La numolatría (Dr Carlos Rojas Malpica – Dic 2007)

Resumen

El propósito de la presente comunicación es develar los significados del dinero y su recarga semántica en la cultura contemporánea. Se trata de un tema de indudable interés para el estudio de la Salud Mental (SM), porque el dinero ocupa un lugar constitutivo en la psiquis, y moviliza tantos comportamientos sociales, que su importancia no puede ser desestimada. La metodología para construir nuestra propuesta teórica deberá seguir la pista a las primeras relaciones de intercambio, desde el trueque de bienes en las sociedades más primitivas, hasta llegar al dinero como una de las primeras síntesis sociales de las sociedades mercantiles. Descubriendo las coberturas simbólicas del dinero, sus usos y valores en la vida cotidiana y en la organización social, llegamos a la conclusión, que la adoración al dinero, hoy por hoy, tiende a constituirse en una especie de religión laica muy poderosa que proponemos llamar NUMOLATRÍA.

Abstract

The intention of the present communication is reveler the meanings of the money and his recharges semantics in the contemporary culture. It is a question of a topic of undoubted interest for the study of the Mental Health (SM), because the money occupies a constitutive place in the psyche, and mobilizes so many social behaviors, that his importance cannot be misestimated. The methodology to construct our theoretical offer will have to follow the track to the first relations of exchange, from the barter of goods in the most primitive societies, up to coming to the money as one of the first social syntheses from the mercantile societies. Discovering the symbolic coverage’s of the money, his uses and valúes in the daily life and in the social organization, we come to the conclusión, which the adoration to the money, today per today, tends to constitute in a species of lay very powerful religión that we propose to be cali NUMOLATRÍA.

Filogénesis y ontogénesis de los intercambios

En el mundo animal la solidaridad existe, pero parece tener codificados sus límites en la genética. El comportamiento de algunas madres puede llegar hasta arriesgar su propia vida cuando sus crías corren riesgo ante el depredador, pero llegado el momento, las echarán del rebaño o del nido sin mucha contemplación. La descendencia deberá alimentarse y reproducirse a distancia, evitando constituirse en compe­tencia para sus progenitores. En la pantalla del Discovery Channel hemos presenciado como un león macho devora los cachorros de una leona viuda, con lo cual logra apresurarle el celo y hacerla su pareja, que al parecer se le entrega al caníbal sin remordimiento ninguno. Cuando el ave regresa al nido a alimentar a sus polluelos, estos se disputan con voracidad el contenido de la regurgitación, y no es imposible que alguno de los hermanos quede con el estómago vacío. En estudios realizados para comprender el altruismo en primates no hu­manos, Hamilton ha reconocido que este comportamiento puede observarse no sólo entre descendientes directos, como los hijos, sino entre aquellos que comparten una porción de los mismos genes, como los hermanos; pero al mismo tiempo, propuso que sólo puede evolucionar en la medida en que el costo para el donante sea menor al beneficio recibido por el pariente receptor, entendiendo en ambos casos, que costos y beneficios se miden en términos de su impacto sobre eventos reproductivos exitosos a través de la vida (1). Apenas se comienzan a explicar los intercambios en el mundo animal. Se sabe que para algunos primates dominantes resulta más económico repartir algunos frutos entre la manada, que reivindicar peleando su lugar jerárquico permanentemente, de tal manera que hacerse con un buen racimo de plátanos puede resultar un mecanismo eficaz de conservar el poder (2). Pero más allá de esos intercambios, también se registran comportamientos animales que lucen más próximos al mantenimiento del orden y la coherencia social. Las hembras de los monos velvet mantienen un vín­culo profundo y prolongado con sus progenitoras y con las otras hembras de su especie. Cuando tienen descendencia, la abuela colabora en la crianza de los cachorros, de tal manera que los estudios revelan una notable impronta en el tiem­po destinado por la madre al cuidado de los hijos cuando ella está presente. No sólo permite un ahorro de energía y menor estrés en la madre, sino que también las abuelas mantienen la continuidad en las relaciones sociales dentro y entre las familias matrilineales (1), todo lo cual apunta al esbozo de un orden simbólico que sólo alcanza su verdadera expresión en los grupos humanos. Los monos consumidores de fruta tienen un cerebro mayor y más especializado que los comedores de hierbas y pastos. Para comer frutas se necesita trepar a los árboles, reconocer los colores, sabores y aromas del fruto maduro, pero sobretodo, es necesario un proceso de colaboración social muy complejo, que incluso exige formas de comunicación específicas para el aconteci­miento fundamental de la alimentación (3). Charles Darwin afirmaba que cualquier animal, dotado con instintos sociales bien marcados, incluidos aquí los afectos paternales y filiales, adquirirá inevitablemente un sentido o consciencia moral, tan pronto como sus poderes intelectuales se hayan desarrollado tan bien o casi tan bien como lo están en el hombre (2). En todo caso, sentimientos morales humanos como la simpatía y la preocupación comunitaria ya aparecen esbozados en prima­tes no humanos y su papel luce bastante claro para mantener la cohesión social.

