. A partir de entonces, los diferentes movimientos para la promoción y protección de los derechos humanos en Estados Unidos lo fueron incorporando en su discurso y ampliando para la inclusión de otros grupos marginalizados. La utilización del término se introdujo dentro de la legislación norteamericana con dos variaciones en su terminología: 1) crímenes de odio o “hate crime”, que, por lo general, se observa, principalmente, en leyes federales, y 2) crimen por prejuicio o “bias crime”, cuyo contenido tiene una referencia al prejuicio y se advierte, por lo general, en la jurisprudencia estatal. En América Latina, Uruguay y México D. F. han sido pioneros en la incorporación en la legislación penal, en otros como Colombia ha implicado únicamente la mayor punibilidad por la orientación sexual. La mayoría de crímenes que se podrían catalogar como “de odio” son considerados en la práctica únicamente como delitos comunes o crímenes pasionales. Como resultado de ello, se esconde una problemática que afecta a la población LGBTI y además, ignora los niveles de discriminación que se evidencian en este tipo de crímenes”. Esta autora señala que los crímenes de odio son diferentes de los delitos comunes, pues las víctimas de crímenes de odio sufren más, por lo menos psicológicamente si no físicamente también, que las víctimas de delitos no motivados por prejuicio. Una segunda razón es que los crímenes de odio también tienden a ser excesivamente brutales y causan un mayor trauma físico a las víctimas. Tienen un impacto más amplio que los delitos comunes debido a su potencial para incitar el miedo, dividir sociedades, y crear ciclos de violencia y represalias. Los crímenes de odio son una forma particularmente nociva de discriminación, poniendo en peligro la igualdad en el goce de los derechos humanos fundamentales. Aporta esta definición jurídica: Acto doloso generalmente realizado con saña, que incluye, pero no se limita a violaciones del derecho a la vida, integridad personal, libertad personal, el cual tiene la intención de causar daños graves o muerte a la víctima, basando la agresión en el rechazo, intolerancia, desprecio, odio y/o discriminación hacia un grupo en situación de vulnerabilidad…Los crímenes de odio son actos criminales motivados por prejuicio basado en una característica protegida, como raza, religión, etnicidad, origen nacional, orientación sexual, género, identidad de género, discapacidad u otro estatus. Un crimen de odio tiene dos elementos principales: 1º. Es un acto que constituye una ofensa criminal (un delito menor o mayor), y 2º. Se comete con una motivación de prejuicio. Del latín praeiudiciis que puede traducirse como “juicio previo”. Es una opinión previa acerca de algo que se conoce poco o mal. Los prejuicios se elaboran a partir de opiniones que surgen antes de juzgar la determinación de las evidencias. Es una crítica que se realiza sin tener los suficientes elementos previos para fundamentarla. Los prejuicios reproducen estereotipos. Los prejuicios están muy vinculados a la discriminación de las personas. Dentro de los actos generados por el odio se podrían incluir: Profanar tumbas/ lugares de culto / Interrumpir cultos /Vandalismo a la propiedad/ Saqueos/ Lanzar Piedras, huevos, excrementos/ hurtos por parte de autoridades/manchar paredes o colocar grafitis/ Quemar monigotes con figuras gubernamentales/ Intimidación/ burlas, “escrache”/ exclusión/ Violaciones/ Golpes / lesiones/ Expropiación de bienes/ Asesinato. Como podemos inferir estos delitos están contemplados, en su mayoría, en los diferentes instrumentos legales vigentes en nuestro país relacionados con la materia, desde el Código Civil pasando por el Orgánico Procesal Penal, leyes contra la violencia femenina y protección de niños, jóvenes y adolescentes, etc., etc. En la CRBV el Titulo III De los derechos humanos y garantías, y de los deberes, en su capítulo I, abona enjundiosamente sobre el tema.

Delicado asunto sería el de clasificar o tipificar los crímenes de odio: Por el tipo de ofensor, por el tipo de víctima, por el tipo de conducta desplegada y el daño ocasionado. En el diccionario de Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales de Manuel Ossorio, se define como Crimen Pasional el originado por la violencia del odio, del amor, de los celos u otras pasiones…, en consecuencia si se desea discriminar con una Ley contra el Odio, habrá que crear una Ley contra los delitos del Amor, Celos y otras Pasiones”. ¿Habrase visto semejante adefesio jurídico?

Según J. Loreto “los escraches no son crímenes de odio, ya que la selección de las víctimas no parece estar asociada a su posición política, sino a sus actos –que es cuanto los diferencia de cualquier otra persona con la misma parcialidad política– y por esto las víctimas de los escraches no son intercambiables. No obstante, estos escraches que merecen nuestro categórico rechazo, son ahora el pretexto de la Asamblea Constituyente para restringir aún más la libertad de expresión, para censurar las redes sociales y para criminalizar manifestaciones legítimas de disenso político”.

Preguntamos: ¿Si el odio existe de una persona hacia otra pero no se evidencia por conducta desplegada hacia el ofendido, pero puede ser puesta en evidencia por medio de los recursos de la  neurociencia, también podrá ser penalizado?

