La inflación del mes de agosto del 2009

Según información aparecida en el sitio internet del Banco Central de Venezuela[1], la inflación correspondiente al mes de agosto alcanzó 2,2%. Por octavo mes consecutivo la inflación se ubica en un nivel por debajo de lo esperado por los expertos y por encima de lo anticipado por el Gobierno. Para que la meta del Gobierno (26%) se alcance, la inflación mensual debería ubicarse en lo sucesivo en 2,16%, para que ocurra lo esperado por los expertos (más de 32,55 % en promedio) la inflación mensual debería sobrepasar el 3,46% en los meses sucesivos del año en curso. Debemos tener en cuenta que el Gobierno ajustó la meta esperada de la inflación en 11 puntos, desde 15 % a 26%, es de recordar que hasta el presente, durante los últimos 60 años los Gobiernos venezolanos jamás han alcanzado las metas propuestas. Podemos esperar que esta vez el gobierno pueda estar cerca de la meta ajustada, y que definitivamente los expertos, al no revisar sus pronósticos hacia abajo, tengan un mayor error de predicción.

En estos últimos dos meses nos parece que de una coyuntura predominantemente recesiva, se esté evolucionando hacia una coyuntura expansiva e inflacionaria derivada de un mayor gasto interno. Sin embargo, este impulso de demanda tiene poco efecto sobre la economía real por la severa restricción existente a nivel de aprovisionamiento de divisas a través de CADIVI, lo cual impide que un mayor gasto se acompañe de una mayor producción. De una situación donde la gente estaba comprando menos, ahora quiere gastar más y no encuentra lo que quiere, y lo que puede adquirir solo será posible pagando un precio más alto. Con sus variaciones, la inflación tiende a repuntar, es lo que se observa al comparar la serie del año 2007-08 con la serie 2008-09. La polarización política sigue impidiendo que el buen juicio sobre los acontecimientos se imponga a la hora de evaluar el entorno. En términos estratégicos, utilizando como criterio los hechos, las acciones gubernamentales tienen una mayor alineación que las de la oposición, a título de ejemplo, aún cuando en el seno del gobierno pueda haber desacuerdos, La Ley Orgánica de Educación fue promovida de manera integral por todas sus fuerzas, por el contrario, aún cuando la oposición toda esté en su contra, sus propuestas no son de consenso único, y a veces contradictorias, así unos se inclinaron por un abrogatorio y otros disintieron, no hay alineación.

Una vez más somos el país de peor desempeño en términos de estabilización dentro de América Latina, lo más próximo de nuestro caso son Honduras y Argentina. La inflación en Venezuela no tiene las consecuencias empobrecedoras de otros países, somos la excepción a la regla, y ello tiene su razón de ser en la naturaleza petrolera de la nación. En países pobres y no petroleros, en sus diversas escalas sociales, las posibilidades de reducción de gasto es prácticamente nula, de manera coloquial, otro latinoamericano frente a la inflación no tiene opción, debe reducir compras esenciales, el Venezolano puede emparejar su situación reduciendo la ingesta de licor, las compras de celulares de moda, y con algo de picardía rebuscarse y apropiarse de una renta sin esfuerzo y sin sacrificios fundamentales.

Dos eventos de fuerza contradictoria, por un lado la estabilización y recuperación de los precios del petróleo que tiende a reducir el riesgo soberano, y por otra parte, la inestabilidad política generada por la radicalización e intensificación de la propuesta política del Presidente Chávez, que conduce a mayor riesgo país, ambas dan como resultado un riesgo país menor que el de hace doce meses pero con tendencia al deterioro. No sería atrevido pensar que el país a pesar de la crisis financiera mundial disfruta todavía de la bonanza petrolera. Es difícil razonar en términos hipotéticos, pero no deja de tentar en qué estado estaría el país hoy, con una menor conflictividad interna y externa, y con una política industrial auténticamente venezolana, donde en lugar de propiciar la importación de vehículos, se incentivara su producción nacional, donde en lugar de lidiar con la creación costosa de complementariedades con Argentina, se consolidara la que existe con Colombia.

Si en medio de la crisis financiera las reservas internacionales, no se redujeron de manera sustancial y más bien se mantienen, se puede esperar un cambio en la política económica de Venezuela, el regreso al tradicional empuje de demanda a través del gasto. La percepción de una estabilización del mercado petrolero con leve tendencia de mejora de los precios y el recién descubrimiento de reservas gasíferas, facilita para el Gobierno el regreso de lo corriente en este país: la flexibilización de las finanzas, la aprobación y facilitación de divisas a través de CADIVI, la expansión para financiar el empleo. Los anuncios de nuevas medidas ratifican la repetitiva forma con que todos los Gobiernos desde hace 60 años desarrollan política pública: desplegar acciones de naturaleza coyuntural sin una aproximación de largo plazo. La política económica cortoplacista resulta bien efectiva para amortiguar y frenar la protesta social, la presión de los medios, la crítica opositora.