Aunque entre los antropólogos se ha asumido como buena la idea de que la prohibición del incesto es específi­camente humana, sería difícil aceptar que haya surgido de la nada, sin ningún esbozo previo en el comportamiento animal. En primates no humanos, la relación del padre con sus hijos parece variar en función de la relación que éste establezca con su pareja. Los gibones se organizan en pequeños grupos familiares, son monógamos, por lo que la certeza de paternidad es alta, y el padre proporciona cuida­dos prolongados a su prole; mientras que en los gorilas de montaña, que viven en grupos con múltiples parejas feme­ninas para uno o dos machos, donde hay uno dominante, y la certeza de la paternidad sólo puede ser moderada, los padres cuidan de los descendientes indistintamente y un gorila huérfano tiene altas probabilidades de sobrevivir con la afiliación y protección que le da al grupo. Por otra parte, entre los chimpancés, organizados en comunidades divididas en pequeños subgrupos, existen parejas “promiscuas”, en las que una hembra en celo puede cohabitar con varios machos, la conducta paternal suele estar ausente y es la hembra la que se encarga casi exclusivamente de los cuidados del re­cién nacido. No sería acertado explicar todas las relaciones entre machos adultos y recién nacidos y jóvenes a partir del constructo de la paternidad, pero tampoco puede ignorarse su importancia en la conformación de las relaciones y de la organización social (1). Cabe suponer que, de alguna ma­nera, las conductas anteriormente señaladas empalman con la prohibición del incesto, cuyos eslabones perdidos deben reconstruirse en la filogénesis y en la ontogénesis. Nos inte­resa esta disertación, porque, como veremos más adelante, a partir de esa prohibición se genera un intercambio entre los humanos, donde algunos autores ven subyacer la estructura libidinal del dinero (4). Después de todo, como supone Noam Chomsky, la moralidad adquirida por los niños debe guardar relación con alguna facultad innata inscrita en la naturaleza humana, para lo cual es indispensable contar con un mínimo de elementos de estos sistemas en otras especies sociales (2). Se llama incesto a una relación sexual sin coacción ni violación entre consanguíneos o parientes adultos, siendo los casos más explícitos, en la mayoría de las culturas, la relación entre madre e hijo, padre e hija, y hermano y hermana, aunque la prohibición puede extenderse hasta otros parentescos más lejanos, o incluso hasta el parentesco metafísico de los padrinos y madrinas con ahijados o ahijadas. Entre los faraones egipcios y la antigua nobleza hawaiana se permitía el matrimonio entre descendientes para conservar el linaje sagrado (5). El Inca Garcilaso de la Vega, también refiere que los Incas descendientes del Sol, se reprodujeron entre ambos hermanos Manco Capac y Mama Ocllo Huaco y que antes de morir el primero, le dejó dicho a su hijo Sinchi Roca, que contrajera matrimonio con su hermana Mama Cora (6). Por otra parte, ya Engels en 1891, refería estudios antropológicos donde se ponía en evidencia relaciones incestuosas toleradas en pueblos primitivos (7). La interdicción para el incesto ha recibido múltiples explicaciones. Morgan (1818-1881) la vio como una manera de proteger a la sociedad de los efectos nefastos de la consanguinidad, mientras que Durkheim (1858-1917), la entendió como la supervivencia de un conjunto de reglas que imponían la exogamia a las sociedades (5). Freud, en Tótem y Tabú, propuso que la prohibición del incesto debe su origen, no al horror que suscita, como pretenden algunos moralistas, sino al deseo que moviliza. A partir de allí, pro­puso el Complejo de Edipo, partiendo de la estructura de la tragedia griega de Sófocles, al que dio un valor universal en la conformación de la psiquis (8). Lévi-Strauss, por su parte, propone que la universalidad de la interdicción es la que explica las reglas del matrimonio y no al revés. De la misma manera rechaza la hipótesis freudiana, señalando que la prohibición del deseo por la madre y la pulsión parricida, corresponden más bien a las obsesiones del hombre moderno que no encuentran asidero en la investigación antropológica, considerando que no es más que un sueño simbólico, el cual no es el origen, sino la consecuencia de la prohibición (9). Pero lo más importante es señalar que Lévi-Strauss reconoce en el acontecimiento, un tránsito de la naturaleza a la cultura en el que las uniones sexuales se convierten en un sistema de significaciones muy próximo al lenguaje.