Continuemos en la búsqueda de opiniones, surge en este momento la del Jurista Román Duque corredor expuesta en reciente foro: “Los sentimientos, y hasta las pasiones, son manera de ser y de pensar, es decir,  personal, por lo que por su naturaleza,  las emociones son manifestaciones de la libertad. Por ello, también la diversidad es de su esencia y reglamentar las formas de expresarlas, es regular lo individual, y, yo diría, hasta la intimidad. Además, como lo personal no es cuantificable, no hay una definición general para cada emoción, para establecer medidas de excesos o de limitación.  Legislar sobre las emociones es controlar la libertad, para uniformar lo personal, lo individual y lo íntimo. Lo sentimental no son hechos, sino ideas, afectos o disentimientos, o también resentimientos y desilusiones, o expresiones de alegría o de tristeza o de disgusto, es decir, no son hechos sociales o materiales, que puedan ser objeto de normas jurídicas o de leyes. Quizás, lo moral sea un criterio para su valoración como bueno o malo o excesivo. Pero no es posible tener medidas del amor y del odio. Por tanto, lo juridificable de las emociones es la excepción, por lo que los llamados  “crímenes de odio”, más que regulaciones de emociones son de conductas que pueden medirse, por ciertos actos, que induzcan conductas intencionales contrarias a los valores  morales , sociales o las buenas costumbres. Así como no puede haber leyes del amor o de la felicidad, no puede haber leyes del odio. Cuando, por ejemplo, se habla de estas últimas leyes por los gobiernos o los políticos, de lo que se trata es de restringir la libertad, el pluralismo y la tolerancia, e imponer, conductas uniformes, es decir, son leyes contra la conciencia.  Por supuesto, que quien las propugne, o es ignorante, que si es legislador, es ya grave; o, si no es ignorante, porque sabe que esas leyes coartan la libertad, entonces, tales leyes son crímenes de conciencia, porque su fin es el uniformar las emociones o impedir las que no son las mismas, o de imponer las propias de quienes propugnan dichas leyes.

He aquí la opinión de otro experto el abogado penalista Jesús Loreto, “En el Código Penal, la instigación al odio está sancionada con prisión de hasta seis años, lo cual bastaría para castigar expresiones que promuevan crímenes de odio. Por otra parte, en el año 2005, en contra de la tendencia mundial y en beneficio de los poderosos, la Asamblea Nacional, para entonces presidida por Nicolás Maduro, insistió en sancionar con penas de hasta 30 meses de prisión, las palabras ofensivas e irrespetuosas proferidas contra el presidente de la república y demás funcionarios, así como los actos que irrespeten u ofenden su honor, reputación y decoro. En contraste, no existe en Venezuela norma semejante para proteger a los ciudadanos comunes de manifestaciones de odio proferidas por funcionarios en el ejercicio de sus atribuciones y abusando de los recursos del Estado. Somos los ciudadanos comunes los que necesitamos medidas tendientes a protegernos del odio, para lo cual bastaría que la Asamblea Nacional –no la Constituyente– en ejercicio de sus atribuciones constitucionales, reformara el Código Penal para incluir una agravante genérica de manera de aumentar la pena de cualquier delito cometido por motivaciones políticas, raciales, religiosas o de cualquier índole. Sería oportuno igualmente, agravar la pena de la instigación al odio motivada por la intolerancia política cometida por funcionarios contra miembros de la oposición”.

Conclusiones:

Sin duda que el odio es un sentimiento humano con origen multicausal y de consecuencias variables, encuentra diversos mecanismos de expresión, que van desde la burla, el escarnio público, la exclusión, hasta la agresión física y en grado extremo hasta el homicidio. Genera en quien lo padece ruptura del equilibrio homeostático de aparatos y sistemas que integran el organismo, repercutiendo además en la esfera psíquica.

El odio puede surgir de manera espontánea ante un hecho o circunstancia que desagrada, pero puede ser también inducido, producto de una estrategia derivada del manejo de masas con fines totalitarios, populistas o desencadenante de hechos bélicos, discriminatorios o de razzia. Citemos a Elías Pino Iturrieta: “…en épocas de paz como las que se han vivido desde 1958, apenas estorbadas por capítulos contados de violencia, jamás el odio se convirtió, como en la época presidida por Chávez, en palanca capaz de mover multitudes. Pero el odio es piedra que va y viene, cuchilla envenenada que se devuelve. Nadie lo monopoliza para que marche únicamente en la dirección proyectada por su fundador, para que solo destruya a un tipo único de individuos”

El agente inductor o provocador, una vez que se da cuenta que el odio puede ser bidireccional o recíproco y con ello ve afectados su afán de empoderamiento, recurre al camino de una ley que lo proteja, “Ley Contra el Odio”, pero que lleva una intención oculta: “odia a quien te dé la gana de odiar, menos a nosotros, esta ley será en contra de quienes nos odian, pero protectora de los nuestros que  odian a los que no están con nosotros”, ya lo decía Plutarco ““El odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás”, para rematar George Bernard Shaw:  “El odio es la venganza de un cobarde intimidado”. Una Ley contra el Odio como un instrumento en manos de un gobierno totalitario, no es más que otra arma para mantener al pueblo subyugado y convertido en botín, blanco fácil de sus tropelías, Nietzsche afirmaba que “Un político divide a la humanidad en dos clases: los instrumentos y los enemigos”. En consecuencia se requiere de una norma o ley para proteger a los ciudadanos comunes de manifestaciones de odio proferidas por funcionarios en el ejercicio de sus atribuciones y abusando de los recursos del Estado.

Es incuestionable que el proyecto de Ley Contra el Odio y la Intolerancia Política no tiene medidas a favor de un grupo político marginado, sino mecanismos para evitar que la élite política que detenta el poder enfrente expresiones de repudio, e impedir que esas manifestaciones de rechazo se difundan eficazmente. (Jesús Loreto)

“Vivimos momentos de alta tensión romántica, de grandes pasiones, conductas temerarias y gran producción simbólica. ¿Es éste el mejor momento para legislar sobre el tema?”, afirma y se pregunta Rojas Malpica

Mi epifonema: No puedes castigar al que enseñaste a odiar si no lo has enseñado a amar.

Valencia finales de agosto de 2017.

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Categorías:Prospectiva y Previsión

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