El nuevo escenario de gasto corrige la inflación hacia arriba, creemos que aún el nivel de precios no alcanzará el 30%.

Cuando sobreviene una onda expansiva, la de mayor liquidez de fin de año, aunada a la expectativa de gasto expansivo por parte del Gobierno, el aparato productivo donde la capacidad instalada apenas se utiliza en no más de 50% puede beneficiarse de una mayor absorción de los gastos fijos y, ese es el dilema, y es la alerta que se dispara: podríamos estar a las puertas de un repunte inflacionario, si el desmantelamiento industrial ha sido definitivo y el suministro de componente importado no se flexibiliza y se ejecuta a costo unitario de divisas medio de 3,5 Bs / dólar. Ya se nota un fenómeno propio de situaciones expansivas: el impulso de precios.

Creemos que la fuerte contención de la actividad de la Industria Automotriz Venezolana y sus sectores conexos (autopartistas) continuará, la flexibilización del otorgamiento de divisas por parte de CADIVI, llega tarde para lo que queda de año, ponerse al día con proveedores y recuperar su confianza y asegurar los despachos requiere un lapso superior a tres meses. El mercado de vehículos es donde mejor se refleja la distorsión que produce en el mercado los controles de precios o divisas: el precio de los vehículos nuevos es más bajo que el de los usados. Mientras las listas de espera para la adquisición de un automóvil nuevo crecen y el ciclo de espera en promedio se extiende a más de siete meses, los negocios de vehículos de segunda mano lucen abarrotados. Es por ello que hemos opinado que la inflación es relevada por la escasez. El mercado automotriz es un buen revelador de lo que acontece en el país, un vehículo es en Venezuela, al mismo tiempo, status, refugio de valor y una necesidad básica.

Otro tema importante es el de la construcción de soluciones habitacionales. La falta de conducción estratégica política, sobre todo a nivel de clase media, dio lugar a la desaparición del esquema del ajuste por IPC, y de planes flexibles para la adquisición de vivienda. La consecuencia, de tratar de resolver un problema sin comprenderlo, ha sido la de dejar fuera del mercado a una gran proporción de la clase media. El ciclo de fabricación de viviendas requiere mínimo 24 meses, si la inflación por año se ubica en 20 %, el impacto anualizado de costos para el período es de 44%, con esa incertidumbre cómo se proponen precios para el bien final, sin error de predicción, cómo evitar pérdidas o ganancias extraordinarias. La consecuencia: el esquema de venta prácticamente es de contado: 40-60% de inicial y 60%-40% al final. De esta manera un apartamento de unos 80 metros cuadrados cuyo valor es Bs 428.000, requiere una inicial de Bs 256.800 distribuida en 24 meses a la razón de Bs. 21.400 y al final disponer de Bs 171.200 para el cierre de la operación, una transacción prácticamente de contado accesible sólo para quien posea ingresos sobre Bs 71.333 mensuales (si no posee ahorros equivalente a la inicial), y si la posee requeriría Bs 14.732 mensuales.

Se nota gráficamente la validez de nuestra hipótesis sobre la estabilización del mercado petrolero y la flexibilización cambiaria, con alzas y bajas, pero últimamente con tendencia a la estabilización del valor del bono soberano entre 5 $ y 6 $, insinúa que el momento de impacto de la crisis financiera ya pasó, en términos sísmicos pareciera que lo que resta son réplicas del movimiento mayor. El dilema es si le expansión del gasto y las medidas de flexibilización pueden incentivar al aparato productivo, dudamos pues ningún gobierno de la cuarta, ni de esta república, se ha preocupado alguna vez por el mediano y largo plazo, por la formulación de una verdadera estrategia de impulso del sector industrial, ni del sector servicios.

Enlace:

Reporte

http://www.franciscocontreras.com.ve/Reporte0909/Octavo_reporte_inf_Ago_09.pdf

Francisco J Contreras M

http://www.franciscojcontrerasm.blogspot.com

Inicio

acad@franciscocontreras.com.ve

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[1] http://www.bcv.org.ve/excel/4_5_7.xls?id=410

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Categorías:Análisis de Entorno, Economía, Política

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