Si aceptamos como buena la hipótesis freudiana, hay que admitir junto a ella, que toda represión del deseo resulta un acontecimiento doloroso. La conciencia surge, precisa­mente, en el momento en que el deseo es desplazado de su objeto, para constituirse en símbolo o imagen mental, que en el caso del incesto, es sobretodo, símbolo de lo prohibido. En el primate no humano, el mensaje de que hay frutos disponibles, recluta un repertorio comportamental que se hace presente de inmediato, de la misma manera que la presencia del depredador da lugar a una respuesta ya inscrita en su cuerpo para escapar del peligro. Es en el instante en que el sujeto se libera de la inmediatez de sus reacciones que nace la palabra. En ese tiempo imperceptible, pero de tremenda importancia ontológica, nace la conciencia, pero también el inconsciente a donde va dar el deseo junto al mecanismo que lo esconde a la consciencia. De allí esta sentencia de Del Búfalo: El utensilio y la voz del animal están separados del instrumento y la palabra humanos por el dolor que causa la represión del deseo, el cual moldea la conducta de los cuerpos, haciéndola más adecuada para convertir los procesos orgánicos en componentes del trabajo social (10). En la medida en que el hombre comienza a realizarse como ser social, se diferencia de la naturaleza no socializada, aunque el territorio permanece orgánicamente unido a él (10). Del Búfalo propone, igualmente, que la prohibición del incesto es el momento genésico de la subjetividad que se organiza mediante un sistema fisico de señalización. Con la particularidad de que el deseo originario no puede ser la madre o la hermana, puesto que en el origen no hay personas, sino tan sólo flujos y cuerpos. Lo verdaderamente deseado es el flujo germinal intenso, que a su vez representa el deseo como tal (10). Es la partida de nacimiento del homo sapiens sobre la tierra que muy pronto hará suya. Por la interdicción recién creada una mujer queda prohibida al grupo organizado alrededor de la ley. Todos deben reprimirse su deseo por muy fuerte que este sea. Habrá que darle un nombre y crear un mecanismo para separarla de los demás. Esa mujer quedará cubierta por la represión y el deseo al mismo tiempo. De allí que porte un valor y una carga semántica especial que la distingue de su conjunto social. No puede, por lo tanto, ser entregada a un aspirante de otro grupo social a cambio de nada, sino que sólo podrá ser canjeada por un objeto de significación equivalente. Y es aquí donde algunos teóricos marxistas se han atrevido a afirmar que la mujer es la primera mercancía. La verdad, es que no siempre será “entregada”. Muchas serán las ocasiones en que será raptada, dando lugar a cruentas guerras tribales. Tanto la lógica de la guerra como la del intercambio mer­cantil esconden un oscuro fondo erótico. El mecanismo para su entrega comienza por un rito que mas tarde pasará a ser mito, muchas veces bajo la forma de un culto sacrificial. En todo ello no hay que olvidar que la conciencia crea formas simbólicas, que de acuerdo con Cassirer convierten el caos (la materia), en forma o gestalt a través del lenguaje, bien para relatar las historia o pensar filosóficamente el mundo a través del lenguaje discursivo; para expresar el misterio de la religión y el arte por el lenguaje mítico, o para construir una secuencia lógica en las matemáticas y la física, por el lenguaje científico (11).

En la antigua Grecia, la palabra obeloi designaba una varilla de metal con la que se pinchaba la carne en un asa­dor. Se supone que cada participante de un rito sacrificial lo utilizaba para asar el trozo que le correspondía. Ese trozo de comida mítica, denominaday5<?¿í«or, dio lugar a la misma palabra que tiempos más tarde se utilizara para designar los impuestos en dinero. Cada peíanos era repartido de acuerdo a la jerarquía del comensal reconocida por el sacerdote oficiante del rito. El animal sacrificado en el intercambio queda así investido con un valor sagrado, de la misma ma­nera que el objeto o la persona intercambiada. Son al mismo tiempo, según la terminología polinesia, tótem y tabú, con fuerza de maná para generar cohesión social. La entrega de la novia a cambio del animal sacrificial expresa la sujeción de la naturaleza y el deseo a la nueva ley social, que de ahora en adelante comenzará a regular sus diversas expresiones y a modelar los intercambios (4).

