Sobre la moral, los procesos políticos y la corrupción en Venezuela

SOBRE LA MORAL, LOS PROCESOS POLÍTICOS Y LA CORRUPCIÓN

Me he animado a escribir estas notas para compartir con Ustedes algunas inquietudes sobre los temas referidos en el encabezado.

Toca la moral pues es cultura en Venezuela recurrir al uso de recursos de instituciones públicas y de la Nación (donde no existe reglamentación y se califica la discrecionalidad del funcionario) con fines de financiamiento político electoral. Se recurre a dos argumentos, el primero, es que hay que hacerlo pues, ni individualmente, ni grupalmente, resulta posible financiar campañas y los resultados hoy en día dependen de la capacidad mediática de movilización; el segundo, es que el fin justifica los medios. Son errores, si uno de los propósitos fundamentales de la lucha política es la transparencia, esto va en sentido contrario, si otro de los propósitos es el rescate de la institucionalidad como antesala de igualación de oportunidades y justicia para las minorías, mucho menos.

Una búsqueda de mejora democrática y bienestar para Venezuela depende del rescate del Estado de Derecho, la tolerancia y el respeto. Un modelo de vida que privilegia el uso de recursos de las instituciones cuya misión es otra bien diferente a la política puede y muy probablemente estimule la corrupción. Lo oculto, lo que no se sabe qué es y que en silencio cómplice todos ignoramos puede ser letalmente peligroso para construir una Comunidad, una Alcaldía, una Universidad, un País diferente y mejor.

El rezago del discurso académico en lo económico ha conducido a la creencia de que el mercado, tanto político, como el económico, sólo existe bajo el capitalismo, no en el socialismo. Otro error, crasa equivocación, en realidad el mercado sobrevive en ambas propuestas, lo peor es que bajo el socialismo del siglo XXI, al negarlo y enmascararlo, los males del mismo se multiplican en perversidad, donde no hay reglas, en lo oculto se vale todo y la vida no vale nada. Existen propuestas exitosas del socialismo y del capitalismo, la regularidad en sus logros ha sido el reconocimiento de la existencia del mercado y la formulación y ejecución de políticas públicas orientadas a subsanar los fallos de ese mercado, y la firme disposición para crear espacios para la discusión sobre el contenido moral de las propuestas, de la elevación del espíritu humano.

Cuando una visión política se asienta en la justicia, en el empoderamiento de los más desfavorecidos, en búsqueda de un mundo mejor, se tiene que buscar formas creativas de hacer política diferente a la del “stablishment”.

Durante la marcha de la sal, parafraseando a Wiston Churchill: “Gandhi, ese faquir sedicioso que sube medio desnudo las escaleras del palacio del virrey” dio una visión a su pueblo que permitió a una Nación enfrentar con éxito al más grande imperio de la época.

No quisiera con ello alimentar una opción igual pues las historias no se repiten y tal vez el daño existencial que sufre el país, mayor que el económico o social, lo impida, pero amigo, chavista, de la oposición, ateo o creyente, nuestro chance en el mundo de las ideas depende de otras cosas, bien diferentes a los recursos materiales, a la campaña mediática, al uso indebido (a lo mejor justificado) de recursos con fines políticos. En el mundo de las ideas (los constructos, de las teorías) las balas no nos sirven, la violencia tampoco, pero si el diálogo y el necesario debate. Es imperioso abrir las compuertas más allá de las imposiciones políticas, más allá de los impedimentos de la doble moral, es conveniente reflexionar sobre lo espiritual: el ser humano en búsqueda del sentido puede transformar la existencia en un mundo mejor.

No sólo aplica el doble argumento del uso de fondos públicos y del fin justifica los medios en procesos electorales, es que sin darnos cuenta invade todas las dimensiones de la vida, en lo académico, en la vida pública, en la esfera de los negocios. Nos estamos convirtiendo en un pueblo de testaferros, de legitimadores de actos fuera de ley. La codicia, los apegos y otras carencias son la razón profunda de algo para lo cual se superponen toda clase de argumentos, de atajos para justificar lo mal habido.

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Categorías:Política

1 respuesta

  1. Es lo corriente en Venezuela, lamntablemente esta práctica está en aumento

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