La palabra óbolo aún sobrevive para designar el dine­ro, mientras que dracma significa un puñado de abólas. Por supuesto, antes que el dinero, fue el trueque. Se dice que los mayas no tenían moneda, pero que usaban los granos de cacao y las cuentas de jade para sus intercambios, así como los huevos de tortuga, apreciados por su capacidad para enervar la virilidad, mientras que en América del Sur un hacha de piedra podía servir como dinero. Con toda seguridad el oro fue más apreciado por los conquistadores que por los mismos nativos, de lo contrario no hubiese sido tan fácil arrebatárselos. Recordemos de memoria un relato leído hace ya muchos años. Una antropóloga que visitaba la guajira venezolana, recibió esta interpelación de una nativa: ¿Cuánto pagaron por ti cuando te casaste? Nada, respondió la extranjera. No puedo creer que no valgas nada, le dijo sorprendida la mujer guajira. En la Melanesia del Pacífico Oriental existen dos tipos de dinero. El ndap, dinero para hombres, y el nko o dinero femenino, cada uno de los cuales tiene características y aplicaciones distintas para la adquisi­ción de lo diversos bienes de la comunidad (12, 13).

La numolatría

El Diccionario de la Real Academia Española nos informa que dinero es palabra derivada de denar us y que significa moneda corriente, mientras que moneda, también viene del latín mon tay sigmíica. pieza de oro, plata, cobre u otro metal, regularmente en forma de disco y acuñada con las distintivos elegidos por la entidad emisora para acreditar su legitimidad y valar (14). Como vemos, la definición apunta ala cosa, pero deja por fuera su significado. Menos conocida es la palabra numisma, derivada del latín numisma, y esta del griego p p , que también significa moneda, con la cual hemos construido el neologismo que intitula nuestra comunicación: numolatría o adoración del dinero.

El dinero aparece vinculado al misterio desde sus mis­mos orígenes. Herodoto afirmaba que fueron los lidios, un pueblo del Asia Menor, los que inventaron la moneda, la cual era hecha de oro fluvial y llevaba marcada la imagen de un león perteneciente al Templo de la Gran Madre Cibeles-Artemisa. A Cibeles se le asocia con la fuerza nutricia de las aguas y la naturaleza, pero también con las ciudades y todo su ornamento. Parece ser que los administradores y sacerdotes de los templos canjeaban las ofrendas de animales y vegetales de los creyentes por figuras votivas acuñadas en metal. En el intercambio llegaban a acumular grandes cantidades de monedas, lo que los animó a mayores negocios dinerarios progresivamente. Encontramos que el culto sacrificial se expresa en la moneda, como la imagen del puerco con el que se ofrendaba a Deméter, la vaca de Hera, las abejas de la Artemisa de Efeso, la tortuga marina de la Afrodita de Egina o el buho de Atenea en Atenas. Es muy probable que la secuencia histórica haya pasado desde el sacrificio humano hacia su simbolización en un animal (como el conocido chivo expiatorio), a lo cual hay que agregar altas probabilidades de un ritual caníbal mediando alguna ceremonia de expiación. Hay que señalar que cuando se come al animal sagrado, de alguna manera se ingiere también su esencia divina y lo mismo ocurre en el canibalismo, donde lo que se intenta es tomar las potencias que se admiran y temen en el otro (15). De allí que no sea de extrañar que se haya dicho que las monedas antiguas son sustitutos de una víctima (4).

En el mundo greco-latino la vinculación entre el dinero y las diosas como madres nutricias resulta evidente. Hera, hija de Cronos y de Rea, la Madre Tierra, también denominada Gea, tuvo un templo construido en Olimpia dos siglos antes que el de Zeus y favorecía las cosechas y la fertilidad de la tierra. Era una divinidad de los pelasgos, un pueblo de agricultores y pastores, cuyas deidades eran todas femeninas, y a quienes los griegos consideraban los primeros pobladores de sus tierras. Su animal sagrado era la vaca, ella misma era representada en esa forma, y en su templo se acuñaban vacas votivas. Como Hera Lakinia era la madre de los dioses. De la misma manera, en el Templo de Egina, se adoraba a la Afrodita Urania, y con su culto llegan a Europa las pesas y las medidas de valor. En tiempos más tardíos, se acuñaba dinero en el Templo Romano de Juno Moneta. Posiblemente su nombre signifique “consejera”, pero de allí derivan moneda, monnaie, money y münze. Como Juno Lucina es “la que alumbra al niño y ayuda a las parturientas”. Donde antes estuvo su Templo, hoy se encuentra la Iglesia de María Aracoeli (4). Sin embargo, no hay que olvidar que existe una afinidad etimológica entre Ploutos, Plutusy Plutón, dios de la riqueza, ni tampoco que Platón en El banquete pone en boca de Sócrates, que Eros no es un Dios ni un mortal, sino un daimón hijo de Poros (la abundancia) y de Penia (la pobreza) (16)

El origen de las ciudades fueron las necesidades huma­nas, decía Aristóteles, quien además distinguía entre activi­dad económica (oikonomikus) y crematística (chrematisike), entendiendo por la primera la correcta administración de los bienes y la segunda por algo muy parecido a la usura, a la que no duda en tachar de parásita (17,18). En la vida de la Grecia de esos tiempos, se distinguía entre ousia aphanera o sustancia visible como las mercancías y los bienes mate­riales, y ousia aphanés para referirse a la sustancia invisible o simbólica contenida en el dinero (13). Es por ello que se ha afirmado que el dinero es la gran síntesis social de las so­ciedades mercantiles (10), porque en las sociedades ágrafas, aún las de nuestros días, nadie precisa del dinero para vivir, e incluso se desconfía del mismo como forma de intercam­bio. Sin pasar por alto que también los primeros cristianos desconfiaban del dinero, aunque por otras razones morales, como San Agustín, quien hablaba de libido habendipecuniam para referirse al deseo pecaminoso de posesiones y dinero, y de libido dominandi, relacionada con la pasión por el poder. Diversas expresiones atribuidas a los primeros evangelistas, son el fundamento moral de la filosofía de San Agustín: “más fácil es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”, “de qué le servirá a un hombre el ganar el mundo entero si pierde su alma” (13). Se sabe que esos primeros apóstoles no podían llevar dinero consigo y que estaban comprometidos con la pobreza. A partir de esa concepción cristiana relacionada con el dinero, que entiende la codicia como un pecado capital, no tardarán en aparecer severos cuestionamientos a la vida que se organiza a su alrededor, que alcanzarán diversas expresiones literarias en los pensadores de la edad media y el renacimiento, de las que referiremos algunas a continuación.

He aquí la expresión irónica y un tanto descreída de Juan Ruiz o Arcipreste de Hita:

Mucho faz’ el dinero, mucho es de amar al torpe faze bueno e orne de prestar fase correr al coxo e al mundo fablar, el que non tiene manos, dineros quier’ tomar

Sy tovyeres dineros, avrás consolación,

plazer e alegría e del papa ración,

conprarás paraíso, ganarás salvación:

do son muchos dyneros, es mucha bendición (19)

Tomás Moro decía que en Utopía se amarraba a los presos con cadenas de oro, porque allí era objeto de burla y vergüenza la ostentación. A Karl Marx le resultó elocuente y válido el siguiente pasaje de Shakespeare en el “Timón de Atenas”, para sustentar su propuesta teórica:

(Acto cuarto, escena tercera)

¿Oro? ¿Oro precioso, amarillo, rutilante? No dioses,

no os pido eso: raíces, ¡limpios cielos;

Porque con él se tornan blanco el negro, el feo hermoso;

el malo bueno, el viejo joven, el cobarde valiente, el bajo

noble

¡Ay dioses; ¿Porqué esto? ¡Ay dioses; Porque esto os quita a sacerdotes y sirvientes y retira la almohada de la cabeza al fuerte.

Este esclavo amarillo

ata y desata religiones, bendice al maldito;

honra al cano leproso y al ladrón,

a quien da jerarquía, ante quien se hinca,

y le da un puesto en el senado; él es quien a la viuda

desahuciada brinda pretendientes

y la embalsama y vuelve abril

y disimula sus horribles llagas,

que harían vomitar a un hospital.

Sólo eres tierra maldita,

Vil ramera del género humano

Que siembras cizaña entre los pueblos

Tú, amable regicida, adorada cizaña

entre padres e hijos, que envileces

hasta el lecho más puro de Himeneo. Bravo dios de la

Novio eternamente joven, fresco, tierno y adorado:

fuego rojo que fundes la nieve consagrada

del regazo de Diana. Deidad visible

que íntimamente unes imposibles

y los haces besarse. Que hablas todas las lenguas

para todos los fines. Piedra de toque de los corazones.

Piensa que los hombres, tus esclavos, se rebelarán: que tu fuerza los hiciera a todos destrozarse y las fieras dominaran al mundo(4).

Tamaña crítica, proveniente nada menos que de la pluma de Shakespeare, no podía ser más demoledora. Por un lado lo identifica con una deidad visible capaz de cambiar en vulgar aquello que es sublime, así como de atar y desha­cer todos los lazos, mientras por el otro lado, lo asemeja a una ramera, alcahueta universal de hombres y pueblos. Si tanto poder se acumula en el dinero, ha de ser porque en su esencia se conjugan contenidos capaces de representar todas las posibilidades, desde los más nobles valores hasta las más grandes miserias del género humano, tal y como ocurre con la fuerza divina de los dioses. Con esta conocida ironía se expresó Quevedo: “poderoso caballero es Don dinero”.

Quién logró precisar el misterio escondido en el dinero fue Karl Marx en el Siglo XTX. Pero su análisis, sin perder de vista otros componentes, se centró sobretodo en lo eco­nómico. Conceptos como el de mercancía, valor de uso, valor de cambio, precio, trabajo asalariado y capital abundan en la literatura marxiana. Nos interesa resaltar que Marx afirmaba que en el dinero se hacía visible el “fetichismo de las mercancías”, porque el dinero es representante de todas las mercancías y al mismo tiempo es representado en todas ellas, por ello lo llamaba “el dios de las mercancías”. Afirmó también que “la lógica es el dinero del espíritu” pues, de alguna manera, fue forjador del pensamiento matemático. El plato estaba servido para su abordaje teórico. A partir del Siglo XVII surge en Inglaterra una nueva concepción del self basada en el dinero. La posesión de dinero y pro­piedades es un atributo esencial del sujeto, para lo cual será necesario desarrollar una cultura y una estructura jurídica que se corresponda con los nuevos valores. Teóricos como Hobbes, John Locke, David Hume y Adam Smith aportaron importantes insumos ideológicos para reproducir esa nueva cultura. España quedó rezagada de esa expresión cultural y con ella, la mayoría de sus colonias americanas, porque el temple español seguía viendo al mundo por la religión y otras virtudes, que no eran los del capitalismo naciente en Inglaterra, ni tampoco los de la Ilustración Francesa, que produjo la episteme fundante de la modernidad (Confianza en la razón, la ciencia, el progreso y Declaración Universal de los Derechos del Hombre) (13).

Todavía encontramos registros simbólicos de la di­námica cultual del dinero en las monedas y billetes que circulan en nuestros tiempos. En la España de Franco, el “duro” o moneda de cinco pesetas, llevaba inscrita la imagen del dictador con un escrito alrededor que decía “Caudillo de España por la Gracia de Dios” y en el billete del Dólar de nuestros tormentos, se lee “In God we trust”, que los norteamericanos parafrasean diciendo “in gold we trust”. En nuestros países, los símbolos sagrados han sido sustitui­dos por imágenes de héroes, a los que se admira en forma casi religiosa. Los nombres de nuestros signos monetarios reciben las más diversas denominaciones; algunas más o menos asépticas y universales como Peso, Austral o Escudo; otras revelan una intención histórica como el B olivar, Sucre, Colón e Inti; y aún hay otra más, como el Quetzal, que acusa hermosas resonancias.

Dinero y salud mental

Es curioso, pero en estos tiempos de neoliberalismo, globalización y consumismo, ni la Asociación Psiquiátrica de América Latina ni tampoco otras importantes agremiaciones de psiquiatras han hecho un esfuerzo importante para anali­zar los registros simbólicos de nuestros tiempos y su impacto en la Salud Mental. A lo mejor luce tan obvio que se toma por innecesario. Sin embargo, debemos tener presente que nuestras Organizaciones Científicas no se pueden permitir el autismo social de las que surgen en el Primer Mundo, sino que tienen obligaciones y compromisos sociales, científicos y morales con las poblaciones a las que prestamos servicio, y con nuestros mismos agremiados, de realizar un esfuerzo transdiciplinario y esclarecedor de nuestra realidad. Una vigilancia científica, epistemológica y ética se impone en la agenda de nuestras actividades, congresos y encuentros académicos de la más diversa índole.

En la segunda mitad del Siglo XX y lo que va de XXI, han surgido nuevas formas de dinero, como las tarjetas de crédito y el dinero virtual que han permitido la globalización del consumo. El excedente de producción industrial no podía ser absorbido por el tacaño pequeño-burgués, ahorrativo y calculador del Siglo XIX. Suena paradójico, pero había que trivializar el valor del dinero para facilitar la propensión al consumo. Debía ser desconyuntado de sus referencias sagradas. El ocio, el consumo suntuario, la recrea­ción y el carpe diem son rasgos sobresalientes de la cultura contemporánea. El recogimiento grave de los domingos de misa o de la “semana mayor”, gradualmente son sustituidos por la tarde ligera en el “shopping”, el fin de semana en la playa o un buen rato en el casino. Hay que hacer rentable el tiempo libre. Todo encuentro ha de hacerse en la lógica y los espacios del mercado. Llegado este momento, es bueno aclarar que no es nuestra intención demonizar al dinero. No hay forma mejor de realizar los intercambios y hasta ahora parece insustituible. Hay que acreditarle que le puso medida a ciertos valores que se tenían por incalculables, como el linaje, los títulos nobiliarios y otras gazmoñerías con las que se nutrían las sociedades de castas de nuestra vida colonial y ante eso, nada tenemos que objetar. Pero también le puso precio al amor, la relación médico-paciente y a la solidaridad humana, incluso a la vida misma, todo lo cual es muy grave, porque deja ver aspectos del ser humano y de la cultura que nos cuesta mucho aceptar, porque arrincona la ambición utópica a lugares diminutos del espíritu (¿Es el descreimiento un método de la posmodernidad?).

Seguimos sin revelar el significado del dinero, porque al mismo tiempo que contiene un grado extremo de abs­tracción, y puede resultar un símbolo sin contenido alguno, es capaz de condensar una carga simbólica mayúscula, de tal manera que puede portar desde la elemental angustia de supervivencia hasta ambiciones incalculables. El registro simbólico del dinero en el imaginario colectivo probable­mente contiene las tensiones históricas que hemos descrito en los párrafos de esta comunicación. Pero toda afirmación de esta naturaleza, ha de contar con el sujeto en su condición ecológica y bio-psico-social. Entendemos al sujeto, no como un ente pasivo, mero receptor de su entorno, sino en diálogo y tensiones permanentes con el mismo, desde una relación de autonomía/heteronomía que no permite una separación tajante sujeto/objeto, pero al mismo tiempo, en permanente autopoyesis, tal y como lo entiende el chileno Maturana. Por lo tanto no podemos dar con un significado mineralizado del dinero, ni en un sujeto particular ni en la sociedad en su conjunto. Para estudiarlo mejor sería interesante la realiza­ción de una investigación cualitativa etnográfica.

El significado del dinero puede ser explorado en situaciones político-económicas graves. En tiempos de in­flación extrema, el dinero queda despojado de toda su carga simbólica. No significa ni representa nada. El trabajador siente su salario envilecido y el comerciante teme no poder reponer sus inventarios con la paga recibida. El precio de las mercancías debe ser remarcado cada día y el salario ajustado cada mes. Los precios suben por el ascensor y los salarios por la escalera. La angustia por la supervivencia domina el día a día de la vida. Las caras largas de amargura en la casa y en la calle traen dificultades de todo orden y la desesperanza se instala en la vida cotidiana. Lacan tomó de Freud el tér­mino das ding (“la cosa”) para referirse a aquello que resulta innombrable por quedar por fuera del lenguaje. Confrontar “la cosa” produce horror, y en estos límites se coloca el dinero en tiempos de inflación. No se trata de cosificación filosófica, sino de despojamiento simbólico. En la recesión norteamericana de comienzos del Siglo XX, algunas personas arrojadas a la miseria por la quiebra o el desempleo, perdían toda esperanza de seguir viviendo y no fueron pocos los casos de suicidio documentados en esos tiempos. Se dice que Isaac Newton ganó y perdió mucho dinero en inversiones, por lo que terminó afirmando que podía calcular el movimiento de los cuerpos en el firmamento, pero no la locura de la gente. Y es que los economistas que tantos cálculos saben hacer, parece que ignoran los secretos simbólicos del dinero y por eso se equivocan tanto. López-Pedraza sugiere que hay más psicología en el oro vulgar de todos los días que en el mismí­simo oro de los alquimistas de la antigüedad. La denominada “pignoración” del dinero, se refiere a la aplicación del dinero, dependiendo de su fuente de procedencia, con lo cual la moneda pasa a representar el esfuerzo o significación que contiene y funciona como algo de valor específico, pero no general. Por ejemplo, en la familia trabajadora, los ingresos ordinarios, suelen administrarse con una orientación y efi­cacia distintas a los ingresos extraordinarios procedentes del azar o la casualidad. En los países puede ocurrir algo similar, destinando esos ingresos a fondos especiales de inversión, aunque también, y con no poca frecuencia, a la malversación y al despilfarro. Se dice que el trato comercial es preferible entre indiferentes afectivos, porque al tratar con alguien próximo, se verá el interés en su forma más cruda, lo cual afecta los lazos de otro orden y puede envilecer la relación (13). En los trastornos mentales el dinero aparece represen­tado en diversas estructuras clínicas. El delirio de ruina suele ser el tema de algunas Depresiones Psicóticas, mientras que en expansividad maniaca, el mismo enfermo que ayer se lamentaba de su miseria económica, hoy puede hacer gastos dispendiosos que efectivamente pueden arruinarlo. En los Delirios de Autometamorfosis de la Esquizofrenia, es más frecuente que el enfermo se sienta un personaje histórico como Napoleón, Jesucristo o Mahoma, que un acaudalado millonario, pues los esquizofrénicos parecen admirar más el poder y la gloria que el dinero. Sin embargo, existen delirios de filiación, donde los o las pacientes reivindican un linaje de alcurnia y desconocen su familia consanguínea auténtica. En las conductas anancásticas de coleccionismo de los enfermos obsesivos, y aún en la tacañería común de ciertas personas, los psicoanalistas ven una persistencia de los rasgos de la fase anal del desarrollo libidinal, especialmente en sus aspectos retentivos. Por otra parte, en algunas Aduc­ciones Sociales, como la Adicción al Trabajo, la Ludopatía y la Consumopatía Adictiva, la codicia es un componente fundamental para comprender el trastorno. Un aspecto que debe ser considerado, para estudiar el tema de las relaciones entre Salud Mental y Dinero, es el de la compra-venta de órganos para trasplantes. Fue muy conocida la venta de sangre en Haití para empresas norteamericanas, hasta que la epidemia de SIDA acabó con el próspero negocio. Parece haber un mercado de riñones a partir de donantes vivos en La India, Medio y Extremo Oriente, Norte de África, Europa del Este y en diversos países de América Latina. En la frontera mexicana con los Estados Unidos se admite que personas sin ningún vínculo familiar “donen” sus riñones a ciudadanos norteamericanos, en clínicas urológicas de la zona, que cada día lucen más prósperas; mientras que los japoneses resuelven las limitaciones impuestas por sus credos religiosos, viajando a Hong Kong, Filipinas y más recientemente, a la República Popular China, donde consiguen órganos de prisioneros ejecutados (20, 21,22). Afortunadamente la OMS, en su Asamblea del 13 de Mayo de 1991, ha tomado posición al respecto, proponiendo los siguientes principios rectores: “el cuerpo humano no puede, no debe ser objeto de ninguna transacción comercial” y “Se recomienda la prohibición de toda publicidad sobre la necesidad o la disponibilidad de órganos cuyo fin sea ofrecer o recabar un precio” (22). Quedan todavía muchas dudas en relación al problema de los vientres de alquiler y a la prostitución.

Ya para terminar, vale referir dos situaciones de valor antropológico y social. En fecha reciente, un periódico ve­nezolano se hizo eco de una noticia que recorrió el mundo. Un estudiante de matemáticas de Chicago, ateo confeso, sacó a subasta su alma por Internet. Recibió 41 ofertas, pero le adjudicó su alma a un ex-pastor protestante, quien pagó 504 dólares por ella, con la intención de salvar al estudiante de una condena eterna. Ambos se arreglaron en un acuerdo un tanto distinto al original, que no es muy relevante para nuestros propósitos (23). La situación genera un mar de preguntas que no pensamos hacer ni contestar. Lo dejamos consignado deliberadamente para promover cierta inquietud en el lector. La otra situación, es hipotética y la referiremos de inmediato. Los aborígenes de diversas regiones de América le rinden culto a la Madre Tierra. Antes de sembrar y recoger sus cosechas le dedican oraciones, cantos, danzas y hasta algunos sacrificios rituales. De alguna manera la siguen adorando en el maíz o la papa que les devuelve la Diosa. Podría ocurrir que la investigación científica demuestre que la verdadera voca­ción de esa tierra sea sembrar otro fruto, pero además con una tecnología completamente distinta a la tradicional aborigen. Lo resultados se medirían en rendimiento económico por hectárea sembrada. Bastaría con una siembra experimental esplendorosa al lado de la otra, elemental y rudimentaria. El dios dinero derrota entonces a la diosa milenaria. Se retorna entonces a un sistema de creencias formalmente racionales, que configuran una especie de religión laica que proponemos llamar NUMOLATRÍA.

Referencias bibliográficas

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  22. Orence Leonett Onelia. Tráfico de órganos: Paradigma Oculto del Transplante Renal. Mimeo. Doctorado en Ciencias Médicas. Área de Estudios de Postgrado. Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad de Carabobo. Valencia. Venezuela. 2006.
  23. Un ateo subastó su alma en la web para su salvación. El Nacional. Página B-21. Caracas: 10 de marzo de 2006.

Dr. Carlos Rojas Malpica

Profesor Titular del Departamento de Salud Mental Laboratorio de Ciencias Sociales Facultad de Ciencias de la Salud Universidad de Carabobo Valencia. Venezuela

E-mail: clanrojas@telcel.net.ve

invsalud@cucs.udg.mx

ISSN (Versión impresa): 1405-7980

MÉXICO

Investigación en Salud, diciembre, año/vol. IX, número 003

Universidad de Guadalajara

Guadalajara, México

pp. 198-204

 

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Categorías:Filosofía

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